La historia contará que surgió de la nada, que arreció en los canales de televisión y que levantó -genuinamente- hordas de fanáticos en las redes sociales. Que todos ellos lo insuflaron de un poder imparable. Contará también que se transformó tan rápidamente en un fenómeno de masas, que su vértigo quizá sólo sea comparable al que empujó a Juan Domingo Perón. Hasta ahora, Javier Milei es básicamente esto. ¿Y después? ¿Qué dirán los libros sobre el mañana que nos espera con él? Ese hombre, al que 800 mil mendocinos y 15 millones de argentinos votaron, está a punto de sentarse a gobernar. Así que lo descubriremos muy pronto.
Hoy arranca la Argentina que votaron siete de cada diez mendocinos: las claves
Dicen que la libertad avanza y sería muy bueno saber hacia dónde. Es esa una de las preguntas que nos laten mientras esperamos ver a Milei pasar por nuestros televisores; raudo, camino a la Casa Rosada, la Catedral Metropolitana o el teatro Colón. ¿Hacia dónde? ¿Será tan bueno como dicen en ese canal de televisión? ¿Será tan malo como dicen en el otro? Desde esta provincia, a 998 kilómetros de la Quinta de Olivos (para usted tal vez menos, porque lo calculé desde mi casa), esa única pregunta se transforma en otras: ¿A quiénes de los nuestros potencia? ¿Cambiará nuestra economía local? ¿Nuestra política doméstica? ¿Cuánto tuvimos que ver con todo esto?
Nuestra implicancia inicial es obvia: arrasó. No hubo escuela donde no ganara. Y ya en las PASO, familias enteras casi "piqueteaban" en las puertas de las aulas porque faltaban sus boletas. Eran señales nítidas, pero nos damos cuenta ahora. El amor de Mendoza por Milei, que fue mucho más grande que el de otras provincias, se vio venir desde hace tiempo. Su primera visita pasó casi sin registros, es cierto: un puñado de libertarios, empujando una coalición entonces llamada Vamos Mendocinos, le daba la bienvenida. Todos con barbijos, sin demasiada prensa, saludándose con los codos.Muy frío. Salvo por las semillas que dejó, aquella primera cita fue fugaz y olvidable.
Por eso sorprendió tanto la multitud que lo rodeó en el parque O'Higgins, en abril de 2022. Fue su segunda vez. Miles de mendocinos fueron a oírlo disertar sobre el dólar como único camino. Ahí selló su unión al Partido Demócrata y avisó que iba a ser presidente. No sólo el clamor era lo que lo unía a Mendoza: el partido casi centenario y nacido en estas tierras era el que lo catapultaba. El enojo local con el gobierno de Alberto Fernández -visible, porque las más fervientes marchas anticuarentena se daban en plena peatonal-, encontraba su camino y su líder.
Mendoza parece ser un reducto difícil para el peronismo; y directamente imposible si éste tiene algunas gotas de kirchnerismo adentro. Eso, más la caída estrepitosa en la imagen de Fernández, la afrenta cuasi personal que pareció haber en asuntos como aportes discrecionales y Portezuelo del Viento, el banque social a un Rodolfo Suarez que se plantaba por los criterios sanitarios; y -claro- la inflación como desgaste por goteo del oficialismo decantaron de la única manera en que parecía posible: con 780.364 votos para Javier Milei.
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Cornejo, Petri y el PD en el cambio de era
Hay algo que inquieta en Mendoza. El ascenso de un presidente siempre mueve las placas de la política local, de los referentes propios. En este caso, el hecho de que el nuevo líder no surgiese del bipartidismo, algo inusual, no encumbró a radicales, PRO, ni peronistas: exhumó a un Partido Demócrata que parecía olvidado. Un espacio que ahora se reencontró con el poder y sugiere nombres, maneja dos diputados nacionales y busca peso propio en la mesa chica del mandatario.
En lo doméstico, eso también implica que están decididos a tomar vuelo propio. Tanto, que miran con distancia a La Unión Mendocina, el frente de Omar De Marchi del que el viernes ya voló el Partido Libertario. Ninguno de sus referentes parece tener todavía tantas alas como para pelearle a Cornejo desde un lugar de segunda fuerza. Pero ojo, son el partido del Presidente; o sea que tienen estructura. En los mentideros ya se dice que están carreteando para jugar fuerte en estos años. En la pole position está Mercedes Llano, recién asumida diputada nacional.
Pero hay dos mendocinos que también van a crecer en los años de Milei. Uno es Alfredo Cornejo, que gracias a cómo se dieron las cosas -Larreta fuera del mapa inmediato y Bullrich ministra- aumentó su rol como líder opositor. La Liga de Gobernadores asoma como la conducción natural de Juntos por el Cambio, y él es uno de los que más ímpetu mostró en estos días iniciales. Tiene la experiencia y le responden tres diputados (bueno, habrá que ver Cobos) y dos senadores. Por ahora es un opositor amistoso, pero marcó la cancha.
El otro que va a crecer es Luis Petri. Futbolísticamente, tuvo la tenacidad y la ubicuidad -el olfato- de un nueve de área. Será por eso que se cansó de hacer goles en este 2023: fue la gran sorpresa en la PASO local; sorprendió como vice de Bullrich, y finalmente se transformó en un aliado clave para el pacto que unió a su fórmula con la del libertario. Insisto: como un Palermo o Batistuta, estuvo siempre a donde pedía la jugada para luego terminarla bien. Ojo, él mismo se las gestionaba, porque partió literalmente desde el llano. Ya es ministro de Defensa y su potencial es alto.
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Pet Sounds
Murray, Milton, Robert y Lucas no son sólo las mascotas de Javier Milei: son el mayor vínculo afectivo que tiene, junto con su hermana Karina. Muchos argentinos, quizá de mente demasiado cuadrada, tuvieron problemas para digerir esto: que el presidente no tenga esposa e hijos, los mande a la escuela y desayune pan con manteca.
Y es que, ahora no tanto, pero al menos en la previa, cada centímetro de Milei parecía desafiar las tradiciones. Las tradiciones mediáticas, políticas y sociales. Por eso enamoró tanto. El rol excesivamente central de estos perros en su vida es una parte simpática de eso, aún cuando se diga que al Presidente, un mastín americano le manda instrucciones desde el más allá. ¿Por qué? Porque para mucha gente, lo fundamental, lo único que importaba en estas elecciones, era el cambio. Y Milei es esencialmente eso: un distinto.
Esa enorme esperanza que generó, y sobre la cual llega montado a la asunción de esta tarde, no es un dato menor en su vínculo con Mendoza. Acá el respaldo -el idilio- que hay hacia Milei es mucho más grande que en el resto del país. Casi ocho de cada diez lo votaron. Sólo en Córdoba tuvo mejores números. Es una herramienta valiosa, pero de doble filo si las cosas no le salen bien, porque la decepción sería también importante. De cara a ese futuro, tiene una a favor y otra en contra:
A favor tiene que siempre fue con la verdad. Dijo que no había dinero, que la transición será dura y que llegará a donde quiere llegar a través de un feroz ajuste. La sinceridad de su diagnóstico puede amortiguar. En contra, el tiempo: no habrá luna de miel, y si la hubo, termina hoy. Pensemos sólo en esto: todos los presidentes de los últimos años -Kirchner; Cristina, Macri y Alberto- arrancaron con menos inflación de la que dejarían. Ninguno tuvo en su primer mes un índice superior al 5%. Milei será el primero que arranque en dos dígitos, y ese 5%, tan mal visto antes, es apenas su meta para finales del año que viene.
Hay incertidumbre y es sobre todo económica, pero también política, porque está debutando una coalición de hecho: un gobierno que tiene peronistas, radicales, libertarios, Macri, PRO, anarcocapitalistas, casta, anticasta y algunos perfiles más. Con todos ellos bajo el ala de Milei, arranca ese cambio que tantos votaron.
Hoy, como hace cuarenta años, el país inicia un proceso nuevo. Con el secreto temor por lo que pueda salir mal, pero también con la profunda esperanza de que salga todo bien.
PD: Pet Sounds, "Sonidos de Mascota", fue uno de los primeros discos de la banda estadounidense Beach Boys. Tal vez no lo tengas demasiado, pero tiene un hit al que seguro sí conocés, porque después lo reversionaron Charly García y Pedro Aznar. Lo más recordado de aquella canción era su pegadizo estribillo:
"Solo Dios sabe nuestros destinos..."
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