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Si gana Ramón, ¿me exilio?

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

Emoción fuerte. Me levanto  y antes de desayunar leo que José Luis Ramón, diputado nacional y aparatoso líder de la ONG Protectora, ha lanzado sobre  los mendocinos el siguiente y temible bando:

"El 10 de diciembre me sentaré en el cuarto piso de la Casa de Gobierno de Mendoza".

¿Y ? me pregunto a mi mismo con esa manía que tenemos los periodistas de encontrar siempre una noticia.

Desorientado, pienso en voz alta: yo también puedo ir el 10 de diciembre y sentarme en el cuarto piso del palacio de Gobierno. Llego, tomo el ascensor, digo que estoy mareado, pido una silla y me siento en el centro del poder.

Busco más data  y ahí, sí señor, aparece entonces el resto de la frase de Ramón, que él ha ralentizado para darle suspenso a su espiche.

Me topo entonces con su esperada máxima: "Ha llegado el momento de presentarme y ser el próximo gobernador de Mendoza".

Las cosas por su nombre

Yo, soy franco, no sabía que había llegado ese momento en la vida de Ramón y mucho menos que a los mendocinos pudiera interesarles.

Sinceramente, me  suena a disparate, pero  voy a ser un poco falso y diré, utilizando a  Voltaire, que no me pinta tal postulación, pero daría mi vida para defender el derecho de este hombre a ser gobernador de la Provincia.

Con lo cual quedo como un duque y no como un amargo que prefiere a alguien de un partido clásico.

¿En Reñaca? ¿En Punta?

Por supuesto no voy a caer en la tonta exageración de esos puristas que aseguran que si gana Cristina se van del país, o que si gana Macri se exilian  en Uruguay.

Ni siquiera con Paco Pérez pensé en irme. Ni a San Luis.

Si gana Ramón me tendré que bancar un  primer período de payasadas y exageraciones con la Ramoneta y otros accesorios a los que él  es tan afecto, pero después será el sistema quien lo irá poniendo en caja.

Es que una cosa es hacerse el gracioso o el excéntrico (para un legislador nacional eso no cuesta nada) y otra muy distinta tener que lidiar a diario con la dura realidad provincial. Y cuidar la plata de los mendocinos.

Tiene razón el Teorema de Baglini: Mientras más lejos está un político del poder, más irresponsable se torna. Que es lo que suele pasarle al dirigente de la izquierda clásica. Por el contrario a medida que la realidad acerca a los políticos  al poder real, es decir a estar obligados a tomar decisiones diarias que pueden afectar para bien o para mal a millones de personas, más responsables y menos loquitos se tornan.

Pongan un semáforo

Pobre Ramón, él no fue el único que me sorprendió en la mañana de este jueves.

Al salir  a la calle, chequeo las últimas noticias en el celu, y me encuentro con que Alejandro Bermejo ha vuelto a recordarnos  (ahora al dar su último mensaje ante el Concejo Deliberante como intendente de Maipú) que ya está en carrera para llegar el 10 de diciembre al cuarto piso de la Casa de Gobierno.

Transito unas cuadras en la Ciudad y ¡madre mía! comienzo a ver unas gigantografías a todo color que se me vienen encima.

Contienen  el rostro dulce de la kirchnerista Anabel Fernández Sagasti, quien nos anuncia  -porque así lo ha decidido Cristina Fernández de Kirchner- que ella también quiere sentarse el 10 de diciembre en el mismo lugar al que van a llegar Ramón y Bermejo.

¿No será mucho? me digo al recordar que para el mismo lado y día habrán rumbeado el radical Rodolfo Suarez y el macrista Omar De Marchi (o uno de ellos, según lo que digan las PASO de Cambia Mendoza), sin dejar de contar a los candidatos que designe la izquierda y esos tapados tipo Partido Federal o el de algún espacio evangélico.

¡Gracias, diferencia!

Una cosa diferencia a Mendoza de otras provincias. Al no tener reelección de gobernador no hemos generado caciques feudales ni familias ídem. Aquí lo más importante son las instituciones, no los apellidos.

Entonces podemos darnos el gusto de decir: bienvenido Ramón a la carrera. No creemos que tenga chances, pero si ocurriera un milagro político y usted llega, lo aceptaremos porque el sistema institucional se encargará de que no haga locuras.  

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