Politica Domingo, 30 de septiembre de 2018

"Si el Próvolo no me hubiese afectado habría perdido humanidad"

El fiscal Stroppiana contó que debió hacer terapia para sobrellevar las revelaciones del caso. Dijo que fueron seleccionados los niños más vulnerables.

Con 50 años cumplidos, Gustavo Stroppiana lleva 35 años por los tribunales. Su padre fue el alcalde del centro de detención del Palacio Judicial, por lo que cuando tenía 15 años el ahora fiscal se cruzaba a visitarlo, luego de salir del colegio técnico Pablo Nogués. Ese mundo lo atrapó con pasión sin pensar que un día estaría investigando el caso más importante de la historia de Mendoza: los abusos sexuales en el instituto Antonio Próvolo. Entrevistado por Diario UNO, Stroppiana reveló las dificultades para enfrentar semejante causa.

-¿Cómo hizo para llevar este caso terrible y único? ¿Pudo distanciarse para hacer su trabajo?

-Tuve que recurrir a profesionales para mantenerme íntegro, para hacer esto con responsabilidad. Me parece bien decirlo, porque cuando uno siente que las cosas pueden dificultar la tarea diaria debe buscar ayuda. Esta me ha costado mucho y uno no puede abstraerse porque se queda pensando todo el día en lo que pasó.

-Es imposible ser indiferente...

-Es que si me diera lo mismo, habría perdido mucho de mi humanidad y eso es lo último que quiero. Cuando vino una víctima de Salta que estuvo en el Próvolo de La Plata y contó lo que había sufrido me quebré. Uno, a veces, involuntariamente, larga una lágrima para no perder esa humanidad que hay que tener siempre.

-¿Cómo hizo el cura Nicola Corradi para actuar impunemente?

-Había una sistematización, un proceso de selección de las víctimas porque a los chicos que tenían contención, que tenían a sus padres cerca y pedían explicaciones por el más mínimo problema nunca les pasó nada. Pero había otros chicos más vulnerables, cuyas familias estaban lejos, que fueron cooptados, dormían allí y sufrieron los peores abusos.

-¿Este juicio está ganado tras la confesión de Jorge Bordón?

-No, para nada. Esa condena fue algo muy bueno para la causa pero sobre 14 imputados arreglé la situación de uno solo. Sobre los demás tengo que probar los hechos y la participación. Nos quedan tres imputados para ir al juicio y otros 10 repartidos en dos causas, que debo elevar a juicio. Probar estos hechos va a ser muy difícil. Se trata de cosas que ocurrieron hace 10 años, con este tinte sexual que siempre se da en un ámbito de mucha privacidad, casi sin testigos . Creo que hay pruebas suficientes para decir con certeza que lo denunciado sucedió y que ellos son los responsables. De lograrlo, no será una victoria porque mi función no es ganar un juicio sino buscar la verdad.

-¿Por qué la condena de Bordón no garantiza otras a futuro?

-Porque la confesión de él fue de carácter personal, donde reconoce su participación. No es un arrepentido que colabora ni aporta datos ni pruebas que involucran al resto. Acá él dice que varios de los hechos los habría cometidos con los otros imputados pero ellos podrían decir, en su defensa en el juicio, que Bordón miente para involucrarlos o directamente no reconocer los hechos, que es lo que creo que va a pasar. Entonces vamos a tener que ir a probarlo todo en un debate.

-¿Hay chances de que los curas pacten una pena con usted?

-No lo descarto para nada, pero el caso de los sacerdotes Nicola Corradi y Horacio Corbacho no es el mismo que el de Bordón. Ellos tenían ese estado eclesial que les daba una responsabilidad mayor por la labor, tenían que educar en valores, contener, tenían una autoridad, un poder decisorio y de contralor que Bordón no poseía. Si bien Bordón tuvo la guarda de los chicos por estar a cargo del albergue nocturno, no era él quien tomaba decisiones y no era el último contralor de esto.

-¿Esperaba su confesión?

-En absoluto. La propuesta surgió en el pasillo, instantes previos a la audiencia preliminar, en una charla informal con el defensor. Empezamos a ver que podía ser potable y llegamos a este arreglo que, creo, fue muy bueno en función de lo macro, de ver todo el contexto de la causa, porque la Fiscalía tiene una estrategia. Por eso defiendo este acuerdo y porque, como señalaron los querellantes, confirma que lo que denunciaron los chicos realmente ocurrió.

-¿Le sugirieron como fiscal que el caso Próvolo tiene que terminar en condena sí o sí?

-Para nada, y eso es imposible. A mí me pueden exigir que ponga el mayor esfuerzo, pero parte de mi trabajo es que si hay una persona a la que tengo que pedirle el sobreseimiento porque no hay pruebas suficientes o es inimputable, la ley me obliga a hacerlo. La aplicamos con uno de los principales acusados, que tenía una discapacidad y era inimputable. Con Corradi también: cuando fue detenido, yo mismo pedí la prisión domiciliaria para él porque los informes me decían que su salud era precaria y que estando en la Penitenciaría podía agravarse y morir. Entonces como ya estaba detenido y sujeto a proceso yo no iba a dejar que muriera. El Estado tiene que garantizar su integridad física y que llegue a proceso; esos son los derechos constitucionales.

-Cuando le dijeron que debía tomar el caso ¿que sintió? ¿Orgullo, miedo, ganas de salir corriendo?

-El procurador Alejandro Gullé me dijo: 'Quiero que lo llevés vos', y no me dio ninguna razón ni explicación. Sabía que era una causa muy compleja, muy larga, porque se sumaban cada vez más denuncias y detenciones. Pero ahora, cuando hago una retrospectiva, nunca imaginé que todo esto iba a ser tan complejo y que nos iba a demandar tantas horas, esfuerzos y trabajo con un equipo de gente que ayudó muchísimo. Al principio tuve algo de miedo porque yo llevaba un año como fiscal, era un desafío muy grande, pero Gullé insistió y él es el jefe de los fiscales y uno tiene que estar listo.