Es el peronismo mendocino. No lo entenderías. No ganan una elección de gobernador desde 2011 y arrastran un presente módico. El año pasado sólo cosecharon el 14,7 % de los votos en las elecciones provinciales y perdieron la bandera de principal oposición a manos de Omar De Marchi y su convoy electoral “La Unión Mendocina”.

Ese subsuelo es el nuevo punto de partida peronista.

Las opciones no son generosas en el futuro inmediato. Pero es el peronismo. Nunca hay que darlo por muerto, ni descartarlo.

El grado de confusión en el justicialismo es de tal magnitud, que algunos dirigentes oscilan entre ser aliados tácticos del gobernador radical Alfredo Cornejo recreando la Concertación de 2007, o abrazarse al ex integrante de Cambia Mendoza y ultra opositor De Marchi. A esto hay que agregar las desconfianzas y los enfrentamientos internos. Uno de los dirigentes consultados para trazar este panorama lo describió con precisión: “El peronismo es como un baile de disfraces donde nadie se quita la careta. Entonces, te cruzás con Superman y le tenés que pedir que te diga quién es, y si viene de parte de Cornejo o De Marchi…” Penoso y realista. No hay un proyecto político conjunto ni liderazgos claros en el partido que polarizó con la UCR en casi todas las elecciones provinciales desde 1983. Ustedes eran pequeños, pero este mismo PJ y sus antepasados inmediatos ganaron cinco veces la gobernación de Mendoza, desde el regreso de la democracia.

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Acto de cierre de campaña, el año pasado.

Acto de cierre de campaña, el año pasado.

En el peronismo mendocino reina un clima que alterna diálogos más, menos o nada sinceros, ganas de acordar por amor o por espanto, y sospechas solapadas. Un acto central que discurre entre mesas invisibles de dirigentes encapsulados en un drama de cuatro interrogantes que no logran resolver: qué les pasó, cómo seguir, por qué no pueden expresar la “mendocinidad”, y por qué la mayoría del electorado que los bendijo hasta hace 13 años ahora los repudia de modo que los sigue considerando “el problema”. Sobre esto último se pueden ensayar respuestas: la economía penosa y la mala gestión de Alberto Fernández, el hartazgo de una mayoría considerable de la población con el kirchnerismo, y en un tercer plano los casos de corrupción de los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, con la ex presidenta y ex vice como condenada estelar. Gran dilema, porque CFK aún es la dirigente más importante que tiene el peronismo.

La confusión alimenta miedos. La mayoría de los dirigentes peronistas de Mendoza se ha sumido en el silencio y escasamente hablan de política, mientras administran una cuota de representación institucional de siete intendencias, diez senadores provinciales, y varios diputados divididos en distintos bloques: siete del Partido Justicialista que está “loteado” entre La Cámpora y los poderes territoriales, uno de “Renovación Justicialista” que le responde al ex intendente de Tunuyán y actual diputado nacional Martín Aveiro, la dirigente de los productores Gabriela Lizana -massista- en su bloque “Partido Renovador Mendoza Línea Nacional” y finalmente el diputado filo-kirchnerista de Protectora, José Luis Ramón. En el Senado de la Nación cuentan con la senadora kirchnerista y mano derecha de Cristina, Anabel Fernández Sagasti. Mientras que en la Cámara de Diputados, los que cuidan los trapos del peronismo mendocino son la sanrafaelina Liliana Paponet, el maipucino Adolfo Bermejo, y el ya citado Aveiro. Las piezas están en el tablero, pero el juego no es tan visible como un ajedrez de blancas y negras. Veamos.

Peronismo mendocino en dúplex

Hay dos grandes grupos peronistas en actividad y enfrentados entre sí: Los intendentes (no son todos, pero sí los de mayor peso) y el kirchnerismo. Esto es algo así como la décima temporada de una serie de peleas, con matices y altibajos. Algunos intentan un juego propio, como Martín Aveiro, aunque el resto del poder territorial no kirchnerista lo tiene ubicado como un satélite de La Cámpora: “Es la segunda marca de Anabel”, dicen con sorna. Cuando le mencionan estas descalificaciones, Aveiro ríe y se corre de la pelea mientras intenta construir con distintos sectores. "Respeto mutuo no es ser lo mismo" suele aclarar, cuando alguien le pregunta por su cercanía con los kirchneristas mendocinos.

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Anabel Fernández Sagasti, la peronista mendocina de mayor rango institucional.

Anabel Fernández Sagasti, la peronista mendocina de mayor rango institucional.

Todos andan en una tarea parecida: Juntar ladrillos para una construcción de la que no hay plano y los maestros mayores de obras se chocan en el andamio. El PJ se rearma pero confunde los caballos y el carro, y el orden en que deben ir. ¿Qué es primero? ¿acumular poder interno para las candidaturas del año próximo, o decidir qué son, qué les van a proponer a los mendocinos y de qué lado están? Esto, pensando en que tienen muy poco tiempo para convencer a la sociedad local de que pueden ser un partido mendocino capaz de convertirse en una alternativa a Cambia Mendoza, y gobernar.

Hay un eje claro “Maipú-San Rafael”. Matías Stevanato y Emir Félix armaron un tándem que tiempo atrás no habría sido posible. Omar Félix y Adolfo Bermejo desde sus lugares institucionales apoyan este armado, pero Bermejo tiene lazos de amistad fuerte, muy profunda con uno de los kirchneristas más notorios de la provincia, el ex legislador y ahora abogado en el llano Lucas Ilardo. Félix y Stevanato hablan todo el tiempo, todos los días. Y van “juntando” voluntades y gestionando afinidades con el resto de los jefes comunales y con los grupos más diversos. Recogen patrullas perdidas en los departamentos e incluso escuchan a los “cayetanos”, dirigentes de los movimientos sociales -algunos no son peronistas y militan en partidos de izquierda- pero que en cualquier interna o en unas PASO “pueden arrimar el 4 % de los votos”, como dijo uno de los consultados.

Félix y Stevanato están en relaciones con todos los grupos excepto kirchneristas irreductibles. Conversar no es lo mismo que contener… No hay quién reparta algo, ni nada para repartir. No hay plata. Semanas atrás, Omar Felix advirtió en una reunión de intendentes que si la recaudación sigue cayendo con las comunas afrontando mayores gastos, en julio habrá problemas para pagar los sueldos municipales. No sería el caso de San Rafael. Las buenas gestiones de los hermanos Félix ahorraron doce masas salariales, aunque debieron gastar una parte en terminar el gasoducto que pasa unos 40 kms al norte de la Villa Cabecera y lleva un 90 % de avance, y para el que el gobierno nacional dejó de poner dinero. Juicio a Nación en puerta. Los sanrafaelinos probablemente estarán bien. Pero en las comunas más chicas que dependían en buena medida de la voluntad del gobierno justicialista anterior, el futuro inmediato es de sequía y recursos escasos.

No sobra nadie

La desconfianza es uno de los mayores males del peronismo mendocino. No se quieren, pero se necesitan. Stevanato, Félix, los kirchneristas, Aveiro, los otros jefes departamentales incluida Flor Destéfanis y Fernando Ubieta, saben que el futuro inmediato es con todos adentro. Partir al medio al peronismo no es una posibilidad. Tampoco lo es abrazarse a La Unión Mendocina. Expertos en las peleas políticas con el cornejismo, los peronistas de mayor peso no le auguran futuro a la nueva oposición. Creen que De Marchi ya no podría conducir las ambiciones de sus socios en unos cuántos meses más, y que figuras prominentes del espacio como el ex intendente Daniel Orozco (fue candidato a vicegobernador) y su esposa la suspendida diputada Janina Ortiz serán condenados por corrupción. La experiencia neo opositora terminará mal y el tiempo pondrá en su lugar otra vez al peronismo. La pregunta es… ¿para qué? Y es lo que incluso a los justicialistas les cuesta resolver.

Es imposible hablar de los alineamientos dentro del PJ sin mencionar a Carlos Ciurca, el armador más exitoso que tiene el peronismo, muerto Juan Carlos “Chueco” Mazzón en 2017. Ciurca es querido y malquerido, respetado, temido y necesario al mismo tiempo en partes proporcionales. Cuando "metió mano" en las estrategias internas del partido le fue bien. Fueron más las que ganó, que las derrotas. Así fue ministro clave, vicegobernador, así construyó una alianza interna exitosa con Anabel Fernández Sagasti hasta que una misteriosa pelea los dividió el año pasado. La derrota personal por la intendencia de Las Heras en 2015 lo excedió y ahora funciona en la órbita de Matías Stevanato como armador, algo que el intendente de Maipú no va a reconocer salvo bajo tormentos. Cuando le preguntan, dice que Ciurca hace su propio juego.

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Carlos Ciurca y su esposa, la diputada Verónica Valverde.

Carlos Ciurca y su esposa, la diputada Verónica Valverde.

Stevanato y Emir Félix (más que Omar, que está ocupado en la gestión de la intendencia en San Rafael), tienen grandes obligaciones con el peronismo. Son los conductores de los distritos electorales más extensos y poblados que gobierna el PJ. Luego, cabría ver las apetencias de cada uno. Es temprano, pero Stevanato es un probable candidato a gobernador, tal vez acompañado de la presidenta del partido e intendenta Flor Destéfanis o de un kirchnerista puro. Matías se reservó desde el año pasado el papel de reconstructor. Comenzó a auto percibirse de ese modo desde que advirtió que el peronismo fracasaría en las elecciones provinciales. Fue reelecto en su departamento con el 53,5 % de los votos el domingo 3 de setiembre del año pasado. Tres semanas después, la fórmula provincial que encabezaron Omar Parisi y Lucas Ilardo no llegaba en Maipú al 15 % de los votos.

Hay una cuestión de piel sin resolver entre Stevanato y el kirchnerismo. Nunca se amaron. Lo actual es que los K sospechan que el intendente ayudó de modo indirecto a Omar De Marchi en la elección de gobernador de 2023, algo que Stevanato negó y negará de por vida. “Nunca tendrán esa foto” suele decir. Las suspicacias son imposibles de evitar. El 9 de octubre del año pasado hubo un acto en el salón del Colegio de Farmacéuticos en Godoy Cruz. Vino el entonces ministro Gabriel Katopodis para apoyar la campaña que promovía a Sergio Massa-Agustín Rossi como fórmula presidencial, y a Martín Aveiro, Amalia Granata y Pablo Portuso como postulantes a diputados nacionales. Sólo Aveiro llegó al Congreso. Los que se quedaron limpiando el salón esa noche recogieron miles de papelitos futboleros a lo “Clemente”, que eran recortes de folletería de La Unión Mendocina. ¿Error, confesión, provocación? Hay fotos reservadas que sólo se usan en clave de venganza. Los kirchneristas juran que fue la militancia de Maipú la que llevó esos papelitos. Del otro lado, lo niegan. Aquel acto brindó lo que podría ser la última foto existente del peronismo mendocino más o menos unido. Aparecen el “eje” Matías Stevanato-Emir Félix, la kirchnerista Anabel Fernández Sagasti, los intendentes electos y reelectos en algún caso Edgardo González, Flor Destéfanis, Fernando Ubieta, Celso Jaque, y Emir Andraos, los por entonces precandidatos a diputados nacionales Martín Aveiro, Amalia Granata y Pablo Portuso; Lautaro Cruciani del Movimiento Evita, Gabriela Lizana por el massismo, el ex intendente de Lavalle Roberto Righi volviendo de su aventura extra partidaria con La Unión Mendocina, y Gabriel Katopodis.

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Ex ministro Gabriel Katopodis y varios dirigentes mendocinos del peronismo, en un acto en octubre de 2023 para promover las candidaturas nacionales.

Ex ministro Gabriel Katopodis y varios dirigentes mendocinos del peronismo, en un acto en octubre de 2023 para promover las candidaturas nacionales.

Es verdad que Omar De Marchi -integrante del gobierno de Javier Milei como secretario de relaciones con el Parlamento- y el intendente de Maipú Matías Stevanato fueron cercanos. Pero ahora los separa un abismo. El lujanino estalló de furia cuando supo que los intendentes del PJ mandarían a votar la suspensión de su aliada Janina Ortiz e incluso se lo recriminó a Stevanato. ¿Hubo algún puente invisible entre el peronismo "de gestión" y el gobernador Alfredo Cornejo, tal vez a través de Carlos Ciurca, para conseguir esos votos que excluyeron a Ortiz de la Legislatura? Si es así, será uno de los tantos secretos bajas calorías de la política doméstica, que los hay. Luego, las modificaciones que Cornejo aceptó al proyecto de reforma del Código Minero a propuesta del peronismo alimentaron las teorías conspirativas, que siempre son las más divertidas (Nota mental: Para que quede claro, bien suspendida está la diputada Ortiz, sospechosa de delitos gravísimos contra la administración pública, de coacción y de encubrimiento, y experta en evadir a la justicia).

No lo van a admitir en público porque todos se necesitan, pero la verdad es que Stevanato y los Félix prefieren un peronismo en que La Cámpora no tenga preponderancia, ni candidaturas importantes. ¿Y el kirchnerismo está empeñado en conducir? No. Sólo quieren estar, que los respeten, y que no intenten borrarlos del mapa. Sin ellos, el peronismo no gana. Aunque con ellos tampoco alcanza.

Pese a que algunos se esfuerzan en remar en sentido contrario y hasta hicieron correr un borrador de ideas consensuado el fin de semana, el PJ parecería hoy una colección de proyectos individuales. Anabel Fernández Sagasti se cansó de pedirles a los intendentes que hagan encuestas, que ausculten a la sociedad, que estudien los temas, que se comprometan con los asuntos públicos de la provincia y del país. Que escriban. Fracasó con todo éxito. Si hay algo que les molesta a los kirchneristas, es que sus compañeros territoriales apuesten a los mecanismos de siempre. “Hasta usan a los mismos punteros… nos conocemos de sobra desde hace rato” se quejan en la militancia K. Hay que reconocerle a la senadora que intentó profesionalizar al peronismo. Pero la inercia de las prácticas de toda la vida son muy fuertes.

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Los grupos en pugna se celan y tienen visiones muy diversas de sus propias fortalezas y debilidades. Los kirchneristas presumen de tener anclaje nacional con Cristina y de contar con un referente fuerte como Axel Kicillof que podría disputar la presidencia en el próximo turno electoral. ¿Por qué no? Es el gobernador más poderoso del peronismo. Pero los intendentes dicen con orgullo que no tienen “jefe en Buenos Aires”. Stevanato es quien más pronuncia esta sentencia, marcando diferencias que complejizan el análisis. Al intendente de Maipú es muy difícil correrlo del lugar “público” de componedor pacífico. Ni siquiera los posteos y críticas destempladas del senador peronista maipucino Duilio Pezzutti lo “sacan”. Pero su entorno mandó a decir que el ataque al intendente fue ordenado por La Cámpora. Las agresiones solapadas van a seguir un tiempo largo, proporcional a los rencores. Por lo menos hasta que los peronistas se ordenen a través de la renovación de cargos partidarios en noviembre de este año. Los intendentes -Stevanato y los Félix especialmente- suelen señalar al kirchnerismo por haber hundido al peronismo mendocino al fondo de las preferencias electorales, y como contra partida sacan chapa de ganadores en sus territorios. Pero los jóvenes K, ya con casi 15 años de rodaje político, algunos más, otros menos, están convencidos de que los jefes territoriales se borraron cuando la vieron fea el año pasado, y antes en 2019. Hay quienes juran que Anabel Fernández Sagasti les ofreció a todos ser candidato a gobernador en el último turno. Incluyendo a Stevanato, a Emir, e incluso a Roberto Righi. Dicen que al ex intendente de Lavalle lo estuvieron esperando hasta última hora, antes de tomar la opción final por Omar Parisi.

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Roberto Righi y Omar De Marchi, en 2023.

Roberto Righi y Omar De Marchi, en 2023.

Los actores

El peronismo es ultra personalista desde su nacimiento. Es imposible separarlo de sus actores. Los caminos son divergentes y con pocos acercamientos. Pero se puede ensayar un resumen: Matías Stevanato es un candidato "cantado" a gobernador. Puede que sea el único posible entre los intendentes que ya no tienen reelección. Además es el peronista que gobierna en el Gran Mendoza. Emir Félix está disfrutando su momento de “rosca” interna y de convocar compañeros. Su salud es siempre un tema. Hace dos años estuvo en terapia intensiva. Luego, bromeaba con que “La Parca” le había doblado el travesaño a pelotazos. La salud de Emir está bien, aunque cada tanto le da un aviso. Hace dos semanas sufrió episodios de fiebre. Félix o Stevanato. Uno de los dos sería el próximo presidente del partido en reemplazo de Flor Destéfanis. A propósito de la intendenta de Santa Rosa (le reporta a Carlos Ciurca) habrá que ver si es cierto que el año que viene dejará el sillón principal del municipio para que lo ocupen su esposo Diego Foco, hoy concejal, o su socia política la ex radical Débora Quiroga, actual presidenta del Concejo. Esa interna merecerá atención. Hay quienes niegan ese supuesto “acuerdo” santarrosino. Destéfanis, una intendenta ordenada, suena como candidata a diputada nacional en una probable fórmula acompañando a Emir Félix, o como legisladora provincial, con proyección a integrar la fórmula en 2027. El PJ debe renovar el año que viene siete de sus diez bancas de senadores, y siete de nueve peronistas y aliados. Por eso hay quienes prefieren a Destéfanis en la Legislatura local, para que no pierda presencia.

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Intendenta de Santa Rosa, Flor Destéfanis.

Intendenta de Santa Rosa, Flor Destéfanis.

¿Hay para Emir Félix un futuro de postulante a gobernador? Hoy se lo ve en una postura más cercana a apoyar a Stevanato, pero nunca hay que descartarlo, ni aun cuando su familia quisiera ponerle límites a la actividad intensa que suele desplegar el sureño. Martín Aveiro esquiva las críticas, trabaja fuerte en el Congreso, habla con varias tribus peronistas y prepara equipos técnicos de jóvenes militantes, profesionales la mayoría. Está planificando una actividad justamente con Katopodis. Los "papers" y planes que prepara viajan a las intendencias peronistas. Así, Aveiro es también otro posible candidato a gobernador. Puede que sea el más frontal de los jefes territoriales a la hora de hablar en público o en privado. No tiene muchos pelos en la lengua.

Anabel Fernández Sagasti tiene por delante cuatro años en el Senado de la Nación. Terminará su período junto con la presidencia de Javier Milei y la gobernación de Cornejo. Eso en política es una eternidad. Adolfo Bermejo sigue en rol de reparador permanente del peronismo. La muerte de su hermano Alejandro -pronto hará un año de la sorpresiva partida del irreemplazable “Pulga”- le afectó muchísimo. El diputado es de los que está harto de la rosca y las peleas permanentes del PJ. Cansado además de que lo vayan a buscar por candidaturas extravagantes, siempre que la mano viene muy mal para el peronismo. Sus postulaciones a gobernador, a senador, a diputado, a legislador provincial, fueron respondiendo a lógicas parecidas: cuando es imposible ganar, "El Adolfo" siempre es el que mejor mide. Habría que recomendarle al experto ex intendente de Maipú que no desarme su logística en Buenos Aires. Puede que lo convoquen otra vez para la boleta de diputado nacional, el año que viene.

Pagar la cuenta

Hay un peronismo desfigurado. Desconfigurado. Pero con material humano, político, técnico, y militancia de sobra para rearmarse. El problema es que deben pagar la cuenta de los errores propios de un justicialismo que se fue “desmendocinizando” y de los yerros fatales de sus gobiernos nacionales. Luego habrá que expiar las culpas (cada uno se encerró en su patio), y hacerse cargo de lo que bien define la encuestadora Martha Reale como “trauma del pasado”: los electores los culpan de todo. Tendrán chances de mejorar su penosa performance electoral de 2023. Pero fracasarán si no logran convencer a los mendocinos de que son una opción confiable para gobernar. “Hay un efecto capullo… si hablamos, la gente nos mata… y debemos encerrarnos” reflexiona uno de los dirigentes. “Hoy debe mandar la prudencia. No es momento ni siquiera de salir a criticar a Milei” dice. No le falta razón. En esta provincia el presidente tiene porcentajes de adhesión que superan a la media nacional. Del 70 %, o más. El rechazo público será una barrera difícil de superar para el justicialismo.

Finalmente, los dirigentes peronistas deberían dejar de lado los enfrentamientos internos, las operaciones de baja factura que están a la orden del día, y las sospechas eternas. Hay una leyenda urbana incluso sobre uno de los dirigentes importantes. Sus compañeros lo señalan como aficionado al uso de drones, grabaciones, y tecnología poco friendly para el ejercicio de la confianza política. Seguramente son habladurías que no califican siquiera como versión. Pero el chisme fue ampliamente difundido.

El poder cambió de manos. Ya no le pertenece a la política, sino a decenas de miles, millones de electores agrestes y rebelados, enojados por la economía, la inseguridad, los abusos de poder, el robo, los acomodos, la falta de ejemplaridad, los ñoquis, y contra la casta. Por eso votaron a un presidente antisistema para castigarlos a todos con la máxima fuerza posible. Votantes que siguen creyendo -citamos a Martha Reale- que el peronismo es el problema y no la solución. Ese gen que parece antiperonista en las formas pero no en el contenido, en Mendoza luce amplificado. Por eso el castigo al peronismo fue más fuerte en esta provincia. En la medida en que los dirigentes comprendan estas dificultades, podrán ser opción de gobierno y pasar al frente. De lo contrario, lo que vendrá será un puñado de sal para cada uno, para atravesar el desierto. Y a pié, porque tampoco habrá ni un peso para la nafta.