En Mendoza alguien del peronismo, por ejemplo Anabel Fernández Sagasti, debería advertirle al gremialista Roberto Macho, jefe de ATE y abonado a ciertos escandaletes, que se deje de traccionar votos hacia el radicalismo y sus socios de Juntos para el Cambio.
La campaña de Rodolfo Suarez, candidato oficialista a la gobernación, que venía en modo tranqui, pegó un respingo y avanzó varios casilleros cuando el sindicalista Macho se presentó con parte de sus muchachos a aguarle la reinauguración de la plaza España al todavía intendente de la Capital.
¿Creyó acaso Macho que actuando como fuerza de choque iba a someter a Suarez al escarnio público y que la ciudadanía iba a quitarle el voto al radical porque éste no reabre las paritarias con los municipales de la Ciudad?
La noche del ataque, la restaurada Plaza España estaba llena. Y no solo de vecinos capitalinos sino de mendocinos en general que aman ese espacio público.
Todos ellos habían ido a interactuar en democracia en un momento en que crece la percepción social de que la grieta que con tanta pasión cavaron kirchneristas y macristas ha sido una reverenda porquería.
Una barrabasada política que ha afectado la vida particular de millones de argentinos, al punto de terminar rompiendo lazos familiares y de amistad por pertenecer a una u otra facción.
¿Se puede ser tan torpe?
Es evidente que la torpeza no es mezquina. Suele darse a borbotones. Lo que pasa es que hay dirigentes gremiales que, además de lo suyo específico que es la defensa de un sector minoritario de la sociedad, tienen un bagaje de conocimientos políticos, es decir que poseen una visión del conjunto de una provincia o del país.
Pero la política no parece ser el fuerte de Macho.
Es factible que entre los reclamos de ATE haya algunos que sean dignos de ser atendidos. Pero si fuera así, Macho les prendió fuego ante la consideración del ciudadano de a pie.
Vamos al súper
Los mendocinos todavía recuerdan aquellos videos registrados en un supermercado donde a este dirigente y su esposa se los observa consumir productos dentro del negocio que luego se niegan a pagar en la caja registradora.
O aquella otra filmación donde la esposa de Macho agrede físicamente a una funcionaria del gobierno de Cornejo.
También Macho es rememorado por otras causas judiciales en las que se vio envuelto bajo acusaciones de llevar adelante supuestas afiliaciones truchas y otras tildadas de compulsivas en el sindicato que dirige. También por haber vertido violentas amenazas públicas a la directora de la OAL, del área social de la provincia.
Macho se ha jactado de no haber cumplido con las normas que penan el corte de calles y de otros sitios estratégicos por donde se trasladan el transporte público y miles de particulares, que resultan los principales perjudicados, no así el gobierno.
Un recreo con Pepe
Dicho esto sobre el gremialista Macho, permítame lector tomarme una especie de recreo para comentar otro suceso singular.
Un conocido ex guerrillero de Uruguay acaba de aconsejarle a Alberto Fernández que no vaya a cometer la torpeza de pelearse de entrada con los productores y dirigentes del campo.
El que dio el consejo fue Pepe Mujica, ex líder tupamaro, hombre de la izquierda democrática y ex presidente de su país, quien tuvo que hacer de maestro ciruela y machacarle al socio de Cristina Kirchner que el agro argentino "es el sector que le puede dar respuestas más rápidas" sobre todo en estos momentos de crisis.
Lo que le estaba diciendo Mujica a Alberto F. es que gobernar lleva por lo general a elegir las opciones menos malas, no necesariamente las mejores.
Lo que Macho debería entender -a escala, claro- es que dirigir un gremio no le da derechos para ejercer la presión desmedida ni el prepo desatado y que puede conseguir muchas más cosas para los afiliados de ATE convenciendo y persuadiendo. Pero, claro, eso sería hacer política. Buena política.
