¿Vio que cada semana aparece en el escenario político argentino y en las encuestas una nueva verdad revelada?
Un día te anuncian el fin de Cambiemos. Mañana que María Eugenia Vidal irá en lugar de Mauricio Macri con Alfredo Cornejo de vice. Y pasado mañana que Marcelo Tinelli será el próximo presidente, con Larry De Clay de vice.
"La" verdad de la semana pasada fue que asistíamos a una imparable resurrección del kirchnerismo. Y la prueba irrefutable la iba a proporcionar la elección a gobernador que se realizó el domingo pasado en la provincia de Neuquén y en las que iba a hacer roncha el candidato cristinista, Ramón Rioseco.
El batacazo imaginario
Rioseco era el candidato que juntó al peronismo neuquino y a Unidad Ciudadana, es decir el brazo electoral de Cristina.
El diario Pàgina/12, por ejemplo, publicó en un gran titular que este político iba a dar la primera gran sorpresa política del año, con lo cual se iba a poner en marcha en todo el país la vuelta al poder del proyecto "nacional y popular".
El diario que tiene de periodista estrella a Horacio Verbitsky vaticinó que Rioseco daría "el batacazo" frente a Omar Gutiérrez, líder del Movimiento Popular Neuquino (MPN) y gobernador en funciones, quien iba por la reelección.
Tal era el convencimiento que hasta Cristina Kirchner estaba preparada para dar un mensaje al país el domingo a la noche indicando que lo de Neuquén iba a ser el inicio de una nueva epopeya que saldría del Instituto Patria, que ella comanda como CEO ideológica, para reconquistar el poder popular, hoy en manos de un gobierno de ricos insensibles.
Morder la derrota
En realidad los que terminaron hocicando fueron los encuestadores y Rioseco, efìmero candidato estrella de un kirchnerismo que supuestamente volvería a dominar al resto del PJ y a tomar las riendas del país.
El hombre de Cristina quedó a 14 puntos del gobernador Gutiérrez quien terminó reelecto con casi el 40% de los votos. Los neuquinos hicieron trizas lo que vaticinaban las encuestas.
En la Casa Rosada terminaron celebrando lo ocurrido ya que Macri siempre ha tenido buena relación con el MPN, el partido provincial que maneja Neuquén desde la vuelta de la democracia, situación que se ha potenciado porque la Nación ha puesto todas las fichas políticas y económicas en el proyecto petrolífero y gasífero de Vaca Muerta.
The man of Cariló
En esta nueva semana los nombres de ese futuro venturoso han variado. Roberto Lavagna se ha relanzado en busca de un operativo clamor que lo eleve a él como unificador del peronismo razonable.
Pero ocurre que no todos los peronistas civilizados están dispuestos a clamar por Lavagna. Urtubey menos que menos.
Si hasta Sergio Massa ahora duda que Lavagna sea realmente la opción, al decir por lo bajo que el economista estaría un poco pasadito en edad.
Pero hete aquí que a Marcelo Tinelli también se le ha ocurrido esta semana volver a jugar con la idea de integrarse al peronismo, ámbito en el que, asegura sin ponerse colorado, siempre ha estado su corazón político.
Y en esa dura tarea de probar apareamientos, esta semana Tinelli ha pedido bailar con Lavagna porque él también tiene un sueño.
Pero Lavagna, como buen peronista, no dudó en promocionar el rejunte por el rejunte mismo y se ha sacado fotos en las que aparece de cogote cruzado con algunos de los peores exponentes del gremialismo de millonarios, con Luisito Barrionuevo a la cabeza.
¿Que nos deparará la próxima semana política, qué cuenterío nos abrazará para hablarnos de epopeyas y futuros de grandeza? ¿Qué nueva plaza en honor al dictador Maduro nos tendrá preparada la muchachada artística kirchnerista? En qué horizonte estarán los brotes verdes macristas?
Por las dudas, pido gancho.
