Cortocircuitos y reproches

Los empresarios están alarmados por la pérdida de inversiones que provocaría bajar Portezuelo

El gobernador Rodolfo Suarez dejó entrever que la realización de la represa está en veremos. En esta nota, voces que anticipan los efectos que podría traer un laudo presidencial adverso

“Más vueltas que Portezuelo del Viento”. No es un refrán todavía, pero tal vez llegue a serlo. En los últimos días -y tras presentar un pronto despacho en Casa Rosada-, el gobernador Rodolfo Suarez dejó entrever que quizá la llamada “obra del siglo” quede para la próxima centuria. Y las respuestas picantes no se hicieron esperar.

“Hay tres grandes perjudicados si Portezuelo no se hace. Primero la provincia de Mendoza, que no va a poder ni siquiera comenzar un plan de obras que abarca dos décadas y cuyo primer paso era justamente ese proyecto”, consideró Julio Totero, representante de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Mendoza (Asinmet), al ser consultado por este diario.

Se refería a las represas El Baqueano, Los Blancos, Gateado 1 y 2 y Uspallata, que -en la mente de algunos dirigentes- formaban parte de una constelación de iniciativas a concretarse en los próximos 20 años.

Y Totero, que en la últimas elecciones se mostró junto al ala liberal de Cambia Mendoza, no disimuló su descontento: “ahora todas esas proyecciones están en riesgo, porque se pensaba que con los recursos que generara Portezuelo se iban a poder financiar las otras obras”.

Según el representante de Asinmet, el segundo perjudicado “es el medio ambiente”. “Hablamos todo el tiempo del cambio climático; pero si lográramos Portezuelo podríamos hacer un aporte clave: el 61% de la energía que hoy produce Argentina sale de la quema de combustibles fósiles. Con energías limpias podríamos mejorar ese promedio”.

La tercera "víctima", Totero dixit, es la economía mendocina. “¿Qué hacemos con las empresas que se presentaron a licitación y gastaron un montón de guita para hacer una oferta? No sé si alguna hará demandas por eso, pero es una posibilidad cierta”, anticipó.

“Además -añadió- hay toda una red de pymes relacionadas con la industria metalúrgica y el trabajo mendocino que ahora están con el corazón en la boca. En nuestro sector, yo podría nombrarte 15 o 16 firmas, un anillo de compañías relacionadas con la hidráulica, las torres de alta tensión, etc. Un conjunto de subcontratistas de nuestra provincia que habrían dado trabajo a 1000 metalúrgicos durante cinco años y no saben qué va a suceder”.

En sintonía con estimaciones previas, Totero calculó que en total Portezuelo le habría dado empleo a 9000 personas, 3000 en forma directa.

Sobre las posibles salidas al callejón en el que está metido el proyecto, cree que no sería positivo “cambiar de caballo” a esta altura. “Estamos hablando de mucha plata como para mañana volcarla al mercado sin tener un proyecto realizable. Iniciar un trabajo de esta envergadura lleva años, no es que hoy pueda decidirse no hacer Portezuelo y podamos arrancar con otra idea así nomás”.

“Lo cierto -cerró Totero- es que hoy hay ideas, que son valorables, pero no hay proyectos definidos. El gobernador debería calcular que dentro de 2 años puede cambiar el gobierno y alterarse el panorama; y tomar la decisión política de arracar con la obra a la espera de ese proceso”.

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La megaobra implicaba contrataciones por 5 años que ahora están en

La megaobra implicaba contrataciones por 5 años que ahora están en "veremos".

Una fortuna sin usar

Igual la plata para Portezuelo sigue llegando. Hasta ahora, Nación ha depositado 318 millones de dólares y cuando terminen los pagos que se envían cada tres meses serán 1023 millones. Mucho dinero para tenerlo “dormido” en una provincia con el 43,7% de pobreza -según mediciones de septiembre-.

Acaso por eso es que el intendente de Malargüe Juan Manuel Ojeda (UCR) se mostró más que molesto en una entrevista con El Ventilador, que se emite en las mañanas de verano por Radio Nihuil. En parte, porque al comenzar la jornada del martes acababa de enterarse de que está infectado de Covid. Pero también porque la eventual suspensión de Portezuelo significaría un duro golpe para su departamento.

“Claramente acá hay una cuestión política, donde el peronismo y el kirchnerismo quieren complicar a los mendocinos. El gobernador no tiene que dar el brazo a torcer”, opinó Ojeda. “Es denigrante lo que le hacen a Malargüe. Demasiada pobreza hemos pasado. Y encima, Fernández, que alguna vez refrendó la obra, hoy la pone en duda”.

Para el intendente, no tiene sentido proponer obras “alternativas”, sencillamente porque la escala de Portezuelo no puede compararse con otros proyectos. “Estamos hablando de una represa cinco veces más grande que El Baqueano. Desde luego que no será lo mismo ni para trabajadores, ni para la industria ni para los empresarios. Y los malargüinos hemos sido demasiado silenciosos. La tolerancia tiene un límite”.

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"La paciencia tiene un límite", dice el intendente de Malargüe Juan Manuel Ojeda.

No todas las voces mostraron ese grado de virulencia. “Las cartas, ahora, las tiene el presidente, que debe resolver el laudo en breve", aseveró el lunes Matías Diaz Telli, presidente de la Unión Industrial de Mendoza, en diálogo con el programa Hora Libre, también de Radio Nihuil. "El dinero, en cualquier caso, no se puede usar para cualquier cosa. Hay que destinarlo a obras de optimización hídrica, de ninguna manera esos fondos pueden ser derivados a gastos corrientes. Eso tiene que ir destinado a infraestructura. No hay margen para otra cosa”, señaló.

Si bien Díaz Telli aclaró que la suya era una opinión personal, su lectura coincide con la de todo un sector del empresariado mendocino que está en vilo ante lo que pueda resolver Alberto Fernández. Y ojo: desde sectores gremiales también levantaron la mano.

La UOCRA y la ansiedad

En los albores del 2022, no abundan los festejos en la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA). Su titular en Mendoza, Miguel Ponce, insiste en que los “más de 7000 desocupados” que hay en su gremio no pueden sentarse a esperar que se planifique otra obra.

“Nosotros veíamos en la represa una solución. No total, pero al menos para muchos trabajadores de la zona sur de la provincia, a quienes se les veda la posibilidad de hacer minería y ahora también se les cuestiona la construcción de la presa”, evalúa el gremialista.

El pasado 23 de diciembre, la UOCRA se integró a una marcha para pedir que se dé más espacio a la minería en Mendoza. “Ese camino está por ahora cerrado y Portezuelo puede ser que también. Para los obreros de la construcción, la obra implicaba 3500 puestos de trabajo directo. Y lo que necesitamos es generar empleo: el dinero que gana el trabajador de la construcción vuelve rápido al Estado, siempre lo repetimos”.

Ponce coincide con Totero en que Suarez debería continuar igual. “Es una decisión política. En estos momentos, todos los partidos deberían estar apoyando al gobernador. De lo contrario, seguiremos teniendo pobreza en una provincia con todos los recursos para que eso no pase”.

Tesis ante un posible fracaso

Como explicó Carina Scandura en esta nota de Diario UNO, Portezuelo del Viento comenzó a pensarse en la década de 1950. De concretarse, será la mayor obra de ingeniería civil de Mendoza; una gran central hidroeléctrica sobre el Río Grande de Malargüe, el más caudaloso de la provincia. El Río Grande, a su vez, aporta su caudal al Río Colorado. Y ahí entran en juego otras provincias.

La represa se ideó con una altura de 185 metros: una de las construcciones más grandes del planeta en su tipo, con capacidad para abastecer de energía a 130 mil familias. Para hacer una comparación concreta: es cuatro veces más de lo que genera el dique Potrerillos.

Eso en la teoría. En la práctica, el camino es más sinuoso. Casi todos los que se sienten perjudicados por el parate de Portezuelo tienen, en off, algunas teorías acerca de lo que puede estar complicando el avance. Las conjeturas abarcan desde los diferentes colores en el damero político de las cinco provincias que comparten la cuenca del Río Colorado -Buenos Aires, La Pampa, Mendoza, Río Negro y Neuquén- hasta las tensiones que hay dentro de los sectores de poder en al interior de la misma Mendoza.

Sobre este último punto, algunos mencionan a “una serie de empresas constructoras que se quedaron fuera de la obra” y que habrían hecho todo lo posible para criticarla. A ese grupo se le añadirían “sectores agrícolas y vitivinícolas que están teniendo problemas con la escasez de agua a raíz de las sequías y quieren asegurar que esa agua vaya para ellos, importándoles poco lo que le pase al contexto general de la provincia”, según interpreta un industrial que pidió reserva de su identidad. "Habría que mirar por el lado del Valle de Uco", ironiza.

“Y después tenés grupos como los de General Alvear y San Carlos, que tienen una fuerte resistencia ante la mayoría de propuestas de desarrollo”, evaluó la misma fuente.

Cualquiera sea el intento para comprender el alicaído presente de la “obra del siglo”, lo innegable es que dentro de los sectores con poder de decisión hay cortocircuitos. El hecho de que las decisiones parezcan oscilantes responde, en realidad, a esas tensiones internas, que se verifican hasta en el aspecto simbólico: miles de mendocinos defienden a viva voz la obra, a muchos otros les resulta indiferente y otros tantos directamente están en contra.

Facciones en pugna se disputan -desde afuera y desde adentro de sus límites- el porvenir de la provincia. Como ninguna logra desempatar, el horizonte se ve nuboso. El crujir de Portezuelo es consecuencia de esa pulseada.