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Las cartas de Cristina actúan como encíclicas paganas

La relación política de Alberto Fernández con su vicepresidenta y mentora Cristina Kirchner nos tiene en ascuas. La nueva carta al país de la ex presidenta es vista como una bisagra

Tanto en el peronismo no kirchnerista como en la oposición se venían escuchando voces sobre la necesidad de que Alberto Fernández "pateara el tablero" y se convirtiera en un presidente a la manera tradicional, sin condicionamientos. Pero le ganaron de mano.

La que ha pateado el tablero es Cristina Kirchner. No sólo ha cuestionado a figuras del oficialismo ("hay funcionarios que no funcionan, otros que nos quisieron ver presos o que escribieron libros en mi contra") sino que ha reparado en que hay una ausencia de reacción política ante "la incertidumbre" por la crisis económica y el dólar.

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Pero no sólo eso: la dama ha advertido acerca de la necesidad de llamar a un acuerdo nacional a las fuerzas empresarias, del gremialismo, de la producción, de la política y (créase o no) a los medios de difusión independientes.

No comparemos, sorry

Usted me dirá: ¿Cómo? ¿No le cuestionaba antes al Presidente el que se reuniera con empresarios y que los mostrara en Olivos en las fechas patrias? ¿Por qué hace unos meses eso era una imperdonable defección de un gobierno nacional y popular y no, como intentaba el Presidente, un ejercicio de moderación en momentos que la Argentina necesita crear empleo genuino, seducir a inversores, y generar riqueza para pagar lo que debemos?

Todo eso -y mucho más- nos lo zampó la actual Vice en una carta al país por los 10 años de la muerte de Néstor Kirchner. Algunos ya leen el documento como una bisagra en la relación entre Ella y el Presidente. Cristina ha retomado de manera frontal la iniciativa, pero a su manera, con ese ese estilo de "toco, armo debate y me guardo para generar más misterio". En ese escrito, Cristina reparte mamporros, diatribas, lanza ideas y, sobre todo, pontifica. A escala, son como encíclicas.

Cristina ha hablado de manera descarnada no sólo de la gravedad del momento económico, político y sanitario del país, temas a los que habitualmente no se refería públicamente (por ejemplo, los términos coronavirus o Covid-19 nunca fueron pronunciados por ella) sino que hace hincapié en que nuestro sistema político es presidencialista y que quien gobierna es Alberto Fernández.

Que es como decir: ya saben a quien tienen que reclamar. Ergo: quien se tiene que hacer cargo del actual balurdo es su socio político en el Frente de Todos y no ella. "Ningún presidente puede aceptar que le impongan nada", ha remarcado, generándonos un vacío en el estómago por su habilidad para abrir el paraguas.

Lean mis labios

Eso fue -nos recuerda Cristina- lo que ocurrió en sus dos presidencias y en la de Néstor. Ante eso uno se pregunta: ¿Y si Alberto le tomara la palabra e hiciera lo que él crea conveniente, así no le guste a la familia Kirchner? Cri cri, cri cri.

Al otro día, consultado por la prensa, Alberto Fernández dijo que la carta de Cristina le había parecido muy linda. "Yo leí la carta y me gustó. Contrariamente a los que muchos creen, ha sido muy generosa conmigo en muchos conceptos y yo la valoré así".

Generosidad es el término que la Vice utiliza para hablar de ella y de su grupo: el kirchnerismo duro y La Cámpora. Afirma que en su entorno todos aceptaron su decisión de deponer las ambiciones políticas y concederle a Alberto Fernández el primer puesto en la fórmula presidencial del Frente de Todos. La verdad es que Cristina como cabeza de fórmula no tenía posibilidades de ganar. Cualquier otra consideración es cotillón verbal.

El día del aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, su viuda no asistió a las ceremonias previstas y optó por una recoleta y privadísima jornada. El Presidente, en cambio, cumplió con su rol, y se permitió mandar mensajes por elevación. Por ejemplo fue al acto en el Centro Cultural Kirchner (CCK), caminando a la vista de todos y en compañía de varios de los funcionarios de la Casa Rosada que Cristina sostiene que funcionan mal.

Si esto no es vivir con el corazón en la boca, ¿qué es?