Análisis y opinión

Un domingo de fútbol nos enseñó más de política y de ética que mil discursos

Un grupo de hombres vinculados al fútbol decidió no dejarse ganar por la argentinidad al palo. Ganó la enseñanza sanmartiniana

El hecho político de la semana provino del fútbol. Desde ese ámbito, habitualmente trajinado por sospechas y trapisondas, se hizo alta política.

No fue obra de los políticos con carnet, ni de los pastores de las iglesias, ni de las organizaciones empresariales, ni de los intelectuales, ni de los militantes presuntamente esclarecidos, ni de las universidades.

Llegó desde el fútbol, al que suele definirse como pura pasión, como si para mover una pelota y hacer goles no hiciera falta inteligencia y precisión. Y tuvo la forma de un mensaje de necesario raciocinio. Y, para mejor, de cuño sanmartiniano. Serás lo que debas ser, o no serás nada.

De manera particular, fueron un afamado técnico de fútbol, Marcelo Gallardo, y un equipo, River Plate, los que se ocuparon de refutar el famoso apotegma de que "el fin justifica los (malos) medios", secretamente admirado por tantos.

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¿Cuál argentinidad?

Era el último partido del año en el torneo de la AFA. Dos equipos, Racing y Boca, tenían la posibilidad de coronarse campeón. Otros dos, River e Independiente, contendientes de aquellos y ya sin chances de arañar el título, tenían en cambio la opción de hacer un papel digno, jugando a ganar, sin ningún otro tipo de especulaciones al gusto argentino.

Independiente le empató a Boca. River le ganó a Racing. Este último resultado fue el que quedó en el centro de la sorpresa y de la discusión. ¿Debió River ir a menos ante Racing para no darle a Boca la posibilidad de un nuevo título? ¿Debió Independiente haber arrugado y no jugar con garra frente a Boca?

La argentinidad al palo parece no tener dudas: sí, sí, había que arrugar, mentir, ser indigno y viejo Vizcacha (no le des de qué quejarse a los hinchas) con tal de que Boca no se calzara los laureles.

La Argentina de raigambre sanmartiniana opinó lo contrario. Algo asombroso en medio de tantas agachadas, de tantas mentiras, de tantas componendas maliciosas, de tanta corrupción.

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Marcelo Gallardo terminó de una manera inmejorable su paso por River.

Marcelo Gallardo terminó de una manera inmejorable su paso por River.

El señor Conciencia

River e Independiente hicieron lo que había que hacer. Fueron profesionales, salieron a jugar, a ganar, a dejar su impronta en la cancha.Apartaron las especulaciones, no temieron a los de la barrabrava. Fueron valientes porque "siempre el coraje es mejor".

Fueron fieles a esos millones de argentinos enamorados del fútbol, de esos millones que todavía creen que hay nobleza en ese deporte maravilloso. Eligieron el fútbol limpio, no contaminado. Fue una isla en medio de un mar contaminado.

Todos los que participaron de esta rareza, se fueron a dormir con la conciencia en paz. Ante la duda shakesperiana de ser o no ser, optaron por ser fieles a aquella máxima de Don José de San Martín que enseña que "La conciencia es el mejor juez que puede tener un hombre de bien".

Eligieron la lealtad, la honestidad y la rectitud ética. Imaginemos que, por el contrario, hubiesen caído en la tentación del engaño, de la cobardía, de la peor versión del pícaro, o de la corrupción por plata, Hoy esos técnicos, dirigentes y jugadores estarían en una ciénega en la que se ahogarían de a poco.

Y todos los argentinos que miramos desde la tribuna tendríamos otro motivo más de frustración, como si ya no los tuviéramos con la macroeconomía, con la inflación, la pobreza, los cepos y la mar en coche.

En cambio tuvimos un remanso, una comprobación de que no todo es lo mismo, de que aún hay valores en este contrato social que se llama Argentina.

Cuando San Martín era tironeado para que llevara agua hacia molinos poco edificantes, contestó que su nombre era demasiado conocido como para que él mismo lo manchara con una infracción a sus promesas.

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