Es realmente llamativo el desfase que hay entre los tiempos de la política y el ritmo que exige la realidad. Es decir, entre la lentitud de la administración estatal, para algunos casos, y la rapidez que necesitan nuestros problemas para encontrar soluciones.
Por un lado, hay maniobras de la dirigencia que parecen excesivamente lentas, o directamente frenadas. O hasta modos de ejercer el poder que deliberadamente "duermen" las cosas y las discusiones. Las acomodan y arropan en el interior de sus maquinarias: administrativas, parlamentarias, burocráticas. Por otro carril, asoma lo complejo y urgente de este país que nos rodea.
Y para peor, esa falta de ritmo es ejecutada por quienes no sólo tienen una elevada cuota de poder, sino también una elevada cuota de privilegios. Es llamativo, a veces, lo poco que logran hacer para los demás con ellos.
Ahora, en un país que es (o al menos se muestra como) una bomba de tiempo siempre a punto de estallar; ¿cuánto podemos permitirnos que la política se haya tornado este mecanismo remolón que hoy padecemos? Aún más perezoso, encima, por estos días, en que a nuestros hombres y mujeres de la plana dirigencial los ocupa también su campaña para las elecciones.
Lo que pasó esta semana a nivel nacional, el tratamiento ¡por fin! de un pretendido alivio a los deudores e hipotecados del sistema UVA, es uno de los hitos políticos que representan cabalmente a este fenómeno. Es la formulación gráfica de la dilación absoluta, de la falta de ritmo para tomar el toro por las astas. De que, para cierto sector de la sociedad, tiempo hay de sobra. O así parece.
¡Cinco años! ¡Casi un gobierno y medio tuvieron que pasar, para que este miércoles hubiera una sesión con proyecto unificado! Un gobierno y medio para que pudieran sentarse a discutir (o empezar a hacerlo) una fórmula que pudiera torcer -con más y menos errores, porque tampoco existiría una solución perfecta- un tema gravísimo y de mucho desgaste psicológico para los argentinos.
Algo tan sensible como que un buen día venga un banco y, a instancias de un juez, les arrebate sus casas.
Trauma masivamente al país, pero demora como si no importara. Insisto: la demostración cabal de cuánto cuesta construir, desde la política, soluciones de fondo.
O de semi fondo, bueno.
Al mismo tiempo en que hay gente que no duerme por las noches, o que quedó al borde de un remate, o que comenzó a tomar antidepresivos como única salida ante las crisis de angustia -como le pasó a la familia del mendocino Marcelo Macaluso, que gracias a la Justicia y a su propia tarea, frenó la ejecución de su propiedad en 2021- mientras todo eso pasa, las definiciones se toman todo el tiempo posible.
Otra muestra de la diferencia de ritmos es lo que pasó, también esta semana, pero no tan lejos: en nuestra Legislatura. Nuestros legisladores se votaron, una vez más, su "merecido descanso". Se votaron un receso por dos semanas en las que no tendrán que poner un sólo pie en el trabajo.
¿De verdad? ¿Tan cansados están en la Legislatura de Mendoza? Se entiende que es una tradición -y que atañe también a los empleados de esa estructura, no sólo a las bancas- pero es una tradición que bien podría reverse; porque, sinceramente, ¿tanto agobio tienen para estar medio mes sin ir a trabajar?
A vos, que estás leyendo esto, ¿te dan dos semanas de receso en tu laburo para que recargues pilas? No, ¿verdad?
No.
Y uno se pregunta: ¿cuáles fueron los avances clave que hicieron este año, en empleo, en seguridad, para permitirse un recreo así, un stand by político?
Lógicamente, si los hay -que algunos debe haber- cuesta encontrarlos para el grueso de la ciudadanía. En principio por algo que ya se ha dicho: para la gente de Mendoza, lo que hacen ahí dentro es muchas veces indescifrable, o directamente desconocido. No muchos se enteran, a veces por desinterés, de lo que está ocurriendo en esas cámaras.
Y como el objetivo de esta columna es demostrar que, lo quiera la política o no, la realidad sí avanza -y lo hace más rápido que ella-, hay que fijarse cómo este fenómeno ya empieza a traducirse en votos.
La semana anterior terminó el escrutinio definitivo de las PASO 2023 en la provincia. Y la categoría menos votada fue, precisamente, la de los legisladores. El 25% de los sufragios -unas décimas menos, en realidad- fueron a parar al voto en blanco o nulo cuando se trató de inclinarse por aspirantes a la Legislatura. 24%, si se toma el listado de diputados en la Segunda Sección electoral.
O sea, a un cuarto de los votantes no les pareció necesario, útil, atrayente o eficaz, dedicarles un pequeñito rayón de lapicera.
Para tener un parámetro, en la categoría para gobernador, sólo el 6% fue al voto en blanco y otro 6% al nulo. La mitad.
Y esto puede tener que ver con muchos motivos. Pero al menos uno de ellos, aunque sea levemente, es lo que representan los legisladores para esa persona de a pie que se para frente a su biombo de cartón.
Para muchos, lo que representan es esto: esta imagen que está acá abajo. Es una denuncia del candidato a gobernador Lautaro Jiménez de lo que pasa con los sueldos de quienes detentan todo ese poder y privilegios, frente al sueldo de, por ejemplo, un pediatra.
(En una provincia en donde faltan pediatras).
Claro. ¿Cómo no va a haber un desfase de los tiempos, si las urgencias, al menos las económicas, les pasan a tantos kilómetros de distancia a nuestro representantes políticos?
¿Cómo no va a haber desfase, si el mundo no arde para los que tienen choferes y cobran más de seiscientas lucas?
Con razón parece que falta ritmo.
Y cuando los tiempos de la política son lentos, los tiempos para que de ella emerjan soluciones también lo son. Y cuando demoran tanto las respuestas, si lo sabrá la Argentina, a veces suelen directamente no llegar nunca, y lo dejan a uno medio de plantín. Aún cuando sean cuestiones de fondo, hay veces en las que puede ser totalmente en vano quedarse esperando una solución.
Miremos, si no, lo que está pasando a nivel nacional con los planes sociales y los cortes incesantes de las calles. El martes, miles de manifestantes cortaron rutas en todas las provincias, incluida Mendoza. "Unidad Piquetera" se llama el conglomerado principal de gente que, en buena medida, vive del Estado, pero al mismo tiempo lo combate, porque entiende que ese Estado no les da suficiente (lo cual, obviamente, pero por las dudas lo aclaro, es una discusión válida y distinta).
Como en el país se ha normalizado que los piqueteros organicen escenas bélicas contra ese sistema al que odian, como prima una retórica de guerra entre, por ejemplo Unidad Piquetera y los funcionarios, que vendrían a representar dicho sistema, se dan imágenes como la que aparece aquí abajo. Es el dirigente social y político Eduardo Belliboni, con su grupo, permaneciendo a la fuerza, prácticamente "tomando", las oficinas de Desarrollo Social en Buenos Aires.
Diciendo "ah, ¿no me vas a dar lo que te pido? Entonces me quedo acá todo el tiempo que yo quiera. Te copo el ministerio hasta que a mí se me cante".
Es otra demostración: la realidad sí avanza. Sí te mueve las piezas y te nubla el tablero; sí te copa el mapa y el territorio. Mientras, muchas veces, la política opta por soluciones pasivas (no, con soluciones activas no me estoy refiriendo necesariamente a una actitud represiva).
Mientras Unidad Piquetera se fue de ahí pasadas las once y media de la noche, según crónicas desde Buenos Aires, la queja de muchos funcionarios siguió siendo que no rinden todas las cuentas que deberían rendir, del dinero que les baja el aparato estatal.
El conflicto se aplazó para la próxima, pero ya tomo una dimensión más violenta que en las marchas anteriores. ¿Qué corresponde que hagan en la siguiente, si esta vez ya coparon una dependencia oficial? Mejor no preguntar.
Lo que sí se puede preguntar es qué se va a hacer con un conflicto que es, a la vez, de políticas sociales, y de violencia civil. ¿Qué se va a hacer en lo que queda de 2023? ¿Y en los próximos años, cuando esto tal vez empeore?
Tal vez podría preguntársele a la oposición, pero en parte ya respondieron esta semana. Patricia Bullrich le dijo a Larreta que él perdió el control de las calles. Que con ella, esto no pasaba. Y el larretismo, vía jefe de Gabinete porteño, Felipe Miguel, le enrostró que ella había sido ministra de Seguridad y que tampoco había logrado domar a los piqueteros.
En ese intercambio de alto vuelo, ninguno mencionó que ambos fueron parte del gobierno de Mauricio Macri, que no sólo multiplicó los planes sociales que había durante el cristinismo, sino que además lo hizo en paradójica simultaneidad con la aniquilación del salario y el crecimiento de la pobreza.
Y finalmente, hablando de respuestas ridículas (o que lo parecen), en un mes hay que ir a votar.
¿Sabés cuántos precandidatos a presidente hay?
27.
Escuchaste bien: 27.
Evidentemente somos parte de un sistema que nos ofrece cuadros poco serios.
Somos un paciente que se desangra en la sala de urgencias, pero mientras todos los enfermeros se están preparando el café.
Mal que le pese a los lentos, "el tiempo no para"; como dice esa canción que hace poco cumplió más de treinta años.
Pero en la Argentina, lamentablemente, una vez más, vemos al futuro repetir el pasado.
► TE PUEDE INTERESAR: Se aprobó por unanimidad en el Senado provincial la ley de debate de candidatos a gobernador






