11El fracaso del Pacto de Mayo, que tenía que ser este fin de semana y finalmente no ocurrirá, es una de las más grandes derrotas de este gobierno.

Muchos pueden hablar de lo económico, de lo político o hasta de los errores diplomáticos de Milei como fracasos mayores. Pero en términos de dimensión, de la relevancia incluso histórica que tenía la oportunidad que acabamos de perder, la caída del supuesto gran acuerdo es mucho más fuerte.

La Argentina necesita esto desde hace décadas. Un único prisma con el cual mirar la realidad. Al menos los elementos básicos: una serie de ideas y de datos respecto a los que estemos todos de acuerdo para que no tengamos que discutirlos nunca más. Una base desde la cual empezar a trabajar el país desde lo fundamental.

Embed - Editorial de 7D: Nunca habrá Pacto de Mayo

Tal vez esa sea la gran novedad política que pueda dejar nuestra era. Sólo eso puede devolvernos la previsibilidad y cordura perdidas. Y sólo eso puede hacer que dejemos de cambiar, de forma esquizofrénica, de modelo político cada cuatro años, con cada vez peores resultados.

El problema es que el concepto del gran pacto nacional suele ser visto como algo menor: se lo toma como un instrumento naif, como algo abstracto, o como una simple declaración de buenas intenciones. Pero no lo es: es la base de sustentación que tienen las naciones serias. Lo obvio ya lo van dejando afuera porque lo convinieron hace años. Y lo firmaron. Y las sociedades avanzan con ese eje rector y sus políticos también.

De abstracto no tiene nada. De hecho puede ser bastante concreto.

En la Argentina jamás habrá un Pacto de Mayo. Pero si lo hubiera, creo que debería tener, al menos cuatro ejes:

Justicia (involucrando criterios procesales; en Derechos Humanos; cambios en seguridad, entre otros); Educación Pública (con criterios de financiación y un plan a 30 años), Desarrollo social, o asistencia a las clases vulnerables (que establezca con qué programas, por cuánto tiempo y a qué beneficiarios) y Economía (al menos, fijar el equilibrio fiscal como regla básica, como norma de disciplina inapelable; claro: un equilibrio fiscal verdadero y no uno basado en el no pago de deudas del Estado, desde luego).

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La invitación la hizo el Presidente en la apertura de sesiones ordinarias, el 1 de marzo.

La invitación la hizo el Presidente en la apertura de sesiones ordinarias, el 1 de marzo.

Ese es mí A-B-C personal, pero obviamente que hay otros y que deben ser mejores.

El asunto es no dejar que a la Argentina la hagan y deshagan los funcionarios de turno. Porque si no, las generaciones que vienen van a sufrir tanto o más de lo que ya venimos sufriendo vos y yo. Y encima lo van a hacer toda la eternidad, a través de todo el devenir que tenga este país hacia adelante.

Ahora, empecemos por analizar por qué se cayó esta oportunidad. ¿Fue real esta propuesta? ¿Fue valiosa esta invitación que hizo Milei hace tres meses?

En primer lugar, hay que decir que no era un pacto en sí, sino el convite a que gobernadores firmaran un decálogo elaborado por él gobierno mismo. Eso no es un pacto; es una idea unilateral buscando respaldo.

En segundo lugar, fue un error supeditar todo esto a que se apruebe la Ley Bases, como supuestamente quería el oficialismo. Es un proyecto importantísimo Bases, desde luego, pero no es más importante que el gran acuerdo nacional que nos debemos.

¿Quién dice que un hito que podría ser fundacional para una nueva Argentina tiene que estar sujeto a que se regule algo como la industria del tabaco? ¿O a que se privatice o no tal o cual cantidad de empresas estatales?

Quién dice que la concordia que puede sembrar las bases de una nueva etapa para nuestra política tenga que depender de una ley como Ganancias; sobre la cual el mismísimo Presidente pensaba de una manera hace seis meses y de otra manera ahora?

¿Corresponde que asuntos tan relativizables, tan cambiantes, sean la condición sine qua non de una convocatoria tanto más trascendente?

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La Ley Bases. La llave que podía abrir el acuerdo.

La Ley Bases. La llave que podía abrir el acuerdo.

Tenemos un oficialismo con márgenes ideológicos irrompibles, que no se mueve de su pensamiento y de su dogma, y que exacerba todos los días su intolerancia ante cualquiera que piense distinto.

Y tenemos una oposición, con el kirchnerismo a la cabeza, que ni siquiera admite que dejó al país fundido. Que tuvo chorros, ladrones en la administración pública y que montó organizaciones paraestatales que, como mínimo, nos deben muchas explicaciones. Una oposición que, para colmo, cinco minutos después de dejar de ser gobierno se paró en un pedestal moral -bastante discutible- a señalar con el dedo.

En los setenta fueron las bombas y el terrorismo. Antes y después, la división tomó otras formas menos violentas, pero en realidad siempre estuvo. Esta grieta es más antigua que todos nosotros.

No cuajan las piezas como para soñar con un gran acuerdo, ¿no?

Por lo menos nosotros deberíamos hacer nuestra parte. No dejar pasar el hecho de que el próximo sábado es 25 de Mayo.

La historia, y la posibilidad de un país aunque sea un poco mejor, otra vez nos tocaron el timbre.

Y otra vez se ve que no estábamos.

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