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La eficiencia holandesa pero sin reyes: el nuevo sueño del sancarlino

El gobernador Suarez ha pedido replantear el federalismo para que Mendoza pueda parecerse al sistema de recaudación, reparto y autonomía de los Países Bajos

"La mejor noticia es la que parece mentira". Ese título -revelador, champagnesco- lo usó el periodista español Iñigo Domínguez en uno de sus recientes artículos de opinión de El País. Fue lo primero que se me vino a la mente luego de leer las repercusiones que se generaron por unas declaraciones que el gobernador Rodolfo Suarez vertió ante periodistas extranjeros durante la semana de la Vendimia y que ahora han tenido repercusión en la prensa argentina.

¿Cuál es esa buena noticia que parece mentira? Que Suarez haya dicho que para Mendoza es imperioso que se replantee el federalismo argentino para hacerlo más moderno y justo. Y que haya propuesto como ejemplo a seguir el sistema que tiene el Reino de los Países Bajos, en Europa, eso que nosotros solemos simplificar diciendo Holanda, pero que es mucho más que Ámsterdam.

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A esos periodistas les había llamado la atención que en Mendoza se hubiese hablado durante la pandemia de un supuesto afán independentista. De un Mendoexit. Y que incluso, un exgobernador, Alfredo Cornejo, hubiese dicho (no sin antes explicar que eso era imposible) que ese deseo estaba señalando uno de los grandes temas que el país no desarrolla por estar ocupado en sectarismos e intereses particulares, y no en proyectar la Argentina hacia el futuro.

A las pruebas: todavía estamos esperando el nuevo régimen de coparticipación que ordenó la Convención Constituyente de 1994.

Los petisos

Hay que aprender a leer los asuntos que desafían nuestro juicio o prejuicio. Pero esto parece, a priori, demasiado. El Reino de los Países Bajos es una monarquía constitucional. Tiene un gobierno central cuyas administraciones son por lo general fruto de coaliciones, además de 12 provincias con algunas diferencias en su forma de percibir impuestos, por ejemplo diversos grados de autonomía; y, claro, cientos de municipios.

La política de los Países Bajos se caracteriza por tener muy aceitado el ejercicio del debate. Esa capacidad de negociación quizás les venga de que los holandeses fueron conquistadores y tuvieron mucha habilidad para el comercio en diversas partes del mundo donde se establecieron con sus organizaciones comerciales.

¿Pero saben qué? Además ellos tienen siglos de historia, con guerras, invasiones, colonias en el exterior, alianzas con unos y otros, todo un bagaje que los ha llevado a esta actual decantación en que los Países Bajos son una de las democracias mejor calificadas del mundo, de fuerte impronta liberal, con economía abierta al mundo y eficiencia, con industria potente...¡y una reina argentina!.

Nosotros, en cambio, tenemos poco más de 200 años de nación, tenemos una presencia predominante del peronismo, una grieta sostenida con las presencias de Cristina Kirchner y Mauricio Macri, y ¡dependemos de la coparticipación nacional! Sin contar que el populismo sigue siendo el norte de nuestra política, aún de los que niegan ser populistas.

La contracara

Un estado moderno -cree Suarez- debería prever que las principales provincias de frontera pudiesen cobrar algunos de los impuestos nacionales. Y el hecho de que Mendoza posea mayor institucionalidad que otras provincias debe recibir algún tipo de reconocimiento. Aún con todos sus piojos, Mendoza es la contracara de Formosa y de otros Estados feudales. "Pero el problema es que la macroeconomía no la manejamos nosotros", aclaró Suarez a los periodistas extranjeros.

"Hay que activar más pasos a Chile, salir al mundo, tener otro tipo de coparticipación", insiste Suarez quien aún no termina de digerir el fracaso de no haber podido reabrir la explotación minera sustentable en la provincia, que fue el primer gran programa que presentó al asumir y que fue volteado por la intransigencia ambientalista. "Decían que la minería se iba a consumir el agua de la provincia, cuando en realidad iban a ocupar el equivalente de agua para un viñedo de 70 hectáreas".

¿Qué queda claro?

Si pasamos la zaranda podremos ir separando la paja del trigo. Veamos algunas cosas que se destacan en este asunto:

  1. Que Mendoza no quiere independizarse de la Argentina, quiere justicia distributiva de los impuestos nacionales y un nuevo concepto de ese federalismo olvidado y tergiversado desde hace décadas por los que pasaron por la Casa Rosada.
  2. Que Mendoza busca, por lo tanto, cambios en la coparticipación; y poder cobrar, por su condición de provincia fronteriza con el principal corredor de acceso al Pacífico, algún tipo de retribución.
  3. Que Mendoza propone retomar la senda de la modernidad, de la apertura al mundo, de las reformas, de la institucionalidad, de la seguridad jurídica, del pago de las obligaciones contraídas por el Estado, de la rigurosidad conceptual contra el esloganismo vacuo y militante; y de la empresa privada como gran generadora del empleo.
  4. Que en cambio la Argentina actual propone el empleo estatal, el rechazo a las inversiones extranjeras, la continuidad de los planes sociales, el piqueterismo y el clientelismo.
  5. Que no está mal pensar en parecernos en algunas cosas a Holanda (ojo, sin reinas ni reyes), así como no está mal admirar a los países nórdicos, hoy ejemplo por haber sopesado tan bien el liberalismo con el estado de bienestar.

La síntesis sería: Mendoza no quiere independizarse, pero sí tener una provincia con más poder de decisión y con un poco más de autonomía. Antes eso se llamaba federalismo.