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Las lágrimas del Rody

Editado por José Luis Verderico
verderico.joseluis@diariouno.com.ar
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A Rodolfo Suarez lo conocí el jueves 7 de agosto de 2014, a la siesta, en una escalinata del Hospital Italiano. Había muerto Víctor Fayad. Su mentor político. Su hermano.

Lo miré a la cara, le di el pésame y me agradeció con lágrimas en los ojos. Antes de irme me atreví a desearle suerte. No era para menos: comenzaba a hacerse cargo, aunque interinamente y entre la congoja, del bastión radical por excelencia en Mendoza: la Capital.

El paso del tiempo y una correcta gestión le permitieron completar el mandato del Viti y después ganar los comicios de 2015 derrotando al FIT y al candidato de Paco Pérez en ese orden. El sancarlino sacaba chapa dentro del propio radicalismo, lo que no es poco.

Cuando el 20 de abril cumpla 56 años estará metido de cabeza en la campaña para las PASO del 9 de junio. Pero también resolviendo la sucesión de la comuna capitalina. Ahí también deberá mostrar talante para asegurarse continuidad de gestión.

Suarez prefiere el trabajo de equipo antes que las acciones individuales. Así fue que tomó y llevó a cabo una decisión que sorprendió porque contradecía la postura de su mentor, de su hermano, del Viti: recuperar el Teatro Mendoza y reabrirlo al público. Semejante empresa quedará cristalizada el 12 de abril. Años atrás hubiera quedado reducido a un playón de estacionamiento.

Cuando Cornejo lo presentó en el comité de la UCR como el elegido para encabezar la fórmula de Cambia Mendoza, Suarez volvió a emocionarse y a llorar. No ya de dolor, como en 2014, frente a lo irreparable, sino con lágrimas de quien sabe que tiene en sus manos la histórica chance que tanto anhelaba: ser gobernador de Mendoza. Y en la cancha se verán los pingos...

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