Análisis y opinión

Inquieta y con duda, una mayoría sigue expectante ante ese misterio llamado Javier Milei

Una mayoría compuesta por el 56% que votó a Javier Milei es la que ha dicho que no quiere saber más nada con el continuo fracaso político y económico

¿Podrá el presidente Javier Milei, al que no terminamos de conocer y del que no sabemos aún por dónde agarrar, encaminar la economía del país, oxigenar la política y airear la cotidianidad para demostrar que existe vida más allá del populismo?

Nos sentimos raros, inquietos, tenemos dudas, pero una mayoría de argentinos sigue expectante. No así los kirchneristas duros y los gordos de la CGT que ahora se autoperciben epopéyicos imaginando que vuelven a la "resistencia" tras cuatro años en que se hicieron los sotas frente al estropicio de la gestión "nacional y popular" de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

Es un ir y venir de sensaciones. Usted escucha a Javier Milei hablar de "las fuerzas del cielo" o mostrarse preocupado por su papada en las fotos, y no puede menos que experimentar una mezcla de escozor y desazón.

Pero después, si le echa un vistazo al DNU gigante o a la Ley Ómnibus que se empieza a tratar el martes en el Congreso, se encuentra con una especie de esbozo general de muchas de las cosas que es necesario revisar y cambiar si es que pretendemos tener un país menos traumado y más eficiente.

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Javier Milei en Río Gallegos, donde lo esperaba una multitud para saludarlo, antes de partir a la Antártida.

Javier Milei en Río Gallegos, donde lo esperaba una multitud para saludarlo, antes de partir a la Antártida.

De qué hablamos

Hablamos de una nación más ecuánime con sus ciudadanos. Más conectada con lo que pasa en esos ámbitos donde las naciones progresan, donde el esforzarse y trabajar vale la pena, donde las clases medias son el motor, esos lugares a los que sueñan con irse quienes padecen regímenes condenados a la cultura de la sofocación, de la corrupción, del pobrismo y del estatismo improductivo,.

Es cierto: el "loco" nos desconcierta. Pero a la Argentina hay que sacarla del fracaso. Y el voto popular lo ha puesto en la Casa Rosada precisamente a él. A este país le urge sanear su economía para volver a generar trabajo privado, frizado desde hace 12 años. Para ello, entre otras cosas, se deben empezar a eliminar los privilegios que tienen varios sectores en desmedro del conjunto de la sociedad.

Para comenzar esa tarea, hay que desentrañar la fenomenal maraña que se ha tejido entre el Estado y los grupos que viven prendidos de esa teta. En la Argentina no sólo hay una casta política beneficiándose de prebendas, sino que hay castas de variados pelajes que van de lo sindical a lo empresarial, de lo comercial a lo profesional o a lo cultural.

Es cierto que "da cosa" que Milei, en medio de ese matete, hable de sus "hijos y nietos" caninos, esos que pesan entre 80 y 100 kilos, o que el susodicho nos informe que aún no se terminan los caniles exclusivos que le están construyendo a sus mastines en la Residencia de Olivos.

Son esos momentos en los que usted se dice:"ojalá que este hombre tenga la misma preocupación por el futuro del país que por sus perros y que acierte con inteligencia, pues estamos en sus manos". Y lo estamos por una razón de peso: lo votó el 56% de la población. Eso no quiere decir que debemos extenderle un cheque en blanco o dejar de marcar errores, pero sí aceptar que, por lo menos, debe tener un período de gracia.

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Javier Milei con su simbólica motosierra.

Javier Milei con su simbólica motosierra.

El fracaso, esa costumbre

Esa mayoría ha dicho que no quiere saber más nada con el continuo fracaso político y está harta de que la política y las dirigencias en general se miren el ombligo, que sean vacuos y que hayan convertido en fiascos las ideas de progreso y de movilidad social,

Esa civilidad está esgunfia de que el Estado gaste más de lo que produce, de que haya convertido en basura el peso argentino, de que la emisión monetaria esté descontrolada desde hace décadas, convirtiéndose así en el caldo de cultivo de la pavorosa inflación que sufrimos y que es el estigma con que nos conoce el mundo. Los contribuyentes están fastidiados de que la necesaria ayuda social haya sido cooptada por los gerentes de la pobreza y desvirtuada en sus fines.

Hay demasiada derrota amontonada sin que nos hayamos animado a enfrentarla. El peronismo se ha enredado en ideologismos de derecha e izquierda y ha quedado varada en chapucerías de credo que hacen, por el momento, que no puede ser la solución para nada bueno. Tiene ante sí la obligación de reprogramarse y de ejercer la necesaria tarea de control.

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El beso de Fátima Florez y Javier Milei, cuando el Presidente la fue a ver al teatro en Mar del Plata.

El beso de Fátima Florez y Javier Milei, cuando el Presidente la fue a ver al teatro en Mar del Plata.

La inquilina

En medio de todo este bolonqui, es cierto que inquieta que Javier Milei esté preocupado por tener papada. O que su equipo de Comunicación esté obligado a "photoshopear" las imágenes oficiales para dotarlo de una cara más angulosa. O de que haya que maquillarlo con una técnica conocida como "contouring" para estilizar su rostro. O que debamos acostumbrarnos a que su novia, Fátima Florez, sea una estrella del showbizz. Jorge Asís diría "un cigarrillo y un poco de menemismo no se le niega a nadie".

Quizás debamos acostumbrarnos a que el mismo Milei, que promete iniciar el camino hacia una normalidad política y económica de este país, sea el mismo que cada tanto aparezca en un escenario para besar ardorosamente a su novia.

Convengamos que estamos ante un personaje. Con todos los bemoles que eso conlleva. El mismo Milei que está haciendo con el equipo que dirige Federico Sturzenegger una disección de los males argentinos, y que ha decidido dar batalla en el Congreso para arreglar por ley esas anomalías, es el mismo que ha anunciado que en estos días se irá a vivir a la residencia oficial de Olivos y que se llevará como inquilina a su ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, la que ocupará, cuentan, una de las casas de huéspedes de ese complejo que, dicho sea de paso, ya ha sido visitado por depuradoras de malas ondas.

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