Análisis y opinión

Aflojen con el aerosol y dejen de atacar bienes públicos y privados de Mendoza

La saña con que actúan en Mendoza algunos enchastradores en desmedro de bienes públicos y privados no está generando la debida reacción legal, social y política que se espera en una democracia

Discépolo lo graficó con maestría: hay "un despliegue de maldad insolente". Nada más propicio para describir la saña con que actúan algunos enchastradores de bienes públicos y privados. Uno quisiera creer que lo hacen por ignorancia o por imbecilidad. Pero la mayoría de ellos enarbolan, por el contrario, la convicción "militante" en lo que hacen.

Nos negamos a llamarlos grafiteros, porque entre éstos últimos hay gente valiosa, con talentos, y que conservan el manejo de códigos. Por ejemplo, no tienen esa malicia de ir, de madrugada, a pintarrajear la pared del comerciante de la otra cuadra que acaba de hermosear el frente de su negocio ni a ensuciar con pintura el acceso a una escuela o a un centro de salud.

El enchastrador sabe que está haciendo daño y que de eso se trata. Dirá que es para marcar presencia, para reafirmar territorio, o para registrar individualidades y tribus. Algunos de ellos hasta deben creer que están siguiendo el mandato de los pintores de las cuevas de Altamira. Mucho deberían aprender de esos prehistóricos del arte paleolítico antes de agarrar el tarro de pintura en aerosol.

Los ciudadanos o contribuyentes están cansados del ruido visual que produce tanto garabato, tanta "firma", tanto "tag" como le llaman a esas letras o figuras apelotonadas que pintan por toda la Ciudad, Salvo poquísimas excepciones, eso no tiene ningún atisbo de originalidad porque son copias de copias.

En realidad lo que parece interesarles es que junto a esos mazacotes aparezca su nombre real o "de guerra". Puro pavoneo. "Yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles", escribió Antonio Machado, quien no pretendía "dejar en la memoria de los hombres" su canción". En cambio los personajes de esta columna están desesperados por marcar territorio.

En la calle Gutiérrez

Vamos a dar algunos ejemplos, todos en la calle Gutiérrez, de Ciudad. Hace unos meses, y con mucho esfuerzo, las autoridades de la escuela Patricias Mendocinas, retiraron capas de enchastres de las paredes del frente de ese colegio y lo volvieron a pintar. Lo adecentaron, lo adecuaron para que "la Patricias" pudiera tener un aspecto amable para los niños, para los padres y para el vecindario. Los enchastradores volvieron a defecarse en el esfuerzo ajeno. ¡Ah, nada como eso!

Muy de madrugada y, como dice el lugar común "agazapados entre las sombras", zamparon nuevamente sus brulotes de pintura sobre el frente de la escuela Patricias. A ellos no les importan cosas como la comunidad educativa o la importancia simbólica que tiene un establecimiento educativo. Ellos disponen y actúan de canuto. Y como las huestes de Atila, arrasan.

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Por enésima vez el banco HSBC limpió las paredes de su edificio de Gutierrez y 9 de Julio. Pero nuevamente pasaron los hunos con el aerosol.

Por enésima vez el banco HSBC limpió las paredes de su edificio de Gutierrez y 9 de Julio. Pero nuevamente pasaron los hunos con el aerosol.

Cerca de allí, en Gutierrez y 9 de Julio, el banco HSBC volvió a pintar por enésima vez el frente de esa institución financiera. Se trata de uno de los inmuebles al que nuestros personajes han agarrado sus paredes para el churrete. Todavía no se había secado la pintura blanca y allá volvieron a dejar asentados sus monigotes. Uno podría aceptar que los bancos son "el sistema" o cosas por el estilo, pero ¿cuándo vamos a entender que muchos de los edificios de esa instituciones son importantes hitos urbanos de la Ciudad y que merecen algún tipo de consideración ciudadana.

Enfrente del HSBC, en diagonal, está el soberbio edificio que supo ser del Banco de Mendoza y que desde hace varios años es la sede del Espacio Contemporáneo de Arte (ECA). Salvarlo de los enchastradores es una lucha cotidiana. Igual, en el costado que da a Gutiérrez, lucen, como si fueran un insulto a la inteligencia de la provincia, diversos mamarrachos salidos de los aerosoles.

También en calle Gutiérrez, pero en su intersección con España, está el magnífico edificio de estilo neocolonial que supo ser del Banco Hipotecario Nacional, y que desde hace varios años es la sede del Ministerio de Cultura de la Provincia Se trata de una de las piezas arquitectónicas más importantes de la Ciudad. De esa joya no se puede decir que represente al "maldito" establishment ni nada parecido. Sin embargo, los enchastradores han dejado allí sus plastas "pictóricas".

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Una de las joyas arquitectónicas de la Ciudad, el edificio neocolonial del Ministerio de Cultura, es otro de los hitos urbanos que es depreciado por tarambanas que buscan "marcar territorio".

Una de las joyas arquitectónicas de la Ciudad, el edificio neocolonial del Ministerio de Cultura, es otro de los hitos urbanos que es depreciado por tarambanas que buscan "marcar territorio".

¿Preguntontas?

Permítanos, lector/a, algunas preguntas necesarias respecto de todos estos ejemplos: 1) ¿No están las calles del Centro llenas de cámaras de video? 2) ¿Nunca los centros de visualización detectaron a los enchastradores haciendo de las suyas? 3) ¿No estaba previsto en el Código de Convivencia de la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza que se iba a tratar de manera más fehaciente y productiva la sucesión de ataques de los enchastradores contra bienes públicos y privados?

En algunas arterias el avance de estos destructores es inconcebible. Por ejemplo en la calle Pedro Molina frente a la sedes de los poderes Ejecutivo y Judicial. En esa calle pocas cosas han quedado sin pintarrajear: entradas a los edificios de departamentos, vidrieras, cortinas metálicas, mobiliario de los servicios públicos, paredes, estacionamientos privados, escuelas, casas de familia.

Hay una hermosa Ciudad debajo de esas capas de pinturas con mamarrachos. Hay que dejar respirar las paredes. Hay que oponer algún tipo de cordura democrática a este avance. No estamos hablando de Banksy u otras figuras del grafiti internacional, ni de los buenos muralistas ni de los verdaderos referentes del street art..

Estamos refiriéndonos a gente sin talento que cree tener poder territorial porque hace garabatos o "firmas" con pintura en aerosol bajo la peregrina idea de que están "ganando la calle", cuando en realidad no son más que barrabravas del aerosol.

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