Afortunadamente, no es muy difícil contar algo distinto de lo que ya se haya dicho sobre las elecciones en la Provincia de Buenos Aires. Se trata de buscar lo que sobresale del esquema que se planteó en estas horas: los errores económicos del Gobierno, la posible corrupción y la mala gestualidad de Milei, sumados a una gala de la motosierra que, tal vez, nunca terminó de hacer entender o mantenerla como algo popular.
Elecciones en Buenos Aires: al final se pintaron de verdes, pero esto no anticipa octubre
El peronismo arrasó en la Provincia de Buenos Aires con aparato, candidaturas y territorio. Milei exhibió inexperiencia. Pero ojo con considerarlo un "spoiler"

La derrota caló hondo en el oficialismo. ¿Cuán hondo? Esta semana lo sabremos.
Lo primero que hay que decir es que todos esos elementos jugaron, pero no se puede dejar afuera a otros factores. ¿Uno central? Es un equipo político al que la palabra verde le quedó chica para esta elección. La Libertad Avanza fue directamente un vergel.
Muy verdes: los caminaron en la sapiencia y en la maña de cómo se encara una jornada de estas características y en este territorio tan particular. Entre otras cosas, les tiraron encima una boleta de color casi idéntico y no supieron cómo sacársela del cuarto oscuro, aún siendo Gobierno nacional. Algo les habrá quitado en cantidad de apoyo. Es un botón de muestra de cierta tibieza y falta de expertise. Lo dijo Milei y algo de razón probablemente tenga: también los arrasó el aparato. Casi con seguridad, el gobernador y los 83 intendentes justicialistas tengan mucho más conocimiento de cómo sumar algunos votos más gracias al aparato, del que pueden tenerlo Pareja y los Milei. Algo que, por supuesto, pasa en todos lados del país.
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Pero hubo muchas cosas que exhiben la inexperiencia y los errores finos del Gobierno: no hicieron hincapié en el tema seguridad, el único punto fuerte con el que podían entrarle al hígado a Kicillof. Aunque en rigor hay que decir que no se habló de nada de la Provincia de Buenos Aires. Ni seguridad, ni calles, ni cloacas, ni nada. Era una elección en abstracto: sobre un territorio definido, pero con una campaña que habló de otra cosa –la Nación- y que se tornó más un plebiscito de alcances financieros y monetarios que “reales” en la vida de los que votaron.
Tampoco lograron los libertarios instalar en la opinión pública como algo muy negativo el uso excesivo de las candidaturas testimoniales del peronismo. Lo hicieron a full, y sin embargo fue tibia la acusación para que, al menos, alguna señora de barrio se indignara.
Y, sobre todo, quizá el más tremendo error: jugaron la más importante de todas las batallas, la Tercera Sección electoral, con un candidato pésimo: Bondarenko. Un comisario retirado, concejal de Florencio Varela y ex hombre de Manes. Un desconocido que apenas se escuchó en campaña. La elección más fuerte y llevaron a nadie. ¿Qué hubiera pasado si, al final, Cristina no iba presa y sí podía presentarse allí? ¿Igual ponían a este jugador tan, pero tan, menor? En fin.
Había tres escenarios posibles. Pero no es que se dio el tercero peor para Milei: se dio el cuarto, directamente. El que estaba fuera de los charts. Fue derrota; derrota por largos 13 puntos, y, encima, frente a esa vara simbólica del 40% que se habían trazado (que incluso los gurúes financieros ponían como una orilla de cara a lo que pueda quedar este lunes) quedaron muy lejos: apenas 33 puntos.
Hablando del cuarto escenario, todo eso sin contar lo que se viene en los mercados: bonos y acciones abajísimo, riesgo país alto y el dólar arrancando en un cruento 1.450. Todo termina de decorar la caída.
No anticipa octubre
Sin embargo, todo esto no es un “spoiler” de la elección nacional. El que crea eso puede equivocarse y mucho. El padrón bonaerense es de 14 millones de personas, un tercio del país. Sí, es cierto. Votó el 60% y difícilmente cambie masivamente su voto de acá al 26-O. O sea, si votó peronismo, votará peronismo. Pero ojo: es un voto históricamente peronista, como se sabe, y eso debe estar en el análisis.
Hubo excepciones, claro. Y en zonas les fue muy bien a los de LLA en 2023 y Vidal hasta se dio el lujo de ser gobernadora. Pero es un voto históricamente afín al PJ. Cuesta verlo como una muestra fiel del resto de Argentina. Basta recordar, por ejemplo, que de los 4 millones de votos que Alberto Fernández le sacó a Macri en la PASO 2019, un millón ochocientos mil votos (1.780.000; es decir, casi la mitad) le llegaron desde la Provincia. En el Conurbano, Alberto tocó picos del 66%. Una locura de apoyo. ¿Es eso trasladable a todos los otros distritos? Difícil. El peronismo tiene que seguir trabajando si quiere ser la primera opción también en las provincias.
Ahora Milei prometió barajar y dar de nuevo. Al menos en algunos espacios de su gabinete y de su forma de gestión. La gran disyuntiva, igual, la tendrá en lo económico. Está obligado a cambiar distintos aspectos, pero cualquier giro fuerte en su plan inicial –sobre todo si aparecen teñidos de demasiada discrecionalidad política post derrota y no de las normas del free market que siempre predicó– puede generar un efecto contrario: volver menos creíble a todo su programa.
Complejo. Muy complejo.
Además, tiene sólo 48 días para lograrlo.