Suponemos que Jaime Durán Barba, el asesor maravilla de Mauricio Macri debe haber desechado por completo la idea que Lilita Carrió le zampó la noche del 11 de agosto cuando lo rajó del búnker del macrismo.
Fue tras la debacle sufrida en las PASO cuando se comprobó que ninguna encuesta, mucho menos la del sabelotodo ecuatoriano, había detectado el cachetón que Alberto Fernández le daría a Macri ganándole por quince puntos de ventaja.
La alocada diputada nacional, a boca de jarro, para que la escucharan todos en esa zona vip del complejo Costa Salguero, le exigió a Durán Barba que se introdujera en su zona anal toda "la big data".
Es decir, la enorme cantidad de datos que había acumulado en sus investigaciones de campaña electoral y que, para estar a tono con las zonas del cuerpo aludidas, resultaron una verdadera pedorrada.
Sopa again
Este nuevo derrape de las firmas de sondeos (¿cuántos sucesos como éste han ocurrido en las últimas décadas, querido lector/a?) es otra muestra del fenomenal verso que se suele dar en torno a la manipulación de los datos de los ciudadanos.
¿No era que esas famosas nubes virtuales sabían casi todo sobre las audiencias? ¿No era que en esos nubarrones de datos se concentraba al dedillo la vida y pasión de los ciudadanos?
¿No sabían de memoria el pulso político de los argentinos? ¿No sublimaban “las analíticas” asegurando que esas herramientas sabían más de nosotros que la madre que nos parió?
Al parecer la big data sirve para los negocios y las decisiones empresariales, pero no tanto para la política.
Debemos convenir en un punto: los votantes son magistrales. ¿Usted vio la cantidad exagerada de consultoras que habían aparecido para desentrañar cómo íbamos a votar los argentinos en las PASO.
¿ Y qué me dice de esos nombres aparatosos que sólo podían generar admiración, como Management & Fit? ¿Dígame si usted no le creería?
Iba a ser un paseo
Incluso hasta el día anterior a las PASO el susodicho Durán Barba les seguía asegurando a Macri y a Marcos Peña (otro que bien baila) que Alberto les ganaba por tres puntos, con lo cual la primera y segunda vuelta eran pan comido, puro crecimiento, como en el 2015, y que además había posibilidades de un batacazo oficialista en las PASO.
¿Cómo no entender la cara desencajada de Mauricio Macri ese domingo y sobre todo el lunes 12? De tan afectado por la dura realidad parecía que había envejecido 15 años, tanto como los puntos que le sacó el kirchnerista Alberto Fernández?
¿Usted se acuerda del arsenal de herramientas con las que el oficialismo “webeaba” en las redes sociales para movilizar a la tropa?
Cómo olvidarse de aquellas enseñanzas que transmitía Marcos Peña en las reuniones con jefes de campaña, candidatos e intendentes en las que llamaba a ser como los vietnamitas? Había que minar al enemigo poderoso como hicieron los pobres pero empeñosos vietcongs con los asquerosos yanquis.
Es el mismo Marcos Peña que, como Durán Barba, insistía hasta el mismo día de las PASO, por WhatsApp: “Hay muy pocas chances de que estemos mal”.
Alberto Fernández no usó “vietnamitas” ni tampoco la aludida big data, según se pavoneó él mismo haciéndose el pibe natural.
Es entendible entonces el duro trance que está pasando el bueno de Durán Barba ante el mundo.
La guaranga de Carrió lo fusiló al indicarle –urbe et orbi- el lugar donde perderse sus desatinos.
¿Cómo le dirán popularmente en Ecuador al recto?
