En una semana vas a ser pobre.
Diagnósticos inútiles
Dentro de cinco días, si no cobras al menos cien mil pesos por mes, vas a mirar la línea de pobreza desde abajo.
(Si es que todavía no te está ocurriendo).
Y tal vez te preguntes: ¿Cómo carajo voy a ser pobre yo, si me levanto todos los días a las cinco de la mañana; me tomo el colectivo muerto de frío, vuelvo a mi casa cuando ya es de noche, no veo ni a mis hijos, y ni siquiera me doy un mísero gusto? ¿Cómo que voy a ser -o que ya soy- pobre?
¿Cómo voy a ser pobre yo, que me quemé las pestañas diez años estudiando para ser profesional?
¿Cómo voy a ser pobre yo, si hace poco festejé que por fin había conseguido laburo en blanco?
No estás solo.
17.653.121 argentinos están en la misma situación.
Y al verlo desde ese costado masivo, se crean preguntas similares pero orientadas a una respuesta colectiva.
¿Por qué nuestro país no puede salir de la inflación? ¿Por qué todas las herramientas que utilizan para combatirla parecen completamente inútiles?
Porque sus diagnósticos son inútiles.
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Debemos concluir - no sin amargura- que ninguno de nuestros dirigentes entendió el problema. Al menos a los de este siglo y a casi todos los del anterior, se les escapó la oportunidad de mostrarse resolutivos ante tamaño desafío. No saben salir del laberinto porque no entienden ni cómo entramos en él. No saben por qué habitación vamos. Algunos ni siquiera están convencidos de que exista en verdad una salida.
Pero los perdidos somos nosotros. Extraviados en esta trenza de pasillos.
Esta semana, Cristina Fernández de Kirchner analizó las causas que, para ella, generan más y menos inflación en el mundo. En el momento más técnico de su discurso, montado en un plenario de la CTA a propósito del 20 de junio, mostró cinco filminas en las que los números de Argentina se mezclaban con los de países del G20.
Cristina borró al déficit fiscal como uno de los causales inflacionarios. "Tenemos que entender por qué tenemos este fenómeno que es único en el mundo. Pero por el déficit fiscal no es" , aseveró, taxativa CFK.
Tal vez haya buscado contradecir a ciertos sectores de la oposición, que jibarizan la problemática a sólo dos conceptos: déficit y emisión. De cualquier manera; sea que desliga por completo al desequilibrio fiscal (como se desprende de su "por esto no es"), o sea porque sólo lo bajó del lugar preponderante en que lo ubican sus detractores (y también una parva de economistas a los que ni ella ni la Argentina le importan demasiado), sus propias diapositivas le jugaron en contra.
Es cierto que no es el único motivo, y que hasta en nuestro andar diario -nosotros, que no somos economistas- vemos los faros de la tan mentada multicausalidad. Pero, ¿borrar uno de los elementos? ¿Eliminar uno de los factores sólo porque en otros países no se repite el mismo parámetro?
No parece un análisis completamente riguroso. Y lo es menos si lo miramos con detenimiento.
Su propia imagen la contradice. En los últimos cinco años de su gestión, el déficit se fue haciendo cada vez más grande y la inflación lo acompañó siempre. No sólo tomando el Índice Congreso, que fue uno de los más utilizados cuando se impugnó la validez de las cifras arrojadas por el INDEC (barras azules), sino incluso tomando las mediciones oficiales. Más alto el déficit, más altos los precios.
Es decir, si lo que quería mostrar era que el desequilibrio económico no genera inflación; los propios datos de su gobierno, en las muestras que ella misma ofreció, la desmienten.
El problema de fondo son los diagnósticos.
Mauricio Macri prometió que en 2018 (es decir, en menos de mil días de gestión) lograría bajar el índice de precios a un dígito y reducir la pobreza a cero. Es más, hasta era su eslogan de campaña. Dijo que prácticamente cualquiera podía resolverlo y hasta anticipó que ni siquiera sería un problema para él.
- ¿Tiene alguna forma para solucionarlo? Porque parece difícil... - Le preguntó un cronista bahiense durante su visita a esa ciudad.
- Nooooo, qué va a ser difícil. No, no. En mi gestión, no va a ser un tema. La inflación es la demostración de tu incapacidad para gobernar.
Se fue, cuatro años después, con una inflación que hasta ese momento era récord desde la convertibilidad y con cerca de 15 millones de pobres, aumentando dicho índice en más del 4%. Es decir, ni lo llevó a cero, ni lo redujo, ni lo mantuvo.
Lo aumentó.
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Lo interesante es que, ya en 2019, dijo que persistiendo en aquel rumbo, la pobreza cero y la inflación de un dígito sí se lograrían, pero recién en diez años. Probablemente durante su presidencia, Macri cambió de postura, o de asesores, o de calculadora.
Y llegamos a este Gobierno. Alberto Fernández, a través de su ministro de Economía, prometió bajar la inflación a una tasa del 5% anual. Dijo que era completamente posible y más de uno se (nos) entusiasmó en que eso empezara a ser una salida y un ordenamiento para los números, sobre todo en un aspecto que es tan sensible a las clases vulnerables.
Bueno, la inflación no bajó en esas cifras, pero sí pasó a subir en ellas: un 5%.
Por mes.
Y con nosotros teniendo que ganar cien lucas para no ser pobres.
Todo es contradictorio. Dicen que saben, pero nunca lo demuestran.
Anuncian que va a pasar algo, pero ocurre prácticamente lo contrario.
Se venden como bomberos, pero terminan siendo pirómanos contra la Argentina.
Todavía no empieza julio, pero hay que agarrarse fuerte.
Porque aunque no demos más, este invierno recién empieza.
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