Solito su alma, el radical Rodolfo Suarez dio la nota política al alinearse con Alberto Fernández y autorizar las salidas recreativas en Mendoza mientras otros pares de provincias con mucha población cuestionaban la decisión presidencial.
Los porteños, con un contundente Larreta, dijeron: ni ahí, no es momento, están creciendo los casos. Lo mismo le contestó el “bonaerense” y cristinista Axel Kicillof al Presidente, aunque en este caso es difícil conocer las verdaderas razones.
No, macho, plantearon los cordobeses de Schiaretti con la clásica tonada y la singularidad política que los caracteriza. Y la misma onda curtió el santafesino Omar Perotti, ese gobernador peronista que es más famoso por las locuras que dice su ministro de Seguridad, Marcelo Sain, que por su obra de gobierno.
Los fab four
Estamos hablando de los cinco gobernadores con mayor número de habitantes en sus Estados. Que cuatro de ellos no le hayan llevado el apunte en esto de abrir las caminatas recreativas es el primer gran cortocircuito en esa armonía que había generado la pandemia entre el Presidente y los gobernadores oficialistas y opositores. Bueno, man, la uniformidad a veces aburre.
El domingo 26 de abril a la noche, tras el discurso de Alberto Fernández en cadena, comenzaron los peros desde varias provincias grandes, como si hubieran sido sorprendidos en su buena fe.
Bah, contestó Alberto, si yo se los adelanté en la teleconferencia que tuvimos el sábado. Vaya uno a saber. A lo mejor se los dijo elípticamente.
Probando, probando
Algunos analistas creen que el Presidente tantea varias salidas para afrontar la creciente crisis económica que deriva del coronavirus. Y que en ese entendimiento hay que ubicar esto de la recreación.
Lo concreto es que el lunes Alberto mostró cierto fastidio cuando empezaron a llegar los cuestionamientos y por lo bajo lanzó algunas infidencias de la teleconferencia. Por ejemplo dijo que algunos gobernadores le pidieron cosas más delicadas, como reabrir la industria automotriz.
Sin embargo el mandatario aclaró que no estábamos ante un conflicto, sino simplemente ante “un punto de tensión”. Nada como la verba inflamada y presta para el retruécano.
Como para darle letra al Presidente, el ministro de Salud, ese al que todos le dicen por el nombre (Ginés) y no por el apellido, vertió, como un payador: “Los gobernadores están reacios a soltar las riendas”.
Que no decaiga
Larreta, el opositor civilizado, refutó: “Este es el peor momento para incrementar la circulación de gente. Llevamos 5 días de aumento exponencial, no lineal, de casos en la Ciudad”.
Desde Santa Fe sugirieron que Alberto está tratando de que el ánimo de la gente no termine mutando en algo anti gobierno y admitieron que el hombre de la Rosada está muy forzado por diversos factores de poder. Y dispuesto a que no se le caigan las encuestas.
En Mendoza la aceptación de la recreación, con un protocolo made in Suarez, tiene tal vez su mayor basamento en que aquí durante una semana no se registraron nuevos casos y que estamos muy lejos del número de infectados en CABA o Santa Fe.
Es que una cosa es tener algo más de un millón de habitantes en el Gran Mendoza y otra juntar 14 millones entre CABA y los varios cordones del conurbano bonaerense.
Misterioso Rody
Otros sospechan que Suarez es más zorro que lo que sugiere su reservada labia y que ha decidido mantener un aceitado feeling con el gobierno nacional por lo que putas pudiera, como se dice en la calle cuando se aguardan tormentas.
A través de su ministro de Hacienda, Suarez ha admitido los graves problemas de caja derivados de la fenomenal caída de la recaudación de impuestos y de los vencimientos de deuda que se están produciendo.
El costado más triste ha sido el reconocimiento público de que a partir de mayo peligrará el pago normal de los sueldos en esta provincia, además de que los pagos a los proveedores ya están en un parate. “Muy lejos, sin embargo, de aquel desastre que nos dejó Paco Pérez” según se apuró en señalar el ministro Lisandro Nieri.
Nunca es triste la verdad. También es cierto que al gobernador Suarez no es muy fácil seguirle el hilo conductor. Quizá sea porque no es afecto a la elocuencia verbal o porque no responde a la transitada maqueta que tenemos de un político.
Es muy probable que nos debamos acostumbrar a estar no digo que con el corazón en la boca, porque sería una injusta exageración ya que no estamos ante un audaz ni un imprudente, sino ante un hombre que el destino ha decidido probarlo cambiándole muy seguido los libretos de la realidad.
