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Cómo hacer chinchulines perfectos al limón: la receta para que alcancen una textura y sabor espectacular

Los chinchulines son los más deseados del asado y pueden quedar perfectos si se preparan con esta fácil receta

El ritual del asado del fin de semana tiene sus estrellas indiscutidas, pero si hay un corte que divide las aguas en la mesa de los argentinos, son los chinchulines. Para algunos son un manjar irremplazable, mientras que para otros, si no se hacen con una buena receta, es un desafío masticarlo.

¿La verdad? Cuando los chinchulines están mal hechos, son de goma; pero cuando se preparan con una buena técnica, se convierten en la mejor achura de la parrilla.

Lograr ese dorado crujiente en el exterior y una textura suave que se deshaga en la boca, no es cuestión de suerte, sino la receta que se utiliza.

Aquí te traemos la guía paso a paso para que te corones como el maestro del asado indiscutido del domingo.

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Receta de chinchulines al limón, ingredientes

La elección en la carnicería: el primer paso al éxito: todo gran plato comienza con una buena materia prima. Al momento de comprar los chinchulines (la primera porción del intestino delgado del animal), hay que prestar atención a dos factores clave:

  • Color: deben tener un tono rosado claro o nacarado. Si están muy grises o amarillentos, es mejor dejarlos pasar.
  • Grasa: buscá los que tengan una capa de grasa blanca y firme. No hay que sacársela toda, ya que es lo que aportará el sabor y la textura crujiente en la parrilla.

Limpieza y preparación: el mito de vaciarlos por completo: históricamente se creía que había que lavarlos por dentro con una manguera hasta que no quedara nada. Hoy, los expertos recomiendan un lavado superficial externo con agua fría para retirar impurezas. El interior, que contiene el "quimo", aporta un sabor característico que muchos puristas defienden. Para limpiarlos, simplemente quitales el exceso grosero de grasa (dejando una capita fina) y secalos bien con papel de cocina.

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El gran secreto: el tiernizado. Acá es donde se separa un asador amateur de un profesional. Para evitar que el chinchulín quede "chicloso", hay dos métodos infalibles:

  • El método de la leche (el más recomendado): cortá los chinchulines en ruedas o trencitas, ponelos en un bol y cubrilos con leche, un par de dientes de ajo machacados y granos de pimienta. Dejalos reposar en la heladera entre 2 y 4 horas. La acidez láctica rompe las fibras y los deja manteca.
  • El método del hervor: si no tenés tiempo para marinar, podés hervirlos durante 30 a 40 minutos en agua con sal, laurel y unos granos de pimienta, antes de llevarlos a la parrilla.
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Fuego y parrilla: la paciencia es la clave: los chinchulines no toleran el apuro. Requieren temperatura y tiempo.

  • Fuego moderado a fuerte: colocá los chinchulines en la parrilla con brasas consistentes, pero sin que la llama los arrebate.
  • El momento de la sal: salalos con sal fina o entrefina recién cuando los ponés sobre los fierros, no antes, para evitar que pierdan sus jugos.
  • Cocción vuelta y vuelta: dejalos unos 20 a 30 minutos de un lado hasta que estén bien dorados y crujientes. Luego, dalos vuelta y dejalos unos 15 minutos más.
  • El toque final: cinco minutos antes de sacarlos, un buen chorro de jugo de limón fresco exprimido directamente sobre la parrilla hará que la grasa caramelice y explote de sabor.
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El tip del asador para la receta de chinchulines

Si te gusta servirlos en forma de "ruedita", uní las puntas de los chinchulines con un escarbadientes antes de ponerlos a la parrilla. Se cocinarán parejo y la presentación será de restaurante.

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