Análisis y Opinión

Nuestra última oportunidad para no votar en blanco

Al nuevo presidente no lo van a elegir ni los que quieren a Massa ni los que respaldan a Milei, sino los que descreen de ambos. La neutralidad es injusta en la mayoría de los casos

Irresponsable y mentiroso.

Hay un actor en este balotaje que carga con esas dos graves falencias: irresponsabilidad y falsedad. Sin embargo, será ese mismo jugador quien tenga la última palabra en la elección. Se llama “indeciso” o votante neutral: una buena parte de ellos tiene ambos defectos.

Juntos por el Cambio implosionó después de la primera vuelta. A pesar de la jugada explícita a favor de Milei de algunos e implícita a favor de Massa de otros, el espacio lógicamente se evaporó de la escena ante su no participación. Sin embargo, no resignó su protagonismo. No perdió su importancia capital, aun en este contexto.

Y eso es porque de Juntos por el Cambio, más que de ningún otro espacio, surgió quien -insisto- finalmente va a decidir el balotaje: de esa vacante, de esa orfandad política, nació el indeciso. Un ser que, a pesar de su naturaleza ambigua, será quien baje el martillo por todos nosotros.

Esto no es opinión. Es objetivo: el indeciso es el que va a definir si el presidente es Massa o Milei.

Y es por eso que son el fenómeno más complejo e inquietante de este presente: de acá hasta el 19, muchos de ellos no van a torcerse por ninguno de los candidatos y eso implica que son una bomba de azar. Una bala que, adentro del cuarto oscuro, puede salir hacia cualquier lado.

EDITORIAL de 7D

Es decir, inclinarán la elección, decidirán nuestro futuro, pero por un rapto: por una jugada en seco sin fundamento. O, al menos, sin más fundamento que su escepticismo -este sí puede estar argumentado: porque se sientan traicionados, cansados, odiosos, aburridos o cualquier otra cosa-.

Tienen la sentencia de la Argentina en su poder, pero muchos la van a ejecutar sin racionalizar a fondo. Casi lavándose las manos.

Y eso no es lo peor: lo peor es que lo harán ubicando, como si fueran lo mismo, a dos opciones que a todas luces son opuestas. O sea, no sólo decidirán por encima del que sí tiene su voto confirmado, sino que además lo harán sentados en una premisa flagrantemente falsa.

Porque nadie lo puede discutir: en casi todos los puntos importantes, Massa y Milei no tienen absolutamente nada que ver. En equipararlos hay falsedad.

Ojo. Cuando digo “irresponsable” no les hablo a todos los indecisos. Una porción -infinitesimalmente pequeña- conoce a fondo qué hay detrás de cada candidato; cómo se ha movido en estos años; en estos meses y en estos últimos días. Pero seamos sinceros: no son la mayoría. La mayoría sólo conoce lo que caza al voleo en la redundante marea mediática. Eso, si es que directamente no se escapa de la información porque está harto o porque no quiere entender:

Falsedad e irresponsabilidad.

Y a eso se le agrega también la paradoja: ¿No es en extremo paradójico que, en un país tan polarizado, tan politizado, en el que no se habla de otra cosa que de esto y en el que fuimos a votar ¡siete veces!, el que defina todo, al final, ¿sea un indeciso desganado?

Es un chasco del destino: decide el que no decide.

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Habrá otro mano a mano, esta vez exclusivo para Massa y Milei.

Habrá otro mano a mano, esta vez exclusivo para Massa y Milei.

Quiero aclarar algo: el hartazgo es entendible, pero hay que elegir. A la Argentina no la va a gobernar “blanco”. La va a gobernar Sergio Massa o Javier Milei.

Para este caudal de gente queda un antídoto y es lo que pasará este domingo: un debate presidencial como nunca antes ha tenido la Argentina. El único antecedente de algo así, Macri vs. Scioli, no le llega a los talones y no hace falta argumentar los porqués. Ese día, el indeciso tendrá su última gran chance, que a su vez será una oportunidad para todos: su último centro al área para ver si logra meter la cabeza. No hace falta decir que hace rato este partido está en tiempo suplementario.

¿Por qué tantas fichas al debate? Porque ese elector (ese no-elector) no va a ir a profundizar en plataformas, en ideas de los candidatos (muchas de ellas disparatadas y hasta crueles, como sabemos), ni en su decálogo de propuestas. No. Por el contrario. En su gran mayoría, ese elector huye de tal data, precisamente por su naturaleza. Entonces es en un evento altamente mediático, altamente accesible, como el debate presidencial –llamativo, además- donde tiene la oportunidad final de direccionar su voto. Y por lo tanto, de direccionar su poder.

¿Es tan así? ¿Tiene tal poder el indeciso? Sí. Mirá estos números: en azul está la diferencia que se sacan Javier Milei y Sergio Massa (para el caso, es indistinto quién gana en cada pronóstico; en algunos Massa y en otros Milei). En rojo, la cantidad de personas que no tienen voto confirmado, lo harán en blanco o directamente no piensan ir a votar. En algunos casos, estos últimos quintuplican la diferencia entre candidatos. Ese es su potencial a la hora de bajar el telón en el balotaje. Por ellos, gana uno u otro.

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Contraste entre las diferencias que se sacan Massa y Milei vs. los indecisos y los que no votan a ninguno. Fuentes: Management & Fit; Zuban Córdoba; Proyección; CB y Analogías.

Contraste entre las diferencias que se sacan Massa y Milei vs. los indecisos y los que no votan a ninguno. Fuentes: Management & Fit; Zuban Córdoba; Proyección; CB y Analogías.

El debate debería barrer lo más posible con los indecisos. Si sos parte de ese caudal, el domingo deberías mirarlo con el ojo pronunciadamente fino. Intentando detectar, en las palabras, pistas sobre el futuro que nos espera con uno y con el otro.

No hay que ser fugitivo de la responsabilidad. Eso siempre se paga caro.

Aunque para vos sea una condena, aunque estés enojado con los resultados de la primera vuelta, este balotaje es un regalo. Un regalo de la democracia. La única manera de honrarlo es con decisión.

Y la única manera de deshonrarlo es con tu indiferencia.

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