Historias de vida

Andrés es bombero voluntario, asistió a Coti y su familia en un incendio y ese día nació el amor

Constanza Martini (29) y Andrés Amorós (30) se enamoraron tras un incendio que sufrió la familia de ella y él fue al rescate. Con el tiempo la novia también ingresó a la carrera para combatir el fuego y ahora se casan.

Cualquier lugar puede prestarse para una historia de amor. Y en el caso de Andrés y "Coti", el incendio de una casa fue la dramática situación que los reencontró para enamorarse.

Él, Andrés Amorós (30), es bombero. Acudió al socorro de una familia atrapada por las llamas en su vivienda. Mientras realizaba su trabajo para apagar el fuego vio en la escena a una chica que había conocido en la secundaria. Ella es Constanza “Coti” Martini (29), kinesióloga, y efectivamente se habían conocido cuatro años antes en la casa donde vivía su hermana.

Ese contexto de angustia y desesperación dio lugar para una historia de amor que tiene otros condimentos. Por ejemplo, Andrés le transmitió su pasión y al tiempo “Coti” también se hizo bombera voluntaria.

No se consideran una rara avis en el ambiente ya que –nos cuentan aquí- es común ver parejas de bomberos, hermanos bomberos o padres e hijos bomberos.

A casi una década de aquel episodio, esta pareja que brinda sus servicios en el cuartel de bomberos de Maipú se casará el próximo domingo 10 de diciembre.

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Un flechazo adolescente

En el último año de la secundaria, todavía no sabe bien por qué, “Coti” Martini se cambió de escuela a una de Rodeo del Medio; y fue en las jornadas intercolegiales que compartió con sus pares del colegio Padre Vázquez que conoció a Andrés.

“Ahí nos conocimos y pegamos onda, pero cada uno estaba en la suya. Después nos cruzamos alguna vez pero nada. Pasaron cuatro años, hasta que el 14 de marzo del 2014 se incendia la casa de los suegros de mi hermana, adonde ella vivía y tenía el ajuar porque se estaba por casar”, relata la novia, a quien todavía le moviliza ese recuerdo.

“En ese contexto terrible nos reencontramos. Recuerdo que me abrazó y así empezó todo. En octubre de ese año nos pusimos de novios y fuimos juntos al casamiento de mi hermana”, completa “Coti”. En ese momento, ella jugaba al fútbol, mientras estaba por terminar la carrera de kinesiología, tenía cero relación con el mundo de los bomberos “ni quería saber nada porque nos veíamos poco culpa de que él era bombero”, admite en referencia a que Andrés “vivía ocupado, con guardias, dejaba lo que estábamos haciendo si lo llamaban por alguna emergencia; y yo no lo comprendía mucho, hasta que empecé a acompañarlo al cuartel”.

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Para los incendios por el Zonda reciente, “Coti” lamenta no haber podido acudir ya que “no estaba de guardia pero tampoco conseguía nafta para llegar al lugar”, es que coincidió ese fin de semana con el faltante de gasolinas en Mendoza.

Para los incendios por el Zonda reciente, “Coti” lamenta no haber podido acudir ya que “no estaba de guardia pero tampoco conseguía nafta para llegar al lugar”, es que coincidió ese fin de semana con el faltante de gasolinas en Mendoza.

Hasta que un día se propuso ser ella también bombera. “Era una relación amor-odio pero decidí sumarme a la academia cuando un día lo acompañé a un incendio, vi todos los movimientos y me encantó; un año de cursado en Maipú y me recibí”, cuenta orgullosa la kinesióloga y bombera.

Andrés Amorós, por su parte, hace 11 años que pertenece al cuerpo de bomberos de Maipú. “Entré a la institución porque era algo que me gustaba desde muy chico. Veía pasar los camiones de bomberos o escuchaba la sirena y me daban muchas ganas de saber qué se sentiría ser bombero”, explica. Así que cuando terminó el secundario, no hizo más que ingresar a la academia.

El momento del incendio de la hermana de “Coti” lo recuerda especialmente. “Era casi la madrugada, éramos pocos bomberos ese día de turno. El llamado nos entra por el 911, cuando llegamos me pongo a trabajar y al ver pasar a los dueños de casa, me dije: ‘A esta gente la conozco de algún lado’. Cuando estábamos por irnos, llega Coti y ahí la reconocí, ahí me cayó la ficha”, dice y confirma el inicio de la relación: “Desde ese momento empezamos a mensajearnos de nuevo, ya que por esas cosas de la vida hacía un par de años que no nos hablábamos”.

La decisión de su futura esposa de ser bombera al principio fue difícil para él. “Es que nuestros horarios habituales se tienen que intercalar con los que cumplimos en el cuartel, y entonces no es fácil congeniar”, admite. Y reconoce: “Varias veces tuve que dejarla plantada por algún incendio o irme de una fiesta ante una emergencia o un accidente; demanda bastante tiempo y muchas veces estás cansado”.

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Andrés cree que ella quiso ser bombera desde que empezó a acompañarlo al cuartel. “Venía a tomar la mediatarde conmigo o a cenar cuando estaba de guardia; y ahí me parece que le empezó a gustar”, afirma quien hoy se siente orgulloso de ver a su enamorada desenvolverse en auxilio de diferentes emergencias. “Ella siempre me motivó a más, me ha sacado de estancamientos personales; y cuando me planteó que quería ingresar a la academia, la verdad que me puso muy contento, hoy me llena de orgullo porque es una excelente bombera, una excelente profesional”, expresa.

Después de nueve años de noviazgo, se casan. “Tengo la certeza que elegí muy bien a mi compañera de vida”, sentencia el novio.

Cómo se hace para ser bombero

Si bien es un trabajo voluntario, igual hay que cumplir con un reglamento para ser bombero, con cierta carga horaria, con guardias obligatorias; y hay exigencias para ingresar a la academia como no usar barba ni rastas ni tener las uñas largas o piercing o aritos, que tienen que ver –claro está- con el buen desarrollo de la tarea que cumplen y su protección personal.

Por ello, la carrera para ser bombero Coti Martini la compara a la de cualquier carrera universitaria. “Es muy similar a una facultad, sólo que es un año más o menos de cursado, pero tenés días y horarios de cursado, materias que tenés que ir aprobando con teoría y práctica. Aprendés el Código Q que es el policial, aprendés de historia, de ética, te enseñan sobre los distintos trajes de bomberos, yo estoy en la parte de socorrismo, también aprendés sobre el fuego, los incendios forestales, materiales peligrosos, primeros auxilios”, detalla la bombera voluntaria de Maipú.

“Empezás a salir a eventos ‘tranqui’, digamos, como el rescate de un gatito o el incendio de un árbol, con gente de jerarquía al lado tuyo para aprender. Después que te recibís, generalmente el título lo dan los 2 de junio que es el Día Nacional del Bombero, ahí sí ya estás preparada y no hace falta que estés bajo supervisión de alguien, ahí tenés que empezar a cumplir con guardias, directivas de tu jefe y todo lo que implica un trabajo”, aporta la bombero.

En tanto, su futuro marido sostiene que “si bien trabajamos sobre hechos malos que pasan en la sociedad, ser bombero aporta mucho en mi vida”. Y se explaya: “Saber que tanto mis compañeros como yo damos lo mejor en cada evento para ayudar o salvar a personas que están en problemas, me deja una gran satisfacción”.

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Andrés y Coti iniciaron su romance tras un incendio que la hermana de ella sufrió y él fue al auxilio. Después ella se hizo bombera.

Andrés y Coti iniciaron su romance tras un incendio que la hermana de ella sufrió y él fue al auxilio. Después ella se hizo bombera.

Andrés confiesa que su mayor retribución es “cuando pasa un tiempo y esa gente que ayudamos en algún incendio o accidente, viene al cuartel para agradecernos; eso no tiene precio”.

¿Por qué dedicarse a esta misión solidaria? “Hay quienes van al cuartel a desconectarse, es su segunda casa; otros buscan retribuir algo de lo que reciben de forma solidaria, a mí me pasó eso. Si no hubieran ido los bomberos a la casa de los suegros de mi hermana, no sé cómo hubiera terminado todo, fueron sólo pérdidas materiales gracias a ellos”, responde Coti y admite que esta función es al servicio de la comunidad.

“Demanda un montón de tiempo, un entorno que te entienda y apoye, pero la verdad es que la sociedad necesita de bomberos. No damos abasto”.

La academia de Maipú fue innovadora en incorporar mujeres bomberos y hoy son la mitad en todo el cuartel integrado por 50 bomberos, según nos comenta “Coti” Martini. De hecho, destaca que “en Maipú tenemos nuestra habitación, nuestros baños, nuestras duchas; es todo equitativo”.

Lo que le aporta a su vida ser bombero es desplegar esa faceta solidaria “sin prejuicios ni importar a quién estás ayudando, la idea es simplemente ayudar más allá de que estés rescatando a un asesino o lo que fuere; sólo sentís que estás ayudando a alguien que te necesita, sea la persona o sus pertenencias”.

A ella le gusta inspirar a otras mujeres y, en ese sentido, recuerda una nena que tras un incendio “me miraba y me preguntaba cómo era bombero si era mujer, y le dije que todos podemos serlo, que no importa si sos mujer o varón, lo importante es querer meterte a ayudar en lugares como un incendio donde quizás todos huyen para resguardar su vida”.

Dos vidas laborales en paralelo

La clave para cumplir con esta tarea sin fines de lucro mientras se lleva a la par una rutina laboral remunerada, está en la organización personal. “Me organizo para repartir mis horarios de trabajo formal, como bombero y en mi vida personal para cumplir con mi trabajo como administrativa en una empresa, tener mis tiempos libres con amigos, mi novio y nuestras familias”, expresa la bombero que aún no ejerce como kinesióloga. Y reconoce: “Con Andrés tenemos poca vida social”.

No obstante, Constanza Martini confiesa que “es hermoso compartir esto con Andrés”, aunque aclara que “en el cuartel cumplimos las reglas, no podemos darnos besos en la boca ni estar juntos en las guardias, por ejemplo”.

Es casi una constante ver la “herencia” en este ámbito de los bomberos, con padres e hijos bomberos, hermanos bomberos y parejas también bomberos. “Coti” lo justifica diciendo que “es difícil seguirle el ritmo a un bombero; una fiesta de fin de año sí o sí la tenés que pasar en el cuartel”. Sin embargo, ni ella ni Andrés tienen familiares ni descendientes de bomberos.

Para él, su profesión como bombero es lo que “me formó para ser la persona que soy hoy y me ha llevado a tener muy buenas oportunidades laborales”, por ello asegura: “Le debo mucho a esta institución”.

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Constanza y Andrés desarrollan su tarea socorrista en el cuartel de bomberos de Maipú.

Constanza y Andrés desarrollan su tarea socorrista en el cuartel de bomberos de Maipú.

Andrés Amorós considera que Bomberos Voluntarios es una institución muy bien vista por la sociedad, “hay gente que cree todavía que cobramos un sueldo y no es así; cada bombero tiene su trabajo particular, algunos son choferes de colectivo, otros trabajan en estaciones de servicio, hay preventores, enfermeros, yo trabajo en mantenimiento de líneas de alta tensión en una mina en San Juan”, describe sobre esta misión voluntaria que tanto le honra desarrollar para su comunidad.

“Cuando la gente se entera de esto y viene y ve de los movimientos del cuartel, se da cuenta el sacrificio que lleva esta tarea, se asombran y nos felicitan.

Cuando nos ven pasar hacia las intervenciones nos saludan, nos llevan facturas al cuartel, hasta cenas nos han traído”, cuenta el bombero, a quien el día de su casamiento, domingo 10 de diciembre, le toca justo guardia en el cuartel. “Así que estoy tratando de conseguir cobertura o un cambio de guardia, aunque la mayoría de mis compañeros van a la fiesta”, cierra sin dejo de preocupación, acostumbrado a este tipo de situaciones en la que siempre primará su vocación de servicio.

La sorprendente experiencia de retratar esta historia de amor

Desde los 13 años Lucas Castro trabaja en la productora de audiovisuales de su papá, Sergio, y en su propia empresa que lleva 15 años de trayectoria en Mendoza. Hoy, a los 41, puede afirmar que –entre cientos de miles de coberturas de todo tipo- es la historia de amor de “Coti” y Andrés la que más le sorprendió.

“En tantos años de trabajo me ha tocado cubrir eventos de todos los estilos, hemos viajado al exterior para hacer trabajos. Estudié Diseño Gráfico en la UNCuyo y un posgrado en la UBA de producción audiovisual. Es una pasión, algo que me inculcó mi viejo”, relata el fotógrafo sobre su carrera que lo ha llevado a conocer “un montón de personas maravillosas de distintos ámbitos y culturas, pero cuando vinieron estos novios bomberos a nuestro estudio, me enamoró su historia de vida y de amor”, admite.

La pasión que ellos sienten por ayudar al prójimo siendo bomberos la comparó Lucas con su pasión laboral, “y los admiré porque ellos cumplen con su trabajo solidario en paralelo a su trabajo como tenemos cualquiera de nosotros”.

Así surgió la idea de hacer la sesión de fotos y la producción audiovisual para el casamiento en el marco de eso que tanto los representa: el cuartel de bomberos.

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Los novios posan junto al fotógrafo Lucas Castro tras la sesión en el cuartel de bomberos de Maipú.

Los novios posan junto al fotógrafo Lucas Castro tras la sesión en el cuartel de bomberos de Maipú.

“Me llena de orgullo y emoción que existan estas personas, es una caricia al alma haberlos conocido porque te hace valorar este tipo de trabajos, querer hacer muchas más cosas por el prójimo”, remarca Lucas Castro y sobre esa original jornada de producción en el cuartel dice: “Cuando vas entrando ya empezás a sentir una energía hermosa; hacer la sesión ahí fue muy fuerte”.

Una vez finalizado el trabajo, Lucas les propuso a “Coti” y Andrés subir un avance de la producción a las redes de su productora (en Instagram, @castroaudiovisuales) y esa publicación no tardó en explotar de “me gusta”, comentarios, mensajes directos y nuevos seguidores.