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Análisis y opinión

Zapatos sin medias, chupines, remerita, barba de 4 días: ¿qué te creés? ¿fiscal?

Un bienvenido revuelo ha armado el jefe de los fiscales de la Provincia al recordarles a esos magistrados que deben retornar al "decoro" en el vestir. Y si es con corbata, mejor
Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

El jefe de los fiscales de Mendoza, Alejandro Gullé, le ha reclamado a los magistrados bajo su órbita que vuelvan a practicar "el decoro" en el vestir, lo cual incluye el uso de corbata. El asunto ha llamado la atención por lo inusual y ya hay revuelo.

Debo admitir que a priori no me gusta mucho la palabra decoro. Creo que está algo devaluada en la consideración social, pero no por ella en sí, sino por ciertos significantes que le han ido agregando los humanos con el paso del tiempo. Hoy, por ejemplo, está indefectiblemente unida al vocabulario de personas muy estrictas.

Por eso se debe aclarar que el decoro, en su acepción original, no es culpable de nada. Es una palabra como cualquier otra, con su significado y su largo itinerario en el hablar de la gente. Pero tampoco podemos desconocer que "decoro" tiene su génesis en una época en que las etiquetas y los protocolos del vestuario no dejaban lugar a dudas. Y por entonces no eran tan laxos como ahora.

En las cortes de la Francia anterior a la Revolución se inventaron esos roles de los funcionarios que se encargaban de fijar lo que marcaba la moda, a través de una especie de catecismo fashion que era obligatorio atender. Ahora ese papel lo cumplen los influencers, las it girls, o los diseñadores vip, pero en las repúblicas.

Che, definí decoro

Según la Academia, el decoro es "el comportamiento adecuado y respetuoso correspondiente a cada categoría y situación". Es decir, el asumir una serie de habilidades sociales que, según las mutaciones de época, existen desde que los primeros hombres se dieron a la vida en tribus. Ahí ya había alguna regla de decoro.

Sabido es que una de las formas de la inteligencia es tener la capacidad de adaptarse creativamente, es decir sin perder la identidad, a los sitios donde nos toca actuar. Pero no es yendo a trabajar a Tribunales con zapatos sin medias como vamos a cambiar la Justicia. Además en ese ámbito lo que debe brillar es la ley y la valentía de los magistrados para aplicar con criterio las normas, y no los pantalones chupines que a muy pocos abogados les quedan bien, ya sea porque son petisos o gordos o viejos.

En cambio ese fiscal se tornará en canchero si esos zapatos sin medias los usa en la Arístides con sus amigos tordos en un happy hour. Sospecho que ese es el don de ubicuidad que se está reclamando. Una cosa es impartir justicia y otra presumir de desestructurados.

Sorprende esto de Gullé porque -precisamente- desde hace bastante tiempo la norma es que haya la menor cantidad posible de normas. Todos, hasta los fiscales, quieren trabajar en modo Silicon Valley, sin horarios, sin mandamientos sobre cómo vestir, con un metegol al lado. Habrá trabajos que se puedan hacer así, pero creo entender que no es el caso de la Justicia.

Se va la segunda

Una segunda acepción de decoro que da el diccionario se torna un poco más vidriosa. Dice así: "Es una manera de comportarse con circunspección y gravedad". Admito que suena medio sentenciosa al oído porque esos dos términos se nos ocurren antiguos. Es que circunspección y gravedad dan idea, equivocadamente, de aburrimiento.

Pero fíjese, lector, que una de las acepciones de la palabra gravedad es "que las cosas vuelvan a su centro". ¿Y por qué las cosas se descentraron en las fiscalías? Bueno, ya venían medio descentradas y la pandemia terminó de desvariarlas. El trabajo de la fiscalía realizado desde la casa, las audiencias virtuales (que algunos magistrados utilizaban para aparecer almorzando) o el conectarse con ropa de quincho, habían instaurado una especie de relajo, que ahora con la vuelta de la actividad presencial en las fiscalías, algunos fiscales quisieron seguir haciendo.

Una tercera mención nos ilustra acerca de que el decoro "es la observación de las normas socialmente establecidas, generalmente con modestia". Me gustó ese detalle que tiene que ver con la "modestia", algo que es lo contrario a las ínfulas en el vestir.

Vamos redondeando

Entonces digamos que más allá de los reparos que me despierta la palabra recato, concuerdo con Gullé en que hay ciertos protocolos que los fiscales deben tener en cuenta. Me ha tocado escuchar en alguna fiscalía a gente del común que ha dicho cosas como "¿pero ese chabón es el fiscal?" cuando desde una oficina ha aparecido un tipo despeinado, con jeans, camisa desprendida hasta el tercer botón, pelo ensortijado, barba de cuatro días mal recortada diciendo "pase yo soy el fiscal Mengano".

En la humilde visión de este columnista, pocas cosas hay más republicanas en un servidor de la ley que un traje y una corbata. Y no hablo de un traje de diseño ni de grandes marcas. Hablo de trajes modestos, que pasen desapercibidos, como si fuera el sarmientino guardapolvo de los alumnos. Una prenda elegante y austera que nunca debió desprenderse de su principal accesorio: la corbata.

Más que falta de decoro, en todo este merengue de vestirse como el traste en las fiscalías hay falta de criterio. Y de ubicación, que por algo era un don tan apreciado en otros tiempos.

Si a mí se me llega a presentar en una audiencia un fiscal vestido con chupines, zapatos sin medias, saquito petitero, remerita descuajeringada y colita en el pelo, lo recuso de inmediato.

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