Crisis

De odiseas y de giles

Esta película ya la vivimos varias veces. El laberinto en el que nos han metido ofrece infinidad de caminos impredecibles. Nada está sellado sobre la gobernabilidad ni sobre cómo continuará la turbulencia que nos ha zamarreado esta semana y que vaya a saber cuánto tiempo durará.

La historia de desatinos económicos y políticos que caracteriza las últimas décadas no deja márgenes para que los mercados confíen en las decisiones gubernamentales. Con la disparada del dólar queda al desnudo lo vulnerable que es el país a los vaivenes financieros.

Son las políticas económicas las que nos exponen a la especulación financiera y la puja por el dólar. Se trate de modelos de apertura indiscriminada y desregulación, o proteccionistas y con cepos. Hoy con Macri y antes con Cristina-Kicillof.

Así pasamos de la euforia de los mercados que observamos el viernes previo a las PASO, a un lunes negro casi sin antecedentes. Exactamente lo contrario a las experiencias de nuestros países vecinos, que no se inmutan por elecciones o cambios de gobierno y son calificados por la JP Morgan con índices de riesgo país varias veces menor al caso argentino. Aun sin importar si el modelo es más intervencionista o más liberal.

Ser o no ser

El cambio de actitud de Macri, con pedido de disculpas incluido, respecto del planteo acusatorio del lunes, dio un pie a la buena respuesta de Fernández que se reflejó en una baja del dólar.

El desafío que tiene Macri para tener alguna mínima chance en octubre es el de ponerse el traje de presidente por encima del de candidato.

La posibilidad de capitalizar votos, o al menos de sostener la gobernabilidad para llegar a puerto, dependerá de sus aciertos y eficacia, entre otros múltiples factores. Pero demostrar capacidad en estas horas críticas sería una condición necesaria, no suficiente, porque la debilidad presidencial lo pone a tiro de las acciones de quien pretende ocupar su lugar.

Mientras, el dilema de Alberto sería el de dar una mano para que el país que pretende gobernar no termine por derrumbarse o dejar que la debacle avance hasta llevarse puesto a su competidor, lo que minaría también las reservas del Banco Central, con lo que deberá lidiar él mismo en su período de gobierno.

El triunfador del 11 de agosto deberá calcular cuidadosamente sus pasos y sus dichos para no correr demasiados riesgos. Las críticas que ya lanzó por la baja del IVA pueden ser certeras o convertirse en un bumeran, según como soplen los vientos.

Escupir para arriba

La denuncia que hace Martín Redrado apuntando a que Macri dio instrucciones de dejar subir el dólar para meter miedo a los electores por votar a Fernandez, sería de una gravedad inaudita, además de un hecho que la Justicia no debería dejar pasar por alto.

El desbarajuste que se armó con la megadevaluación que se traslada rápidamente a los precios, sin dudas que complica mucho más al oficialismo que a la oposición. Ello explica las medidas que viene anunciando como paliativos. Toda esta batería resulta contradictoria con una acción como la que temerariamente denuncia Redrado.

Los anuncios del Gobierno son tardíos, desordenados y, en algunos casos, de dudosa efectividad. Pero se inscriben en la necesidad de reconciliarse con parte de la sociedad y evitar que el padecimiento para la población sea mayor.

Cruzando los dedos

De a poco, los miembros de Juntos por el Cambio, van relamiendo sus heridas del fracaso electoral e intentan no mostrarse derrotados. Saben que es casi un milagro revertir el resultado, pero se dan ánimo para presentar pelea con el propósito de forzar la segunda vuelta.

Si la política es el arte de lo posible, todo puede ocurrir: desde entrar en carrera, hasta dejar el gobierno antes de tiempo. Cada vez son más los que piden reuniones con Alberto Fernández, lo que denota su poder simbólico cuando todavía es apenas candidato, aunque con máximas probabilidades de llegar a la presidencia.

Y no faltan voces conspirativas, como las de Guillermo Moreno, que proponen una asamblea legislativa para destituir al presidente y nombrar vaya a saber a quién (¿Cristina?), reeditando la experiencia que finalmente invistió a Eduardo Duhalde por un tiempo.

¿Y por casa...?

Mientras se desarrollan los acontecimientos en un escenario político y económico incierto, el gobierno de Cornejo busca no apartarse de su gestión.

Pasaron varios meses desde que el líder del radicalismo le planteara a sus socios del Pro lo que vendría si no se amigaban a tiempo con las capas medias que los llevaron al poder.

Hoy, demasiado tarde para lágrimas, el gobierno local busca enfocarse en su plan de gobierno como mejor estrategia para satisfacer a los mendocinos y enfrentar el exigente calendario electoral que hay por delante.

Tanto Lisandro Nieri como Paula Allasino aseguraron por radio Nihuil que las finanzas provinciales están sólidas y se seguirán cumpliendo todos los servicios, planes y compromisos. También destacan que entre todos los males, por el perfil de Mendoza, un dólar más competitivo promueve las exportaciones y el turismo internacional, al menos en los próximos meses.

Separar todo lo que se pueda el desempeño del gobierno provincial de los avatares de la nación es el reaseguro que les queda para contrarrestar en parte el viento peronista que sopla en casi todo el país impulsado por el mal humor social.

Es lo que pueden hacer los radicales para mejorar las posibilidades de Rodolfo Suarez en su carrera a la gobernación, algo que unas semanas atrás no ofrecía demasiadas dudas.

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