El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, confirmó este miércoles que el riesgo del actual brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) es alto a nivel regional, aunque todavía se mantiene bajo a nivel mundial.
Según las últimas estimaciones oficiales del organismo, la enfermedad ya se cobró la vida de 139 personas y registra al menos 600 posibles infectados, encendiendo las alarmas por una velocidad de propagación mayor a la prevista originalmente.
A pesar de que la OMS calificó la situación como una emergencia internacional, los expertos de la salud aclararon de forma tajante que esto no significa que nos encontremos en las etapas iniciales de una pandemia al estilo del Covid-19. El riesgo global sigue siendo ínfimo. Como antecedente, durante el histórico brote de 2014-2016 que dejó un saldo de 28.600 contagiados y 11.308 fallecidos solo se registró un puñado de casos fuera de África, afectando principalmente a personal sanitario voluntario.
Sin embargo, en esta oportunidad la preocupación radica en la geografía del epicentro. Las autoridades sanitarias detectaron que el virus traspasó la provincia de Ituri, donde se reportó el primer contagio el pasado 24 de abril, registrando nuevos casos en la provincia de Kivu del Norte y en la poblada ciudad de Goma. Además, organismos independientes como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) ya verificaron la expansión transfronteriza de la enfermedad tras confirmar dos casos y una muerte en la vecina Uganda.
Guerra civil y la compleja cepa Bundibugyo
El primer gran obstáculo para frenar el avance del ébola es el contexto social: el brote se desarrolla en una zona afectada por una guerra civil y una severa crisis humanitaria. Organizaciones como Save the Children advirtieron que los sistemas de salud locales ya se encuentran gravemente comprometidos en una región que cuenta con cinco millones de desplazados internos de los cuales 2,5 millones son niños y otras 15 millones de personas que requieren asistencia humanitaria urgente. El constante movimiento de población civil que huye del conflicto armado es el principal combustible para la transmisión.
El segundo gran desafío es de carácter estrictamente científico: la cepa detrás de este brote es la Bundibugyo, descubierta recientemente en 2007 y de la cual se posee muy poca información. El panorama con esta variante es complejo por tres factores críticos:
- Sin vacunas ni tratamientos: el profesor Alimuddin Zumla, de la University College London, alertó que no existe ninguna vacuna aprobada ni un medicamento específico para combatir la cepa Bundibugyo. El comité de emergencia de la OMS advirtió que desarrollar un fármaco potencial demandará varios meses de trabajo.
- Fallas en el diagnóstico: las pruebas de laboratorio estándar no han demostrado ser eficaces. De hecho, los testeos iniciales de este brote dieron negativo y se requirió de análisis mucho más sofisticados para identificar el virus.
- Alta letalidad: los datos de la OMS y los CDC señalan que las tasas de mortalidad registradas en los brotes de 2007 y 2012 causados por esta misma cepa oscilaron entre el 30% y el 50%.
Cinco décadas de dudas: síntomas y grupos de riesgo
El ébola es una afección grave y a menudo mortal descubierta en 1976 en la cuenca del río Ébola (antiguo Zaire). A lo largo de cinco décadas y unos 40 brotes, la ciencia logró identificar seis cepas distintas (cuatro de ellas afectan a los humanos), pero persisten más dudas que certezas. Por ejemplo, los científicos sospechan que los murciélagos de la fruta son los huéspedes naturales que transmiten el virus a personas y otros primates a través de animales salvajes, pero aún no están 100% seguros. Una vez en la población humana, el contagio se produce por el contacto directo con sangre, secreciones, fluidos corporales o superficies contaminadas.
Los síntomas aparecen en un rango de 2 a 21 días tras el contacto. Comienza con fiebre, fatiga, dolores musculares, de cabeza y de garganta. Luego se suman vómitos, diarrea, erupciones cutáneas y fallas renales o hepáticas. En casos menos frecuentes, se producen hemorragias internas y externas, como sangrado de encías. Debido a este cuadro, suele confundirse con la gripe, la malaria, la fiebre tifoidea o la meningitis, por lo que las pruebas sofisticadas son esenciales para dar la atención adecuada.
Los profesionales médicos, los cuidadores y los familiares de los enfermos componen el principal grupo de riesgo. El impacto social en la infancia es alarmante: además del peligro de muerte por contagio, los niños que pierden a sus padres durante los brotes suelen enfrentarse al aislamiento, el abandono y una fuerte estigmatización social.
Prevención: la única arma disponible
Ante la falta de medicamentos específicos para la cepa Bundibugyo, la medicina actual debe limitarse a aplicar cuidados paliativos optimizados, orientados al control del dolor, la hidratación, la nutrición y el manejo de infecciones secundarias. La OMS enfatiza que una atención temprana eleva sustancialmente las posibilidades de supervivencia.
Por este motivo, las autoridades sanitarias insisten en que la prevención es la mejor herramienta disponible, recomendando:
- Evitar por completo el contacto físico con personas que sean casos sospechosos o confirmados.
- No manipular los cuerpos de personas fallecidas por el virus sin el equipamiento de protección adecuado.
- Mantener un lavado de manos regular y riguroso.
Con el fin de evitar que esta emergencia internacional se transforme en una epidemia descontrolada como la de hace una década, la OMS solicitó formalmente a los gobiernos de la República Democrática del Congo, Uganda y la vecina Ruanda que refuercen de inmediato la vigilancia sanitaria en sus fronteras. En paralelo, potencias como Estados Unidos ya recomendaron a sus ciudadanos evitar viajar a las zonas afectadas y prohibieron la entrada a su territorio de personas que hayan estado en la región en las últimas semanas.
Las próximas semanas serán determinantes para observar si la sólida experiencia acumulada por el Congo en el manejo de brotes es suficiente para contener el avance del virus en medio del escenario bélico.






