Análisis y opinión

¿Podrá?

El plan de Javier Milei no tendrá gradualismo. Además, representa algunas ideas con las que no nos fue bien. ¿Hay motivos para creer que reducirá el impacto social de su programa? Sí

La pregunta es básica: ¿Será capaz de arreglar la Argentina, tal como prometió?

Adentro de ese interrogante viven otros. Y sabiendo que su programa incluye un huracán que antecede a la calma; sabiendo que está por llovernos una política de shock, surge esta segunda pregunta, todavía más importante:

¿Podrá hacerlo con el menor costo social posible? ¿Con el menor dolor posible?

Aunque muchos dén eso por descartado y sean extremadamente pesimistas sobre el futuro, también hay indicios para creer que sí. Que podrá.

Estamos a punto de contrastar a la leyenda con la realidad. A punto de que Milei deje de ser sólo lo que dice para ser lo que hace; lo que gestiona. Lo que es, en definitiva.

Y no es poco, porque el nuevo Presidente electo prometió más que una “mejora de indicadores”. Prometió fisurar la historia en dos, directamente: antes y después de su llegada. Que el que no quería trabajar tenga ganas de generar su propio ingreso; que el que era pobre deje de serlo; y que, ya en términos más específicos, el que hoy gana 250 mil pesos pase a recibir salarios de 1.800 dólares al final del recorrido.

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En un sondeo finalizado este miércoles, se devela que Javier Milei arranca su gestión con imagen positiva del 57%.

En un sondeo finalizado este miércoles, se devela que Javier Milei arranca su gestión con imagen positiva del 57%.

Y eso no es todo: el combo traería, encima, una inflación normalizada, tras 17 años de tenerla como problema irresoluble. Y, como si fuera poco, atajándola justo a las puertas de una híper, dice él. Sacándola en la línea. Sería aún más espectacular la gesta.

Claro, la promesa es sensacional. Por eso esta pregunta, aunque breve, tiene ese mismo porte gigantesco que el futuro invocado:

¿Podrá?

¿Sabe tanto y está tan bien rodeado como para ser capaz de hacerlo?

Y otra cosa: ¿Lo dejarán?

Cuando sus adversarios lo combatan; ¿lo harán por buena fe o simplemente movidos por sus ganas de tomar o recuperar el poder?

En ese combo vive nuestro enigma. Ahora intentemos responderlo:

Si nos centramos en su plan económico, no vamos a obtener una conclusión satisfactoria; porque ni aun siendo técnicos, especialistas, entendidos en teoría monetaria, podemos saber qué le depara el futuro a esto que Milei va a aplicar.

Es por eso que la pregunta más apropiada respecto a su plan parece la que planteaba al principio:

Conociendo las bases de lo que propone, si toda esta calma vendría sólo después de seis meses o un año muy intensos, ¿podrá lograrlo con el menor costo social posible? ¿Con el menor dolor posible? ¿Sin que las capas y capas de la Argentina que ya es pobre no se engrosen todavía más con los nuevos desplazados, ahora por su política de shock?

Como las respuestas no son absolutas, vamos a los indicios.

Pero antes, un interrogante más, crucial: ¿Le importa?

A Milei, ¿es algo que le interese frenar todo ese golpe que su política de ajustar 15 puntos del PBI y cambiar el paradigma empresario-estatal podría generar?

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De izquierda a derecha -probablemente-: Murray, Milton, Javier Milei, Robert y Lucas.

De izquierda a derecha -probablemente-: Murray, Milton, Javier Milei, Robert y Lucas.

Milei encarna el primer gobierno liberal libertario de toda la historia de la humanidad: es un experimento jamás probado, regándose sobre un país que ya de por sí está en carne viva, (o sea: lo que venga será post-napalm).

Y más aún: Milei parece representar al capitalismo salvaje. El que ya ha fallado y dejado heridas gravísimas e imborrables en la Argentina. Como la pobreza estructural que nos legó Carlos Menem y que cumplirá 35 años entre nosotros, por ejemplo.

Como si fuera poco, su nuevo aliado -al menos ideológico, ya se verá en el gobierno- es Mauricio Macri, cuya política económica desplomó el salario y generó el cierre de 25 mil pymes, dicen los que estudiaron con método esos números.

¿Entonces qué contemplaciones tendrá? ¿Hay formas de llegar al cierre de su propuesta, a los beneficios que nos esperarían, sin que nos mate el desierto que está en el medio?

Con los reparos expresados más arriba, es posible pensar que sí.

Quizás es sólo lo que uno busca creer. Pero con los elementos que se tienen a mano, me atrevo a responder la pregunta: Milei no quiere -y por lo tanto buscará evitar- una masacre de pobreza:

  • Uno: aseguró que no eliminará los planes sociales. Déficit es déficit y, sin embargo, no recortará por ahí, porque dice que sería ir contra las víctimas de la sociedad y que acá los que tienen que pagar son los victimarios. Y en esto hay otro dato que, siendo Milei, se torna aún más valioso: jamás cambió su discurso en ese sentido. Fue y vino en varios temas; sobre otros tópicos, dijo y se desdijo. Pero en este siempre manifestó lo mismo: “No los toco”.

  • Dos: bajó -según afirma, habrá que ver si cumple- su idea de vouchers educativos y de arancelar la salud (que sí está en su plataforma de gobierno esto último, aunque lo nieguen). Eso implica que, a pesar de ser un férreo abonado a la teoría, un talibán de su escuela económica, la cabeza de Milei sí contiene matices. Tiene intenciones de sostener lo que, aunque sea estatal, no puede tocarse.

En esos dos puntos ya asoma que Javier Milei posee una noción de lo innegociable.

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Otra incógnita argentina: ¿Adónde irán las dentelladas del hombre-motosierra?

Otra incógnita argentina: ¿Adónde irán las dentelladas del hombre-motosierra?

  • Tres: es muy subjetivo, aclaro. No veo en él a alguien que se haya metido en esto por mero deseo de lucro; de hacerse multimillonario. Veo, como les pasará a muchos, a un tipo sin los vicios del poder ni de la política. Y ergo, si no fuera ni por poder ni por plata, tiendo a pensar que lo movió hacia la presidencia de la Nación es la búsqueda de un bien finalmente colectivo. Una transformación a la que considera buena. Ojo, siempre sabiendo que lo hará bajo sus formas y que esto no será inocuo.
  • Por último y es fundamental: el tipo no come vidrio. Sabe que aún la más fría ortodoxia necesita consensos básicos. Más en un país como la Argentina. Consensos de la sociedad y del poder político. Y que, si tensa la cuerda y despliega sobre el país una doctrina de antipatía total, no va a llegar a su objetivo.

Javier Milei es por ahora pura fuerza potencial. La promesa más ambiciosa de los últimos 70 años flotando sobre nuestras cabezas. Pero encima generó un banque y una esperanza que yo no sé si había visto jamás en torno a un presidente que aún no asume.

Todo esto ocurre en un país no aguanta una decepción más.

Por eso la pregunta se repite una y otra vez, con sus posibles respuestas y con los nuevos interrogantes que ella misma genera:

¿Podrá?

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