Historias

Ariadna, la modelo que emocionó al desfilar con el vestido de novia que su abuela usó hace 60 años

El vestido de novia de Lidia Azcurra, que data de 1966, fue protagonista en la Expo Bodas y Fiestas al ser lucido por su nieta Ariadna Di María, emocionando a la familia

Editado por Cecilia Corradetti
corradetticecilia@gmail.com

Sentada en la primera fila del público que se había reunido el sábado en el Espacio Arizu para disfrutar de la Expo Bodas y Fiestas 2026, Lidia “Chiquita” Azcurra, de 81 años, intentaba contener la emoción. No podía. Mientras las modelos comenzaban a desfilar por la pasarela, entre vestidos de novia actuales y otros que recuperaban distintas épocas, una joven de 19 años apareció con una sonrisa espléndida, un rodete precioso, y un tul elegante. Era Ariadna Di María, su nieta.

Y el vestido que llevaba puesto era el mismo que Chiquita había usado el 16 de abril de 1966, cuando se casó con Ramón Di María en la Iglesia La Candelaria, de Maipú.

Sesenta años después, aquel vestido de novia volvía a caminar frente a un público. Esta vez no lo llevaba Chiquita, sino la hija de uno de sus cinco hijos, José Di María. Y había algo todavía más sorprendente: Ariadna se lo probó y no hubo que hacerle absolutamente nada. Ni un ajuste, ni una puntada. Le quedó perfecto, como si hubiera sido hecho para ella. Chiquita lloró de alegría.

Ariadna Di María desfiló con el vestido que su abuela Chiquita había usado el 16 de abril de 1966, cuando se casó con Ramón Di María en la Iglesia La Candelaria de Maipú.

“Sentí tanta emoción al ver a Ari desfilar con mi vestido. Me hizo volver a 1966, que fue cuando me casé. No se puede explicar el orgullo de ver a mi nieta con mi vestido. Fue una cosa muy emocionante, que no tiene palabras. Me cuesta explicarlo. No puedo casi hablar”, alcanzó a decir después del desfile, todavía conmovida.

El vestido de novia parecía hecho a su medida

Y enseguida volvió sobre el detalle que todavía no podía creer. “Pensar que el vestido le fue pintado. No hubo que hacerle nada”.

La escena había empezado mucho antes de que Ariadna subiera a la pasarela. Había comenzado seis décadas atrás, cuando Chiquita era muy joven y se preparaba para su boda. Había comenzado con las idas y vueltas de aquellos días, los padres, los hermanos, los preparativos y los nervios propios de una novia que esperaba uno de los momentos más importantes de su vida.

Nerviosa”, recuerda Chiquita. Pero también con alegría y entusiasmo.

Contempla el álbum de su boda y vuelve a recorrer aquellas fotografías. También conserva los recuerdos materiales de aquel día: la corona, los guantes y hasta las facturas de la compra de la sedería. Todo permaneció guardado durante décadas.

El vestido, por supuesto, también.

Ariadna Di María y Chiquita, su abuela. La nieta, con 19 años, lució en la pasarela el vestido que su abuela usó a los 20, cuando se casó.

La historia es artesanal. Una tía de Chiquita trabajaba con un modisto famoso del centro y fue quien diseñó el modelo sobre un papel. A ella le gustó y entonces comenzó el trabajo. Su mamá fue quien bordó el vestido y, entre las dos, fueron dándole forma hasta terminarlo, ayudadas por aquel modisto de la época.

Ahora, mientras mira la corona y recuerda cada detalle, Chiquita también vuelve mentalmente a aquel 16 de abril de 1966.

Se casó con Ramón Di María en la Iglesia La Candelaria de Maipú. Después de la ceremonia, la celebración fue en el Club Deportivo Maipú. Pero hay una imagen que permanece especialmente viva. “En la iglesia me emocioné mucho al ver tanta gente a los costados, los bancos llenos de gente esperándome. Vi a mi esposo esperándome en el altar y no lo podía creer”, recuerda.

El día más feliz en la vida de "Chiquita"

Fue, dice sin dudarlo, el día más feliz de su vida.

Con Ramón formó una familia. Tuvieron cinco hijos: Adriana, José, Gabriela, Claudio y Gerardo.

José es el papá de Ariadna.

La familia creció y llegaron nueve nietos: Sebastián, Luciano, Florencia, Leandro, Theo, Román, Guillermina y Vicente, además de Ariadna.

Lidia Azcurra, "Chiquita", junto a su padre el 16 de abril de 1966 en la iglesia La Candelaria de Maipú.

La presencia familiar marcó el pulso del desfile organizado por Amelié, la Fundación Grupo América y Studio Mannequin: Adriana y Gabriela, hijas de Chiquita, dijeron presente junto a Leandro y Florencia, quienes acompañaron con orgullo a su abuela y a su prima.

Aquel desfile de vestidos de novia trascendió la pasarela para convertirse en una escena íntima y memorable.

Porque Ariadna no es una modelo más.

A sus 19 años, mientras cursa el traductorado de inglés en la UNCuyo, lleva dos años abriéndose camino en las pasarelas. En marzo de este año dio un salto clave: viajó a Londres para formarse en el Vogue College of Fashion. Allí compartió aulas con estudiantes de todo el mundo en un programa intensivo enfocado en el negocio de la moda, diseñado para comprender cómo funciona la industria, las estrategias de marketing y relaciones públicas, así como el impacto de la innovación digital en el mercado.

Cuenta con un recorrido en diversos desfiles. De hecho, en 2025 ya había participado en Expo Bodas y Fiestas, aunque en aquella ocasión luciendo las creaciones de Alejandro Ferraro, de la mano de Studio Mannequin.

Pero en esta edición el desafío era diferente: iba a tener que lucir el vestido de su abuela paterna. Lo hizo con amor, elegancia y profesionalismo.

"Llevar el vestido de mi abuela después de tantos años fue un honor inmenso. Vivir esa experiencia sobre la pasarela me emocionó profundamente, y solo espero que ella se haya visto reflejada en mí", cuenta Ariadna.

Y agrega: “Fue gracias a mi papá José que me acercó todo lo que mi abuela tenía guardado: los guantes, la coronita y hasta los recibos de la compra de la tela. Le agradezco haber puesto todo a disposición”, señala.

La reconstrucción del peinado y el maquillaje de 1966

No solo se recuperó el vestido. También se reconstruyó la imagen de aquella novia de los años 60.

Ariadna fue maquillada por Lucía Guiñez y peinada por Noelia de la Cuesta al estilo de su abuela. Una sola foto en blanco y negro sirvió como referencia para replicar el look: rodete, cola de tul, corona y guantes ayudaron a completar la escena. Y con esta experiencia tanto Lucía como Noelia obtuvieron su certificación de la academia Amelié.

Una especie de hilo rojo que hizo derramar más de una lágrima a quienes presenciaban el momento.

No solo se recuperó el vestido para el desfile. También quisieron reconstruir la imagen de aquella novia de 1966.

Por un momento, la pasarela de la Expo Bodas y Fiestas pareció convertirse en una fotografía familiar que había cobrado vida.

La historia tuvo, además, esa coincidencia que terminó de hacerla extraordinaria. “Cuando fui a la casa de mi abuela a probarme el vestido no podíamos creerlo. Ella, hace 60 años, era físicamente igual que yo”, cuenta Ariadna.

Chiquita también lo confirma. El vestido, después de seis décadas, seguía esperando a alguien que pudiera volver a usarlo. Y esa persona terminó siendo una de sus propias nietas.

Para que llegara en condiciones al desfile hubo un trabajo previo de recuperación y blanqueo. El paso de los años no había borrado su historia, pero sí había obligado a ponerlo nuevamente en condiciones. Después de ese proceso llegó el momento de la prueba.

Y no hizo falta tocarlo.

El vestido que acompañó a una abuela mendocina rumbo al altar

La misma prenda que había acompañado a Chiquita cuando caminó hacia el altar terminó acompañando a Ariadna cuando comenzó a caminar por la pasarela.

Chiquita mira todo con nostalgia y se pregunta: “60 años, ¿mucho o poco?”. Suspira.

Para que el vestido llegara en condiciones al desfile hubo un trabajo previo de recuperación y blanqueo.

Quizás no exista una respuesta para eso. En su álbum están las fotografías de aquel 1966. En sus manos, los recuerdos de una corona, unos guantes y una factura. En su memoria la imagen de Ramón esperándola en el altar, los bancos llenos y aquella sensación de que todo lo que había imaginado finalmente estaba ocurriendo.

Y ahora tiene una escena nueva para guardar. Su nieta, con 19 años, caminando con aquel mismo vestido.

Ariadna disfruta del modelaje porque le permite contar una historia, la de los diseñadores y de la vestimenta.

Lidia Azcurra, el día de su boda, abril de 1966.

"Para mí, modelar es contar una historia. A través del diseño y de cada prenda hay un mensaje, y lo que nos piden en cada pasada es puro arte; eso intento transmitir en cada paso", señala Ariadna.

Sin embargo, esta historia ya la había trazado Chiquita sesenta años antes, hilvanada junto a su mamá y su tía entre telas y recuerdos. El círculo se cerró sobre la pasarela, cuando Ariadna apareció en escena y la emoción se hizo unánime.

En pocas palabras

  • El vestido: El vestido de novia de Lidia Azcurra, usado en 1966, fue desfilado por su nieta Ariadna Di María en la Expo Bodas y Fiestas.
  • La coincidencia: El vestido le quedó perfecto a Ariadna sin necesidad de ningún ajuste, calcando la silueta de su abuela.
  • Emoción familiar: El emotivo momento reunió a varias generaciones, destacando la conexión a través del histórico vestido.
Resumen generado por Thinkindot AI

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