Historias

"50 años no es nada": celebraron medio siglo de su egreso con significativas remeras

La promoción 1975 de la Escuela Arístides Villanueva volvió a reunirse para celebrar medio siglo de su egreso. Y hubo remeras especialmente diseñadas para la ocasión

Cincuenta años después de haber egresado de la Escuela Arístides Villanueva, los ex alumnos de la promoción 1975 volvieron a verse las caras para celebrar medio siglo de amistad, memorias escolares y la certeza de que el paso del tiempo no borra lo esencial. Con una asistencia de 26 compañeros, el reencuentro se realizó en el SUM (salón de uso múltiples) de Lar de Boedo y estuvo marcado por un clima de camaradería, anécdotas compartidas y un almuerzo bien regado. Para coronar la fecha, se mandaron a hacer remeras grises con una frase que resumió el espíritu de la jornada: “50 años no es nada”.

Pedro Andrade, uno de los egresados, lo sintetizó con la simpleza de lo verdadero: “Fue un gran festejo, con muy buena asistencia y un ambiente cordial. La remera alusiva al 50° aniversario nos unió apenas llegamos. Fue como volver a la infancia”. La emoción que se respiró durante el encuentro dejó en claro que esos años de escuela siguen vivos en cada uno de ellos.

remeras egresados
La remera distintiva, una genial idea para seguir unidos.

La remera distintiva, una genial idea para seguir unidos.

El grupo, que se mantiene en contacto desde hace décadas, conserva una tradición que lo distingue: juntarse al menos una vez por mes para compartir un desayuno o un almuerzo. Algunos viven lejos, otros ya no están físicamente, pero sus nombres siguen presentes en cada mesa que arman. Para ellos, estos encuentros son mucho más que un rito: son un puente hacia la niñez, hacia la escuela que los vio crecer entre recreos, tareas y ceremonias tan significativas como el izamiento de la bandera.

Risas, recuerdos de la escuela y almuerzos compartidos

De hecho, en cada reunión no faltan las conversaciones sobre aquellos momentos que los marcaron. El año pasado, por ejemplo, vivieron una experiencia particularmente emotiva cuando visitaron a Lita, una maestra muy querida que hoy supera los 90 años. Ella los reconoció uno por uno, y por un rato volvieron a sentirse los chicos de 6º grado que algún día fueron.

En esta celebración por los 50 años, también circuló entre ellos un texto que conmovió a todos. Fue escrito por Alberto Depaz, otro de los compañeros, y depositado en un pergamino que pasó de mano en mano durante el almuerzo. En esas líneas, Alberto sintetizó la esencia de lo que estaban viviendo: “Hoy, medio siglo después, ya no con manos pequeñas izamos la bandera. Es el mismo paño de aquellos años, solo que ahora lleva la marca de las experiencias, las amistades y tantos recuerdos”. El escrito lo hizo días atrás, cuando se reunieron en la escuela para izar la bandera.

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Algunos egresados, días atrás, izando la bandera en la escuela Arístides Villanueva.

Algunos egresados, días atrás, izando la bandera en la escuela Arístides Villanueva.

También evocó el espíritu de la escuela como un espacio donde todos se mezclaban sin distinciones: “Esta escuela nos marcó en el compartir: el hijo del gobernador y el lustrador de la esquina, mezclados en juegos en el recreo. La diversión como lenguaje, la esperanza como horizonte”.

El reencuentro de la promoción ’75 confirmó que las raíces compartidas no desaparecen. A medio siglo de aquel egreso, siguen unidos por la misma emoción: la certeza de que, aun con el tiempo encima, la infancia permanece intacta en algún lugar. Y que, al final, tal como decía la remera gris que todos vistieron, para ellos “50 años no es nada”.

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