Es la mujer que tiene el cargo más alto en el Poder Judicial: titular del Ministerio de la Defensa Pública. La que atravesó ese límite llamado techo de cristal, donde generalmente termina cualquier expectativa de ascenso en las organizaciones.
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En lenguaje sencillo, Mariana Silvestri es la jefa de los defensores oficiales de la Justicia provincial. Pero también la conductora de un equipo de 300 abogados y auxiliares que representan a los ciudadanos que no pueden pagar un abogado. Los históricamente denominados defensores de pobres y ausentes.
Su puesto fue creado por ley hace 3 años como parte de las profundas reformas en la Justicia y tiene el mismo rango que Jorge Nanclares, Mario Adaro o cualquier otro ministro de la Suprema Corte y que el Procurador General Alejandro Gullé.
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Piso 7
Hasta la cima del edificio de los tribunales hay que ir para entrevistar a Silvestri. La ventana de su despacho da directo a una soleada cordillera de los Andes.
El lugar es austero. Sin flores, ni plantas, ni cuadros, ni búhos de cerámica siempre alertas, ni aires de perfume artificial y la magistrada dice que no necesita mucho más que el material y mobiliario a la vista porque su trabajo "no es tan de oficina". Un par de diplomas y el logotipo que identifica a la estructura judicial se destacan entonces.
Porque su función, explica, "tiene mezcla de roles político, administrativo y de gestión". Porque después de esta entrevista podría asistir al juramento de otro magistrado, o a un acto protocolar, o reunirse con parte de su equipo. A la mañana. O a la tarde, algo que años atrás era impensado en los tribunales.
Con los codefensores de Familia estamos en plena labor de reformas de la Justicia de Familia -arranca Silvestri.
El trabajo de los defensores públicos ha cobrado mayor visibilidad por los juicios por jurado y por el juicio por abusos en el Próvolo (los curas Corradi y Corbacho y el ex jardinero Gómez son representados por la defensoría estatal) ...
Es bueno que se aprecie, porque uno de mis propósitos ha sido comunicar la gestión, empezando por quiénes somos y lo que hacemos. Para eso primero debimos analizarnos, porque somos un ministerio nuevo aunque ya existía en la órbita de la Procuración. Antes, el Procurador de la Suprema Corte era jefe de los defensores públicos (penales, civiles y asesores de menores) y a la vez el jefe de los fiscales. Cuando vinieron las reformas tendientes a la oralidad de los procesos, donde se marcó bien cuál es el rol de uno y otro, se advirtió claramente de que la persona que da directivas a la fiscalía no puede hacerlo con la persona que defiende.
¿Cómo se le explica al ciudadano común que el Estado destina recursos técnicos y humanos para defender a acusados de delitos tan aberrantes como abuso de menores de edad hipoacúsicos como en el Próvolo pero también de otros delitos como asesinatos, asaltos y demás?
Yo ampliaría ese espectro un poco más. La única imagen que se tiene de la defensa pública es la defensa penal: trabajamos muchísimo también con casos de familia, a veces son mas que los penales, y con las defensorías civiles y las asesorías de niños y niñas.




