Especie de Guasón senior del Conurbano, Alberto Samid (71), el Rey de la Carne, es mucho más que ese empresario turbio del que ahora todos hablan tras haber sido recapturado en Belice. Hacia ese paraíso había escapado de la Justicia, investigado por asociación ilícita y evasión.
Samid es la quintaesencia de esos tipos audaces y caricaturescos que usaron con maestría trapera el escudo del peronismo a fin de hacer fortuna, y que en ese trayecto (nacional y popular, claro) dejaron sentado un estilo entre guarango y paternalista, que ya es marca registrada.
Descendiente de inmigrantes sirios, nuestro personaje fue siempre un adalid de la viveza criolla, un gran piola argentino.
Podría haber sido comisario de la Bonaerense, sindicalista al estilo moyanista o gerente de la industria de la bailanta, pero fue empresario de la carne y de los frigoríficos. El diría: y a mucha honra.
McDonald´s a la Argentina
En la zona donde están la mayoría de los votos de la Argentina, y cuyo epicentro es La Matanza, Samid extendió la cadena de carnicerías La Lonja y una versión peronista de los McDonald´s, llamados MacRey.
Podría decirse que este señor ha logrado erigirse como un un self made man, esto es, alguien que se inventa a sí mismo y termina influyendo en los demás gracias a la plata y al carisma.
Los "barones" del Conurbano, como se denomina a los históricos intendentes peronistas acostumbrados a las reelecciones a perpetuidad, hicieron muy buenas migas con Samid.
El empresario y los políticos se ayudaron mutuamente porque para un peronista no hay nada mejor que otro peronista, sobre todo si el compañero es un avispado del año uno y rápido para los negocios.
Piñas van, piñas vienen
Samid llegó a ser diputado bonaerense, asesor del presidente Carlos Menem (del que luego se peleó), y un payasesco personaje mediático que no dudó en agarrarse a las piñas con Mauro Viale frente a las cámaras de TV y de haber bailado, como el traste, en el show de Marcelo Tinelli.
Ex socio del procesado kirchnerista Cristóbal López, Tinelli se califica hoy de peronista posgrieta y posible candidato a gobernador bonaerense del presidenciable Roberto Lavagna.
Cuando el carnicero Samid ingresaba al Bailando lo hacía con una bandera argentina a modo de poncho mientras una estruendosa Marcha Peronista le ponía calor popular a la performance del participante.
Tinelli disfrutaba como loco del personaje que se había cargado. Samid venía a completar esa nave de los locos que incluía a otros notables como La Mole Moli o La Bomba Tucumana.
Ahora uno escucha a Tinelli decir que en realidad él siempre ha sido peronista y quien lo oye no puede menos que esbozar una sonrisa socarrona. Ponele, Cabezón, dan ganas de decirle.
Este final anunciado de Alberto Samid, esposado y entre rejas, le da algo de coherencia republicana a una historia donde la vista gorda de la Justicia y de los amigos de la política fue escandalosa.
Samid, ante los jueces, dice ahora que la posibilidad de caer preso lo hizo entrar "en una situación de pánico" lo que lo llevó "a tomarse unos días de vacaciones" justo cuando estaba citado por la Justicia.
Algo especial debe tener el Caribe que lleva a que varios personajes argentinos que ostentaron el poder elijan ahora sus playas como sitios más acogedores que los estrados judiciales.
Lo único que falta es que aparezcan en las redes y en los diarios nuevas solicitadas de ciertos compañeros peronistas donde en vez de exigir "¡Con los hijos, no!" en defensa de Florencia Kirchner, cuestionen "la persecución judicial" de Samid bajo el lema "¡Con los carniceros, no!"
