El turismo dentro del país es una de las opciones favoritas de los argentinos para disfrutar de escapadas cortas. Ciudades como Buenos Aires suelen encabezar la lista de destinos populares. No obstante, hay un pequeño pueblo que se convierte en el epicentro de los amantes de los alfajores artesanales, atrayendo a multitudes.
La Fiesta del Alfajor Artesanal, que tiene lugar anualmente, transforma este tranquilo pueblo en las afueras de Buenos Aires en un vibrante punto de encuentro. Durante un día, esta localidad pasa de ser un apacible poblado a recibir a cientos de visitantes que se deleitan con su oferta y se marchan encantados.
El pueblo para comer alfajores artesanales
En la provincia de Buenos Aires, se encuentra Rawson, un encantador pueblo de apenas 2.100 habitantes. Este lugar, con su aire de ensueño, se ha convertido en un tesoro escondido para quienes buscan escapar del ajetreo de la gran ciudad y sumergirse en una experiencia llena de sabores, con alfajores artesanales a la cabeza.
Rawson está situado en el partido de Chacabuco, a unos 160 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Este pequeño pueblo parece detenido en el tiempo, ofreciendo un viaje al pasado que se combina con la pasión por la gastronomía de quienes son amantes de lo dulce. Sin duda, la sola idea ya despierta el apetito.
El principal atractivo de este rincón bonaerense es la Fiesta del Alfajor Artesanal, que suele celebrarse a mediados de septiembre. Este evento reúne una amplia variedad de delicias gastronómicas dulces, con estos productos típicos de la región encabezando todo. Además, el festival incluye shows musicales con artistas locales, que animan la jornada.
Como es tradición en Argentina, la fiesta no solo se centra en la comida, sino que también abre espacio para actividades rurales, puestos de artesanías y otros atractivos como la presencia de reconocidos chefs que convocan a miles de turistas cada año. Más allá del festival, el pueblo de Rawson invita a descubrir su patrimonio, con casonas de arquitectura colonial que albergan a sus pocos habitantes y calles que transmiten una serenidad única.



