Oxígeno para dos años. Ese alivio exiguo que recibirá la Argentina está supeditado a que el Gobierno comience a hacer, medianamente, el saneamiento económico que se requiere. Es una de las promesas que ha permitido la aprobación final del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, concretado este viernes 25 de marzo en su sede central de Washington, en presencia de sus principales gerentes.
¿Comenzará Alberto Fernández esa tarea de sanidad económica u ofrecerá incinerarse en el altar del principismo kirchnerista con lo cual no va a quedar bien con nadie? Cuando decimos "nadie" hablamos de la ciudadanía argentina en su totalidad.
¿Qué es lo que hemos arreglado? Dicho en fácil: el Fondo nos otorga 45.000 millones de dólares que servirán para que los utilicemos en cancelar los 44.000 millones que debemos desde la época de Mauricio Macri.
Es decir que ahora ya no arrastraremos la deuda que nos dejó el neoliberalismo de Macri sino que desde 2024 (esos son los dos años de changüí aludidos al comienzo) deberemos empezar a pagar la deuda que nos deja el populismo de Fernández. Con lo cual es posible que la oposición comience a recitar: ¡Ah, pero Alberto!
La hora del acuerdo
El senador mendocino Alfredo Cornejo, que acaba de cumplir 60 años, y que no ha bajado su intención de ser uno de los presidenciables de la oposición en 2023, ha dicho por estos días que se necesitan grandes acuerdos básicos entre el oficialismo y la oposición y que este impasse que se logró con el FMI para el pago de la deuda es el momento adecuado para pactar reformas estructurales.
A lo que se ha comprometido la Argentina con el FMI es a una baja gradual del déficit fiscal, una enfermedad endémica del país y cuya hija dilecta es la inflación. El déficit se produce cuando un país gasta más de lo que recauda, algo en lo que somos diplomados desde hace décadas.
El FMI, que no es una cueva de buitres sin cara sino un ente financiero que conforman representantes de los principales países del mundo, entre los que están desde la China comunista y la Rusia del invasor Putin, a los que tanto admiran en el Gobierno argentino, hasta las principales naciones de Europa y de Asia, además de los Estados Unidos.
Este organismo ha dicho en el pacto con la Argentina que en 2025 nuestro país deberá equilibrar las cuentas públicas a fin de evitar que se siga financiando con la emisión monetaria sin sustento en dólares.
Este es el tema
Precisamente a eso -a gastar sin tener fondos- es lo que hay que mirar cuando pretendemos con tonto voluntarismo y escaso rigor académico bajar el constante aumento de los precios. Preferimos atribuirlo a que todo se debe a que los ganaderos y los empresarios están en una carrera para comprar departamentos en Miami.
Es la casta política la que se resiste a achicar el aparato improductivo. En los dos años y casi cuatro meses que lleva el gobierno de Alberto Fernández se nombraron 134.300 nuevos empleados entre la Administración Central, en los municipios y las provincias.
El Ejecutivo nacional, por caso, podría funcionar con un 40% menos de los ministerios que existen en la actualidad. Y hay una serie de reparticiones de esas que se manejan solas que podrían desaparecer sin dejar rastro y liberándonos de gastos siderales.
Es la casta política la que no entiende que el trabajo genuino lo produce la actividad privada, sector que, a priori, este gobierno lo considera poco menos que un enemigo, y lo combate de las maneras más torpes.
No es el gasto social el centro del problema, aunque es fundamental que se lo ponga en caja, se lo sanee y que se desestime el clientelismo de los punteros.
Maldito déficit
¿Cómo se baja un déficit fiscal? Se lo hace incrementando con inteligencia y eficiencia los ingresos. Y reduciendo los gastos innecesarios del Estado. O, lo que es mejor, con una mezcla de ambas cosas.
Los déficits fiscales no sólo incrementan la deuda de un país sino que inciden directamente sobre la vida cotidiana de la gente de a pie. Se recortan prestaciones, se resienten servicios públicos y se generan aumentos de impuestos a la actividad privada.
Uno de los daños colaterales de este merengue es la evasión tributaria que realizan ciertos contribuyentes para no declarar sus impuestos como corresponde. Analistas y medios kirchneristas aseguran que "El verdadero déficit fiscal está en el exterior", según dijo el diario filo-oficialista Ámbito Financiero en un reciente informe.
Está comprobado que un Estado que es gastador compulsivo, y que se jacta de ello como si eso fuera una de las formas de gobierno nacional y popular, genera en los ciudadanos, en particular en los grandes contribuyentes, formas de reacción que a veces se entreveran con lo delictual, como es la evasión.




