Arrasa

Netflix: la película con Jessica Alba y Hayden Christensen que no se baja del ranking

Esta obra de Netflix tiene su tiempo en el mundo de series y películas y el público la volvió a elegir por su contundente trama

Existen miedos universales: la oscuridad, las alturas y, para muchos, la idea de ser operado. Pero en 2007, el director Joby Harold llevó este último temor a un nivel paranoico con Bajo anestesia (Awake). La película de Netflix, protagonizada por una ascendente Jessica Alba y un sólido Hayden Christensen, no solo buscó entretener, sino que puso el foco en un fenómeno médico tan real como aterrador: la percepción intraoperatoria.

Netflix: una premisa que corta el aliento

La trama de la jota que brilla entre todas las series y películas de Netflix, nos presenta a Clay Beresford (Christensen), un joven magnate que parece tenerlo todo, incluida una relación con la bella Sam Lockwood (Jessica Alba). Sin embargo, Clay necesita un trasplante de corazón urgente. El conflicto estalla cuando, en plena cirugía, Clay experimenta una falla en la anestesia: su cuerpo está paralizado, pero su mente está totalmente despierta y sus receptores de dolor, activos.

A partir de ahí, la película se divide en dos frentes: el agónico relato del dolor físico que el protagonista no puede expresar y un complejo entramado de traiciones que se descubre mientras él “escucha” lo que sucede a su alrededor en la sala de operaciones.

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Jessica Alba: más que una cara bonita

Para Jessica Alba, este papel fue crucial. En 2007, la actriz intentaba despegarse de su imagen de “heroína de acción” o “chica de comedia romántica”. En esta película de Netflix, su personaje transita una dualidad interesante que le permite mostrar matices de suspenso y drama que sorprendieron a la crítica de la época.

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Mito o realidad médica

Uno de los grandes aciertos de la promoción del film fue jugar con la estadística. La película abre con una placa que asegura que cada año miles de personas experimentan esta condición. Aunque la ciencia médica aclara que la percepción intraoperatoria con dolor es extremadamente rara (gracias a los modernos monitores de actividad cerebral), el film logró sembrar la duda en toda una generación de espectadores.

Por qué verla hoy en Netflix

  • El ritmo: con apenas 84 minutos, es una película que no pierde el tiempo.
  • El giro de guion: lo que empieza como un drama médico se transforma en un thriller conspirativo de primer nivel.
  • La tensión: logra transmitir una claustrofobia única, no por el espacio, sino por el propio cuerpo atrapado.
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A 18 años de su llegada a los cines, Bajo anestesia sigue siendo esa película que uno evita ver la noche anterior a una cirugía, pero que no puede dejar de recomendar por su capacidad de mantenernos al borde del asiento.

Dato curioso: para prepararse, Hayden Christensen pasó tiempo observando cirugías reales de corazón, algo que, según confesó en su momento, fue mucho más impactante que cualquier efecto especial de la película.