Tras el desplante del kirchnerismo

Fernández consolidó a un nuevo grupo de leales en Mendoza y hay amenaza de reelección

En La Cámpora dicen que el vacío político que le hicieron fue por el círculo del mandatario: "Nadie nos invitó", aseguraron. En el almuerzo posterior, la mesa chica del albertismo volvió a poner al Presidente en carrera. Ya agitan una PASO contra los alfiles de Cristina

¿Alguien hubiera imaginado, a mediados de 2019, un acto de Alberto Fernández en el que no estuviera el kirchnerismo? No. Luego de que Cristina lo bendijese con la candidatura -a la velocidad de un tuit-, se sellaron las cicatrices y, en Mendoza, el sector de Sagasti pasó a serle casi incondicional. Lo acompañaron en sus visitas y lo respaldaron en sus decisiones, aún en las más complejas. Pero nada es para siempre. Este miércoles, en que al Presidente le falló como nunca antes su vieja guardia mendocina, a su alrededor se mostró consolidado otro sector: un nuevo grupo de leales (aunque algunos vienen desde antes). Hay versiones, incluso, de que el mandatario arrancó su camino a la reelección y se animó a decirlo ante ese conjunto: “construyan”.

Ahora, ¿por qué los otros lo dejaron solo?

Es cierto que la visita fue intempestiva y –literalmente- a mediados de enero. También que, ya el viernes, cuando surgió el rumor de su llegada, en el PJ no tenían ni la más mínima idea de nada. No sabían mucho más que las versiones de los periodistas. Incluso esta misma semana, cuando ya era casi oficial que venía, no había en el partido una idea clara de cómo sería el recorrido. El malestar por esa supuesta falta de organización se coló entre algunos camporistas de importancia, que expresaron textualmente un “buscan que vayamos, pero no coordinan con nosotros. Capaz es eso lo que quieren (que no estemos)". Fuerte.

Era claro. Y ahora que el periplo terminó, lo es más que antes: la ruptura de los albertistas con el kirchnerismo duro no sólo sigue vigente, sino que ya se cuela de forma palpable en provincias como Mendoza. Y si bien es verdad que las ausencias de Lucas Ilardo y Flor Destéfanis se dieron porque ambos están de vacaciones –lo mismo Adolfo Bermejo y Marisa Uceda- también es verdad que, si hay intenciones, al menos un emisario acude. A alguien se envía, aunque sea para quedar bien: “Cuando vos querés mandar a alguien, lo mandás. Hoy no hubo nada”, dijo uno de los presentes y disconformes.

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Un grupo de 400 militantes acudió al encuentro en Lavalle.

Un grupo de 400 militantes acudió al encuentro en Lavalle.

Y es cierto. Ni primeras, ni segundas, ni terceras líneas de La Cámpora o afines a Unidad Ciudadana se mostraron allí. Que es lo mismo que decir que la cúpula del PJ estuvo ausente. Ni más ni menos que ausentes en la visita de un presidente peronista. Y más aun: ausentes en la tercera visita de ese presidente peronista en 37 meses de gestión –es decir, un hecho de alto peso político, que además es poco usual-. Y por último: ausentes en la visita de ese presidente peronista, al mismo tiempo en que el radicalismo lo erosiona con críticas y lo deja plantado ante la vista de todos. O sea: casi vulnerable y en una provincia que en gran parte no lo quiere. En lugar de respaldarlo, le hicieron lo mismo que sus rivales políticos.

“No somos los malos de la película. Ellos no nos invitaron, así de simple”, respondió un dirigente K ante nuestra consulta. Al mensaje lo acompañó con una carita feliz.

Y algunos podrían reflexionar: “Bueno. Si la señal de apoyo a la máxima figura institucional del país, en un momento en que lo necesita, no viene por los nombres propios, al menos puede venir por las agrupaciones políticas que le son afines. ¿No?”.

No. Junto a la planta depuradora de Lavalle sólo flamearon siete banderas. Todas, de la agrupación Somos, que tiene relativo peso en aquel departamento. Eso y un mínimo puñado de personas (quien escribe esto vio a dos, pero pudieron ser más) que tenía las remeras de la CCC (Corriente Clasista y Combativa). Del resto, nada: no estuvo ni Las Trincheras, que es un grupo de universitarios filo K; ni La Cámpora -obvio-, ni Barrios de Pie, ni el Movimiento Evita, que hoy por hoy está bastante cerca de Anabel. De hecho, en las dos comunas donde hubo internas del PJ, La Cámpora apoyó a candidatos de esa facción: José Carrizo y Liliana Terranova, de Tupungato y Rivadavia.

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Katopodis, en una nueva visita a Mendoza. En unos días será la novena vez que llegue a la provincia.

Katopodis, en una nueva visita a Mendoza. En unos días será la novena vez que llegue a la provincia.

“No, no. Hay un error. Sí hubo gente del movimiento. Lo que pasa es que no fueron vestidos con las pecheras azules”, contestaron desde adentro del Movimiento Evita. Para la praxis de la militancia, ir de “civil” es lo mismo que no ir. Se sabe.

Ahora, ese mensaje, sumado a las escasas seis personas que aguardaban a Fernández en el predio de la IV Brigada Aérea, no sólo es una señal del vacío político que puede hacerle un sector. También dice mucho sobre cómo traccionaron esos socios que sí le siguen respondiendo al Presidente y cuánto pueden construir políticamente a futuro. Puede ser una debilidad a tener en cuenta.

Para hacer un poco de memoria y contrastar, cuando vino por primera vez a Mendoza como Presidente electo, en 2021, al menos había una veintena de personas en ese mismo lugar, y todos sostenían una larga pancarta, esperando para verlo. Esta vez, sólo ese grupúsculo, que afirmó pertenecer a las facciones “Nueva Dirigencia” y “PJ 8 de octubre”, de Godoy Cruz y Las Heras.

Es decir, desconocidos.

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Los nuevos leales y qué pidió Alberto

Después del encuentro, hubo un almuerzo. O, en realidad, dos almuerzos. La comitiva se trasladó hasta una fábrica de lavandina, en el parque industrial de Lavalle, y ahí esperaban para agasajarlo al Presidente. La dirección del encuentro fue secreta durante toda la mañana, pero después del acto se fue filtrando a algunos periodistas y dirigentes. Allí se tendieron sendos tablones: la mesa chica, con Alberto Fernández a la cabeza, tenía unas diez personas. La otra, un poco más alejada de lo que ahí se decía, tendría unas cincuenta. El menú era costillar a la llama en principio, pero terminó siendo bastante más amplio. Y no sería la única sorpresa.

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Ramón, uno de los más cercanos al presidente durante su visita oficial.

Ramón, uno de los más cercanos al presidente durante su visita oficial.

¿Qué se dijo allí? Algunas fuentes contaron una versión más que inquietante: que el Presidente va a las urnas. Que está decidido. Que habló de forma abierta del proceso electoral y dijo, sin pelos en la lengua que tenía intenciones de jugar en la interna del peronismo. Pero no es todo: de acuerdo a esas voces, Alberto pidió que haya una PASO justicialista en Mendoza y que se arme una mesa de acción política para disputarle a La Cámpora. Insistimos: son versiones. "Nos dejó en claro que el cristinismo, hoy, es casi un adversario político para lo que viene”, dijo una alta fuente. “No significa que se rompa la coalición ni que afecte a lo que hagan de ahora en más, pero sí se plantea eso de cara a octubre”, remató.

No estaban los mismos cinco intendentes que fueron al acto. Pero algunos había. En el encuentro –aunque no necesariamente en la mesa chica que oyó al mandatario- estuvieron, entre otros, José Luis Ramón, ciertos jefes comunales, y el presidente del INV, Martín Hinojosa. Este último fue de las pocas figuras cercanas a Anabel e Ilardo que se hicieron presentes. Pero de él deben decirse dos cosas: que intenta mantener un perfil neutral ante la grieta interna; y que tenía sobre sí casi una obligación doble: es titular de un organismo nacional y, encima, precandidato a gobernador. El único en todo el PJ que se animó a lanzarse, de hecho. ¿Cómo no iba a ir?

“La Cámpora no nos va a dar muchos lugares a nosotros. Ya lo sabemos”, empezó diciendo uno de los entusiasmados con este panorama. “Ahora la cuestión es que se fortalezca el grupo de los intendentes y que se sumen a los que están haciendo fuerza contra el oficialismo del partido: o sea, los mismos que casi van a la interna junto a Stevanato. Sólo así habría primarias que le den chances reales a otro sector”, marcaron.

Lo decían casi como si fuese simple.

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Además, inauguró la ampliación de la cárcel federal de Cacheuta.

Además, inauguró la ampliación de la cárcel federal de Cacheuta.

La visita de Fernández -la oficial, sacando el almuerzo- casi pudo calificarse de fugaz. Duró poco más de dos horas y el mandatario nunca estuvo más de cuarenta minutos en el mismo lugar. Para las señales políticas, de todos modos, no hizo falta más tiempo que ese. La primera fue que se vieron aliados incondicionales –Guillermo Elizalde, Guillermo Carmona, Rafael Moyano, Fernanda Lacoste-; se sumaron algunos que sorprendieron un poco más -como José Luis Ramón-, y se vieron ausencias atronadoras: con el "Rodi” todo mal, y con buena parte del kirchnerismo, parece que también.

La segunda fue que Fernández mostró su llegada a los intendentes peronistas, su vínculo. Y vino acompañado por una figura decisiva en ese sentido: un funcionario que tiene articulación real –y no de mero discurso- con ellos, como lo es Gabriel Katopodis. El hombre fuerte de Obras Públicas ya ha venido ocho veces a Mendoza y en pocos días volverá para inaugurar una red de agua –en ese caso, a Las Heras, un municipio radical-.

O sea, Fernández vino junto a alguien que gestiona y les consigue cosas a esos intendentes. No es poco.

Dicen que la política se nutre de gestos, y el acto de este miércoles los dejó por todos lados. Lanzó varios que pueden ser analizados en el presente y sembró otros para ser leídos en el futuro. Y ojo: puede ser cierto que el Presidente no esté de campaña -como se encargó de aclarar-, pero tampoco dijo nunca que se bajaba de la reelección, y en varias oportunidades ha dicho que esa idea lo seduce. Descartado no está. La pregunta es qué significa eso para Mendoza y si algunos, efectivamente, se atreverían a construir en torno suyo.

Por lo pronto, para octubre faltan nueve meses.

El domingo 22 puede encontrarlo al Presidente compitiendo en una boleta.

El martes 17, festejando con sus nuevos leales.

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