El caso de Mariano Pascual Necochea es uno de los mejores que he leído. Justamente este sábado es la fecha de su nacimiento y por eso vale recordar su historia. Hombre de valor, si los hubo, pero también con dueño de una faceta que no todos recuerdan. Galante y apuesto, supo granjearse el amor de varias mujeres. Y esto, según se mire, también es un mérito.
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Mariano nació en Buenos Aires el 7 de septiembre de 1792, hijo del navarro Casimiro Francisco Necochea y la criolla María Mercedes Sarasa, una de las familias acomodadas del Río de la Plata.
Casimiro murió en 1801 y su viuda se volvió a casar 5 años después con José María del Pino, hijo de Joaquín del Pino Sánchez de Rozas Romero y Negrete, antepenúltimo virrey del Río de la Plata.
El joven fue mandado a estudiar a España y volvió en 1809, con 17 años, influido por las luchas españolas contra los invasores franceses.
Mariano Pascual Necochea se incorporó a las luchas emancipadoras y en 1812 se convirtió en alférez del Regimiento de Granaderos a Caballo, que organizaba José de San Martín.
Un año después participó de la batalla de San Lorenzo y su comportamiento fue tan destacado, que fue elevado a capitán, con apenas 20 años.
En 1814 San Martín fue enviado al norte y tomó el mando del ejército patriota y Necochea fue con él. Allí fue cuando, además de su fama de bravo guerrero, comenzó a ganarse la de hombre galante y gran seductor.
Su primera amante fue la esposa del general español Pedro de Olañeta, Josefa Raimunda Marquiegui Iriarte. Mientras su marido combatía en el Alto Perú contra los rebeldes, Josefa de Olañeta tuvo un ardoroso romance con Necochea.
Según Alejandro Vicente López y Planes, la mujer aprovechaba sus encantos para seducir a los oficiales criollos y obtener información útil para los realistas. Pero con Necochea su estrategia no funcionó y se enamoró de el capitán patriota que, después de un tiempo, la abandonó sin más.
Al tiempo se casó, en Potosí, con María Dolores del Puente y tuvo a su única hija, Benjamina. Pero las constantes ausencias de Necochea por la campaña libertadora, hicieron que el matrimonio fracasara rápidamente y, al poco tiempo, Necochea ya estaba enredado con la mujer de otro jefe de las tropas españolas, reforzando el gusto que tenía por vencer a los generales españoles en el campo de batalla y también en el lecho.
El 19 de febrero de 1815, Necochea fue uno de los pocos que logró escapar en la derrota de la Batalla del Tejar. Cuando ya los realistas se dedicaban a matar o a tomar prisioneros a los integrantes de las fuerzas de vanguardia del Ejército del Norte, el bravo soldado logró montar en pelo un caballo y, sable en mano, se abrió paso entre los españoles y escapó de allí.
Cuando San Martín comenzó a armar el Ejército de los Andes, en Mendoza, nombró a Necochea jefe del 5º Escuadrón de Granaderos, destinado a ser su escolta.
A principios de 1817 fue el primero con su escuadrón en cruzar a tierra chilena y tuvo una decisiva actuación en la batalla de Chacabuco, cargando desde la montaña contra los españoles que amenazaban las filas de Bernardo O'Higgins.
Derrotadas, las tropas realistas escaparon hacia Valparaíso, con la intención de embarcar en su puerto, dejando abandonado el territorio, incluida la ciudad de Santiago, que quedó sin autoridades y sin cuidado. Esto generó una ola de saqueos y desmanes y San Martín le ordenó a Necochea poner orden y que persiguiera a los que se habían fugados.
Mientras el bravo patriota cumplía esas órdenes, sucedió un hecho inesperado. Necochea se había separado de su tropa y marchaba en persecución de los derrotados, en una huella olvidada. Por allí divisó un carruaje, que iba escapando rumbo a la costa.
Mientras Necochea lo perseguía a todo galope, apareció una banda de salteadores que atacó el coche, mientras Necochea se iba acercando. En una rápida secuencia los ladrones detuvieron el carruaje, bajó un oficial español para enfrentarlos y lo mataron. Una joven hermosa bajó del coche y se arrojó sobre el cuerpo del oficial muerto. Entonces Necochea, se abalanzó sobre los malandras y los mató a todos.
La dama, fascinada y agradecida por la acción del valiente, le contó que el muerto era el edecán de su marido, el famoso coronel español Antonio Morgado. Ella era Josefa “Pepita” Sagra Morgado.
Necochea llevó a la joven de regreso a Santiago y se hicieron amantes.
Morgado, que era uno de los que habían huido a Valparaiso, se enteró de lo ocurrido y decidió regresar y entrar solo a Santiago. No está muy claro que ocurrió, pero se supone que hubo un encuentro entre el marido y el amante y una batida a duelo ya que, un día, el general San Martín descubrió que su hombre estaba herido en una mano, por un disparo. Esa herida le impediría a Necochea participar en la batalla de Maipú, el 5 de abril de 1818.
En esa batalla fue capturado el coronel Morgado, que terminó preso en San Luis, tiempo después quiso escapar y terminó muerto. Ya viuda, Pepita Sagra se entregó abiertamente a los brazos de Necochea.
En Santiago el amor de Pepita hacia Mariano fue famoso y ella se encargaba de demostrarlo. Entre las anécdotas más mentadas, está la siguiente: Pepita se enteró que Necochea extrañaba a su hija Benjamina. Sin decirle nada a su hombre, la mujer cruzó los Andes, viajó a Buenos Aires, raptó a la niña y la llevó con su padre. Después de la alegría del encuentro y de algunos días juntos, el soldado patriota pensó que la madre de la niña estaría desesperada en Buenos Aires. Fue así que Pepita nuevamente decidió cruzar la cordillera y regresar a la niña, para después volver nuevamente a Chile con su valiente.
En 1821 Necochea se embarcó en la fragata Consecuencia, que tiempo antes había sido capturada por Hipólito Bouchard e incorporada a la flota patriota. Viajó a Perú y batalló en Pisco y en las sierras e ingresó triunfante a Lima, siendo la primera tropa libertaria que ingresó a tierra limeña.
Después, a pesar de la tristeza que la decisión le produjo al general San Martín, Necochea se retiró del Ejército con el grado de generar de brigada y se radicó en Trujillo, para vivir en paz con Pepita Sagra.
Pero la sangre guerrera fue más fuerte y al tiempo regresó a Lima y se incorporó al ejército de Simón Bolívar. En 1824 participó de la de Junín, que fue el año de la derrota final de los realistas. Necochea tuvo una decisiva y destacadísima participación en esa batalla e, incluso, su actuación es reconocida por la historia como determinante para la victoria.
Pero Necochea resultó gravemente herido en la contienda. Recibió 11 heridas de lanza, y lo trasladaron casi muerto a Tarma.
Los médicos que atendieron al patriota, recomendaron que sus heridas fueran limpiadas a través de succiones con la boca, para tratar de mantenerlas limpias y evitar infecciones. Entonces una dama española se ofreció a realizar la tarea y cuidar al héroe. Pero al tiempo llegó Pepita Sagra y se encargó de su atención. La convalecencia fue larga y penosa, per se recuperó.
Mariano Necochea no quiso mezclarse en las luchas políticas internas de las tierras liberadas, pero en 1826 se ofreció para combatir en la guerra con Brasil. Pero Rivadavia vio en Necochea un potencial enemigo político y decidió darle solo una tropa de reserva, formada por voluntarios. Necochea aceptó, pese a que podría haber considerado humillante esa tarea y al tiempo regresó a Lima, donde era admirado y venerado y se quedó allí para siempre, viviendo con Pepita Sagra.
Murió el 5 abril de 1849, a los 57 años. Sus restos reposan en Lima, en la Iglesia de San Carlos. En 1949, al cumplirse el centenario de su muerte, el presidente Perón pidió el traslado de sus restos a Buenos Aires, pero desde Perú argumentaron que Necochea había vivido más tiempo en esa patria que en la Argentina, que se había transformado en ciudadano peruano por propia decisión, que el pueblo peruano lo amaba y que era mariscal de sus ejércitos, por lo que no aceptó el pedido.


