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La renuncia de Nanclares

Habla Llorente, el último sobreviviente de la Corte de Llaver: "Yo sigo en funciones, como siempre"

Editado por José Luis Verderico
verderico.joseluis@diariouno.com.ar

El juez Pedro Llorente está a punto de cumplir 79 años y la sorpresiva renuncia de su colega Jorge Nanclares (70) a la Suprema Corte lo posicionó, tanto o más súbitamente, en un lugar de privilegio. O de cierta incomodidad. Según como se mire.

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De privilegio porque casi es el único supremo en funciones de los integrantes de aquella Corte armada por el gobernador Felipe Llaver entre 1984 y 1987 con el retorno de la democracia: la Corte radical.

De incomodidad porque el sanrafaelino está a punto de convertirse en el último protagonista de aquel recambio político y judicial emblemático; de la fundación de aquel tribunal que manejó la cocina política/judicial de Mendoza por décadas.

¿Continuará Llorente en el cargo que Llaver le confió en 1987 o seguirá los pasos de Nanclares poniendo fin a aquella dinastía radical?

El mismo Pedro Llorente se lo contestó a Diario UNO vía telefónica. El hombre está recluido en su casa del Sur desde fines de marzo para protegerse del coronavirus.

“Yo no tengo ningún inconveniente que me impida seguir siendo ministro de la Suprema Corte. De ninguna clase. Ni de salud ni de ánimo” “Yo no tengo ningún inconveniente que me impida seguir siendo ministro de la Suprema Corte. De ninguna clase. Ni de salud ni de ánimo”

-¿Qué impresión le causó la renuncia de Jorge Nanclares?

-Nos iniciamos juntos en la función de ministro de la Suprema Corte hace 32 años. Hemos enfrentado diversas situaciones que hemos superado juntos. Esta situación, la de su renuncia, es algo excepcional. A decir verdad, tomé conocimiento de la decisión de Nanclares por los medios de prensa. El decidió de modo personal.

-¿Le sorprendió?

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Cómo ha ido variando aquella Corte de fines de los ´80. Ahora usted es el último de referente aquel tribunal…

-Exactamente, soy el único que queda.

-Cuando lo entrevisté hace ocho meses me dijo que seguiría siendo juez de la Corte hasta que advirtiera, en su persona, señales de que ya no debía continuar. Lo ejemplificó claramente hablando del encendido de una luz amarilla en su humanidad, en su tablero...

-Para mí, la luz amarilla es la que indica si queda o no combustible en el tanque. Y a mí, la luz amarilla todavía no se me ha prendido. Hasta ahora no tengo inconvenientes para seguir en mi función.

“Más adelante en el tiempo veré si es necesario tomar alguna decisión acerca de mi futuro” “Más adelante en el tiempo veré si es necesario tomar alguna decisión acerca de mi futuro”

"Usted sabe -agrega Llorente, en tono cómplice y grave- que, en esto, todos los días pueden ocurrir imprevistos. Y a veces, esos acontecimientos obligan a tomar decisiones por ahora no imaginadas. Como les pasa a todos”.

Y sigue: "Tendremos que reunirnos todos los ministros y tomar decisiones en conjunto. Hasta ahora, por razones obvias, no pudimos hacerlo. Creo que la semana que viene nos reuniremos y tomaremos decisiones en conjunto", dice remarcando las dos últimas palabras.

Será vía remota, admite.

-¿La renuncia de Nanclares lo llevó a pensar en su propia salida?

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¿Cómo vive el aislamiento?

-Esta cuarentena hay que tomarla muy en serio, sobre todo los que estamos en riesgo.

¿Cómo vive este vértigo de las comunicaciones remotas y semipresenciales para el funcionamiento del Poder Judicial?

-La Sala Primera Civil y Comercial ha sacado muchísimas sentencias. Vemos los expedientes en nuestras casas y los consultamos vía remota. No hemos parado de sacar sentencias y siempre hemos cumplido con los plazos fijados por el Código Procesal Civil.

De memoria

Así como un personaje de la película El Secreto de sus Ojos recuerda y puede recitar de memoria la formación del Racing campeón del ´66, la conformación de Corte radical aun hoy puede recordarse sin necesidad de hacer tanta memoria: Aída, Salvini, Romano, Moyano, Llorente y Nanclares.

Casi de manera automática. Por lo notable de varios de sus miembros, pero sobre todo por la gran cantidad de años de vigencia de los seis supremos designados por Llaver entre 1984 y 1987. Algunos, más de 30 años.

Y porque todos ellos estuvieron en el poder más años que la emblemática línea Naranja del peronismo mendocino, que gobernó 12 años al influjo de Bordón, Gabrielli y Lafalla.

Además, y este es otro dato que permite cuantificar la permanencia de ese team, porque desde sus despachos en el cuarto piso de los tribunales vieron asumir, gobernar e irse a cuatro gobernadores en línea (se agrega a Roberto Iglesias a los tres anteriores).

Sin embargo, esta Corte tuvo algunas características que difícilmente sean igualadas a través del tiempo: nunca se los pudo reunir para tomarles una fotografía institucional y casi no se los veía por los pasillos porque iban del auto al ascensor exclusivo y de ahí al despacho y viceversa, haciendo gala de un hermetismo de hierro y de un bajísimo perfil público.

Hablar hoy con Nanclares o con Llorente puede parecer sencillo para algún periodista, pero para que se aflojaran debieron pasar décadas.

La figura fue, sin dudas, Aída Kemelmajer, quien pasó a ser conocida y nombrada como La Rulo. Claramente descolló por su crecimiento técnico y académico que le valió renombre y nivel internacional que siguen tan vigentes como siempre.

Sin embargo, en los tribunales todavía retumban comentarios quejosos acerca de sus largos periplos académicos por el exterior, que repercutían en largas ausencias -al menos desde lo presencial- en su despacho situado en el cuarto piso del Poder Judicial.

¿Que si hubo internas y disputas entre los miembros de ese máximo tribunal? De todos los colores, bromeó un conocedor del mundillo tribunalicio local.

El origen

Llaver asumió la gobernación el 10 de diciembre de 1983 y una de sus primeras acciones fue contactar a dos sanmartinianos como él: Aída Kemelmajer y Herman Salvini. Les habló de la necesidad de renovar la Corte y les ofreció asumir. Ambos aceptaron inmediatamente y se convirtieron en supremos sn demora el 4 de enero de 1984.

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Completaban ese tribunal Elías Baglini, Aldo Massimiani, Juan Luis Miguel, Julio Mila y Arsenio Lorente.

La cirugía mayor fue practicada en dos tandas, durante los últimos tramos del mandato del primer mandatario radical.

Carlos Moyano y Fernando Romano desembarcaron para suceder a Baglini y Massimiani, y desde entonces la UCR se aseguró la mayoría. Cuatro votos sobre siete. Así la Corte radical se fortalecía.

Llaver estamparía su sello lacre definitivo sobre la Corte mendocina cuando designó a dos hombres de 38 y 46 años para cubrir las vacantes de Miguel y Lorente que estaban por producirse.

Los elegidos fueron dos abogados radicales que ya trabajaban en la función pública: Jorge Nanclares y Pedro Jorge Llorente.

Llorente venía de la actividad legislativa y ya se perfilaba para perdurar. Como hasta hoy. Ninguno de los dos había sido juez. Tampoco Aída Kemelmajer lo había sido.

Sin embargo, como quien se hace diseñar una prenda para que le siente perfecta, Llaver ponía en marcha una Corte a su medida. Y los resultados con perfume a conveniencia no tardaron en llegar, como el histórico fallo Ucedé que hachó las ansias de reelección de José Octavio Bordón en los '90 y que todavía sigue vigente. Treinta años después.

El goteo

Una variación casi imperceptible sufrió aquella Corte en 1990 con la renuncia del juez Mila, el séptimo.

Bordón lo remplazó por su ministro de Gobierno Alfredo Porras (hoy juez federal de apelaciones) pero este supremo rompió todos los manuales conocidos y catorce meses después renunció para ejercer como ministro de Rodolfo Gabrielli en Casa de Gobierno. Así, Porras fue remplazado por Carlos Aguilar, que estuvo más de cinco años hasta que se fue.

En 1996 Carlos Böhm llegó a ese sillón de la Corte de la mano de Arturo Lafalla. Renunció en 2014 y su lugar fue ocupado al año siguiente por otro peronista: Julio Gómez, con serias chances de gobernar el Poder Judicial cuando Nanclares efectivamente se retire, apenas le llegue la jubilación.

Moyano fue el primero en irse de aquella Corte armada por Llaver. Lo hizo en 2004, durante la gobernación de Julio Cobos, su salida fue tan sorpresiva como la de Nanclares esta semana.

Llegó Alejandro Pérez Hualde para ocupar la vacante, y, aunque este abogado y docente -hijo del recordado Dardo Pérez Guilhou- ejerció el poder y llegó a ser presidente del máximo tribunal entre 2009 y 2011, siempre causó la impresión de que no se quedaría toda su vida en el sillón de juez. Y así fue. Renunció en 2018.

La segunda elegida de Llaver se jubiló en 2010. Aída Kemelmajer dejó a la Corte vacía de sus conocimientos pero también sin mirada femenina, al menos hasta la actual postulación de Teresa Day para suceder a Nanclares. El palmirense Mario Adaro llegó a la Corte en 2011 en lugar de Kemelmajer.

La salida de Romano en 2012 profundizó la sangría radical en la Corte y enriqueció la presencia del peronismo, que había empezado a pisar fuerte con Adaro. Fue Omar Palermo quien lo sucedió tras romper otro manual: renunció a la Justicia Federal, donde los jueces ganan mucho más y tienen muchos menos problemas, para asumir en la Corte provincial.

Claro está que Palermo se cruzó a los tribunales de enfrente no por dinero, sino para hacer carrera y administrar poder político, erigiéndose en la pata mendocina de la agrupación judicial K Justicia Legítima. Y en la espada peronista mendocina en la Corte.

Herman Amilton Salvini, aquel elegido de Llaver en el retorno de la democracia, fue ministro de la Suprema Corte durante 32 años. Se jubiló en 2016 y fue remplazado por José Valerio, ejecutor desde entonces de profundas reformas en materia penal, como la implementación de los juicios por jurado popular que comenzaron en 2019.

Cada vez que se producían recambios en la Corte y se le preguntaba por su futuro, Salvini contestaba siempre lo mismo: que se iría de la Corte solo en caso de fallecimiento. No estaba tan errado: murió cinco meses después de jubilarse.

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