Análisis y opinión

Por qué el peronismo no ha vuelto a generar operadores como "El Chueco" Mazzón

Al operador político Juan Carlos Mazzón le fascinaba la tramoya partidaria, la rosca, los bastidores, toda esa orfebrería que requiere de una habilidad especial

Durante varios años el operador político del peronismo Juan Carlos Mazzón, apodado El Chueco, atendió mis llamados telefónicos en busca de información política sobre el peronismo. Esa relación profesional se acrecentó en la presidencia de Eduardo Duhalde y, en particular, durante la administración de Néstor Kirchner. Los contactos eran los sábados al mediodía. Mazzón ya estaba consagrado. Portaba chapa de operador que trabaja fuera de los reflectores, es decir alguien inevitable para los periodistas que buscan conocer la entretela partidaria.

Hablaba pausado, cuidaba sus palabras, pero poco a poco su conversación se animaba. Por tramos era campechano, en otros más formal. Se esforzaba para que su interlocutor pudiera irse con algo productivo a los fines periodísticos. A veces soltaba una risa casi infantil. Era especialista en adelantar lo que iba a ser tendencia política.

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En Buenos Aires se referían a Mazzón como "el mendocino", pero en realidad era santafesino. Se había instalado en nuestra provincia de joven cuando vino a estudiar ingeniería en petróleo. Aquí se enamoró, formó familia, tuvo hijos y desarrolló sus habilidades políticas desde fines de la década del ´60, siempre entre bambalinas. Sin reflectores. A los operadores ahora les llaman "armadores políticos".

Experto en rosca

El Chueco (apodo que aludía a sus dificultades para caminar debido a que padecía osteomielitis, una afección a los huesos) nunca fue famoso entre los votantes de a pie. En cambio tenía lustre en el entramado dirigencial y la militancia más informada. No le gustaban los cargos formales. Prefería la tramoya partidaria, la rosca, los bastidores, toda esa orfebrería que requiere de una habilidad que muy pocos dirigentes poseen. Su labor solía ser tema de conversación entre los entendidos del juego político.

Fue un especialista en la confección de las listas de candidatos. Cuando se aproximaba una elección él vivía su momento de módica gloria. Ni hablar si el peronismo ganaba, que era su objetivo de máxima, así fueran peronistas de izquierda, de centro o de derecha.

Esa fama se extendió a todo el país. Lo llamaban los peronistas de todos lados. Su especialidad era definir qué postulantes tenían más posibilidades de arrastrar votos ya fuera en Jujuy o en el Conurbano bonaerense.

Mazzón siempre fue un ortodoxo del peronismo. Su formación ideológica tuvo rasgos de la derecha peronista, pero sin embargo supo navegar en las distintas aguas que fue probando su partido. Los progres solían cuestionarlo y segregarlo, pero cuando se tomaban el trabajo de conocerlo, cambiaban de opinión. Mazzón se acercó a los renovadores del peronismo mendocino, pero también al menemismo, el duhaldismo y el kirchnerismo.

Su casa de Godoy Cruz era famosa. "Queda detrás del Hiper Libertad" solían indicar para guiar a los interesados en llegar a esa modesta Meca peronista. Allí, él oficiaba de gurú. Cuando a partir de 2002 se instaló en el primer piso de la Casa Rosada con Duhalde como presidente, inició un periplo ininterrumpido que se extendió hasta marzo de 2015. Esa fue la etapa más porteña de Mazzón.

Juan Carlos Mazzón, superoperador kirchnerista.
Juan Carlos Mazzón se acercó a los renovadores del peronismo mendocino, pero también al menemismo, el duhaldismo y el kirchnerismo.

Juan Carlos Mazzón se acercó a los renovadores del peronismo mendocino, pero también al menemismo, el duhaldismo y el kirchnerismo.

Cristina lo echó

Durante cuatro presidencias (Duhalde, Néstor Kirchner, y las dos de Cristina) su oficina en la Casa de Gobierno fue como la sala de espera de un consultorio médico de pueblo: siempre llena. Una variopinta paleta de tonadas de provincias delataba el origen de los visitantes. Dirigentes de todo el país peregrinaban a lo de Mazzón en busca de ayuda, consejos, o sólo para que los escuchara alguien que conocía las realidades del interior del país. Y, claro, para que los tuvieran en cuenta en la próxima elección.

Antes de tener oficina fija en la Rosada, había sido asesor itinerante de Carlos Menem. De todos ellos, con el que tuvo mejor conexión fue con Néstor. Hasta marzo de 2015 Cristina sostuvo a Mazzón porque Néstor le había insistido que no desaprovechara la habilidad del Chueco para armar candidaturas y para convencer gente. Pocos como este mendocino conocían casi al dedillo las internas del peronismo en todas las provincias.

Cristina Kirchner discrepaba de la manera en que Mazzón sugería la lista de candidatos en Mendoza. Le dio a entender que no necesitaba de ningún operador para que le dijera cómo usar el dedazo para ungir candidatos. Le faltó decir "y menos si es de Mendoza".

El despido no se lo comunicó personalmente. Lo mandó a Carlos Zannini para que le dijeran que no iba más. Mazzón trató de hablar con la Presidenta pero se lo impidieron tanto Zannini como Oscar Parrilli. Con éste último había tenido algunos desacuerdos. El "mendocino" quería que Cristina le explicara en qué había fallado, pero la entonces Presidenta no lo recibió. Y tuvo que partir al "exilio" interior.

Su partida coincidió con ese momento en que Cristina había empezado a desprenderse de aliados molestos. Quería reinar sólo con los incondicionales. Pero ese año la dama perdió las elecciones presidenciales ante Macri en segunda vuelta, con Daniel Scioli como candidato peronista no querido.

Fue precisamente Scioli quien lo rescató a Mazzón y lo llevó a trabajar con él en un tramo de la campaña presidencial, pero en un puesto que no tuviera exposición para que Cristina no se fuera a enojar. Mazzón murió el 8 de agosto de aquel 2015, antes de las PASO. Tenía 71 años.

Empaquetado

Los "armadores" políticos siempre han existido, pero ahora no a todos les gusta trabajar en la "clandestinidad". En la actualidad prende más el exhibicionismo.

El armador tradicional disfrutaba de su anonimato porque era consciente de que esa falta de protagonismo favorecía su trabajo. Una labor de relojería necesitaba esa cosa recoleta. Por eso no figuraban ni en los títulos del reparto. De ahí su atractivo como personajes.

Hoy, en cambio, el armador político es como el "curador" o la "curadora" en las artes plásticas: quieren ser igual o más importantes que el artista propiamente dicho.

Le dejo otro dato que debería hacer pensar a las feministas. Repase usted, lector/a, la lista de armadores políticos y prácticamente son todos hombres. ¿Es machirulismo?. ¿Es necesariamente una tarea de hombres? Claro que no. Siendo que siempre se dice que las mujeres tienen mejor predisposición para el acuerdismo o para el entendimiento, es llamativo que si hay armadoras, no se hable de ellas.

En el peronismo de Mendoza se extraña la presencia de nuevos "Mazzones". La vertiente del kirchnerismo que aún sigue gobernando al PJ provincial ha tercerizado, a pesar de la apabullante sucesión de derrotas, hasta la labor de los operadores políticos. Ahora viene todo dictado y empaquetado desde el Instituto Patria.

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