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En noviembre de 1823

A 196 años del día en que el general San Martín se fue de Mendoza para siempre

Editado por Enrique Pfaab
pfaab.enrique@grupoamerica.com.ar

Hace 196 años, triste, amargado, acosado por Buenos Aires y Bernardino Rivadavia, José Francisco de San Martín abandonó Mendoza y su querida chacra, en lo que después sería San Martín, y ya no regresó más, pese a su deseo de terminar sus días allí.

El Libertador había renunciado al Protectorado del Perú, había pasado por Chile y llegado al Manzano Histórico el 29 de enero de 1823. Allí se encontró con el coronel Manuel de Olazábal, amigo desde siempre, y en su compañía fue hasta su chacra de Los Barriales, su “tebaida”, como él mismo la llamaba.

En octubre de 1816 el general le había pedido “al Señor gobernador intendente de esta provincia”, cincuenta cuadras para hacer su chacra. “Las cincuenta cuadras que pido por merced sólo valen doscientos pesos. No los tengo, y en caso de tenerlos las compraría…”, escribió.

El Gobierno de Mendoza “en agradecimiento a la decisión del Gran Capitán de pasar sus días en esta tierra…” le otorgó el pedido y otras 200 cuadras, para su hija Merceditas. El Libertador entregaría parte de ellas a integrantes de su Ejército, que serían de los primeros pobladores de la zona.

De regreso, entonces, e intentando apartarse de la vida pública, San Martín plantó en su chacra trigo y alfalfa, y se dedicó a la cría de ganado.
Pero su mujer Remedios, que estaba en Buenos Aires, enfermó gravemente.

Escribió el general años después: “el gobierno que en aquella época mandaba en Buenos Aires, no sólo me formó un bloqueo de espías, entre ellos uno de mis sirvientes, sino que me hizo una guerra poco noble en los papeles públicos de su devoción, tratando al mismo tiempo de hacerme sospechoso a los demás gobiernos de las provincias”. Rivadavia lo acechaba. El Libertador planeó ir a Buenos Aires a verla, pero le advirtieron que le preparaban una emboscada y decidió quedarse en su chacra.

Ya en el mes de octubre de 1823, cuando el Libertador continuaba con su idea de viajar a Buenos Aires, el gobernador de Santa Fe, don Estanislao López, fiel al general, le escribió: “… Sé de una manera positiva por mis agentes en Buenos Aires que a la llegada de V. E. a aquella capital será mandado juzgar por el gobierno en un consejo de guerra … por haber desobedecido sus órdenes en 1819 haciendo la gloriosa campaña a Chile, no invadir a Santa Fe, y continuar la expedición libertadora al Perú. Para evitar este escándalo inaudito y en manifestación de mi gratitud y del pueblo que presido, por haberse negado V. E. tan patrióticamente en 1820 a concurrir a derramar sangre de hermano… siento el honor de asegurar a Ud. que a su solo aviso estaré con la provincia en masa para esperar a V. E. en el Desmochado para llevarlo en triunfo hasta la plaza de la Victoria. Si V. E. no aceptase esto, fácil me será hacerlo conducir con toda seguridad por Entre Ríos hasta Montevideo…”.

Dicen que Olazábal lo escuchó decir: “No puedo creer tal proceder en el gran pueblo de Buenos Aires; iré, pero iré solo como he cruzado el Pacífico y como estoy aquí entre mis mendocinos. Pero si la fatalidad así lo quiere, yo daré por respuesta mi sable, la libertad de un mundo, el estandarte de Pizarro y las banderas que flotan en la Catedral conquistadas con aquellas armas que no quise teñir con sangre americana. ¡No!, Buenos Aires es la cuna de la libertad”.

San Martín, ya seguro de que no podría continuar en su patria, el 20 de noviembre de 1823 partió de su chacra rumbo a Buenos Aires. Allí ordenó sus cosas, exigió su pasaporte y el de su hija al gobierno de Buenos Aires y el 10 de febrero de 1824 partió a Europa, al exilio.

Supo escribir desde Francia, recordando su Tebaida y su deseo de morir en ella. Pero los que gobernaban la tierra que él liberó, le hicieron imposible cumplir su sueño.

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