De parado /Con Jaime Correas

"Cornejo y yo somos obsesivos, pero él me gana y eso me estimula"

- Periodista, escritor, productor artesanal de licores y ahora ministro...¿ya le dieron el carnet de político?

-No creo, pero sería un honor.

-¿Se ve con futuro en esta última actividad o ya quedó vacunado?

-Tengo un presente político. Lo de la vacuna es una trampa del preguntador. Falso dilema. El futuro es siempre un enigma.

-El gremio docente lo escrachó en la calle, lo defenestró y lo catalogó de todo menos bonito. ¿Cómo lo sobrelleva? ¿Rivotril o caminatas?

-Camino mucho. Nunca tomé pastillas. Un escrache a un funcionario de la democracia habla más de quien lo hace que de quien lo recibe. Me han resultado indiferentes y a veces divertidos. Ingenuos.

- Sarmiento fue director de escuelas. También Bordón. ¿Pesan esos antecedentes?

-Claro, el Pilo es un amigo. Sarmiento es con San Martín y Belgrano uno de los padres de la Patria. Uno intenta no desentonar demasiado, Sarmiento es una vara inalcanzable. Inspirador.

- ¿La maquinaria estatal con la que se encontró es tan pesada e ineficiente como suele denunciarse?

-Sí y más. Pero tiene en su seno a servidores públicos que quiebran esa maldición. No son pocos. Hoy el Estado mendocino es mejor que hace tres años y todavía puede mejorar mucho.

- ¿Se acuerda de todos esos años en que usted tenía -por ser periodista- una actitud crítica contra los funcionarios? ¿Cómo se ha bancado estar parado ahora enfrente?

-No quejándome nunca de lo que la prensa publica o dice. Cada uno cumple su papel. Siempre intenté hacerlo bien, ahora como funcionario, antes como periodista.

-¿Por qué Cornejo se fijó en usted para confiarle la DGE? ¿Y cómo se ha llevado con un gobernador tan obsesivo en sus objetivos?

-Habría que preguntarle al gobernador por qué se fijó en mí. Quizás porque sabía que lo iba a acompañar con firmeza y entrega total en una tarea que iba a ser difícil. Me dio una gran enseñanza: “en política lo más difícil es decir que no”. Es difícil seguirle el ritmo a alguien que trabaja todos los días todo el día. Me he llevado bien, los dos somos obsesivos, él me gana y eso me estimula. No siempre vemos todo igual, pero debo admitir que suele tener razón él.

-La ciudadanía lo acompañó a usted en algo tan discutido como el ítem aula y sin embargo le paró el carro cuando usted quiso adelantar las clases a mediados de febrero...

-La ciudadanía ha acompañado nuestra gestión. No creo que me haya parado el carro. Un grupo grande y variado estuvo en contra y se los escuchó. Fue una oportunidad para comprobar que el gobernador tiene una ductilidad que no todos están dispuestos a reconocerle. Hoy una especialista en educación contó que su nieto empezó en Brasil las clases el 30 de enero y alguien del sistema, que se opuso a nuestra medida, le replicó si tiene aire acondicionado en la escuela. Le informó que no y que la mayoría tampoco lo tiene en su casa.

-Con el SUTE ha sido una batalla constante, pero ¿cómo se ha llevado con el peronismo?

-Con algunos bien y con otros mal. He tenido decepciones con dirigentes que conocía desde hace años. En la Legislatura han sido cordiales cuando hemos defendido el presupuesto. Cuando han hecho política con la educación le han dado la razón a Borges: son incorregibles. Para oponerse a una política nuestra presentaron una ley cuyo último artículo plantea que se titularice a todos los que ingresaron hasta diciembre de 2015. Y lo hicieron sin ponerse colorados. La demagogia le ha hecho mucho daño a la educación. Mal administraron fondos públicos durante años.

- ¿Es cierto que hay un núcleo duro entre los empleados de planta de la Casa de Gobierno que actúa como una máquina de impedir?

-Supongo que sí. Pero no pueden ser la excusa para no hacer las cosas. Siempre hay buenos empleados que hacen una gran tarea. Trato de manejarme con estos últimos.

-¿Va a convertir alguna vez en una novela todo lo que está viviendo en la política?

-Sería maravilloso. Materia sobra, quizás me falte talento literario para escribir una novela que no desmerezca lo que estoy viviendo o que lo refleje aunque sea pálidamente.

-¿Duerme tranquilo o tiene pesadillas con Henríquez del SUTE?

-Duermo como un bebé. Sebastián Henríquez es una buena persona, con visiones desde mi punto de vista profundamente equivocadas. Es rehén de una secta ideológica cuyo única misión es quejarse con argumentos falsos y transformando anécdotas en problemas universales. Por ejemplo cuando van a una escuela con una rotura y dicen que toda la infraestructura se cae a pedazos. Llevamos 650 edificios reparados. En la anterior gestión, el SUTE y el gobierno tenían una comisión “mixta” de infraestructura. Por eso nunca decían nada. Alguien me recomendó revivirla para evitar las críticas. Una vergüenza.

-¿Es cierto que alguna vez (antes de ser funcionario) usted dijo: "tengo la peor idea de los periodistas”?

-Es cierto. Pero usted sabe que esa frase fue citada incompleta, modificándole el sentido. Usted, como editor, no la hubiera publicado incompleta, con lo cual no habría quedado para la posteridad con su sentido erróneo. El medio donde se publicó no tenía editores tan buenos como usted. Nunca me quejé.

 -¿Qué es ser un mendocino típico?  ¿Usted lo es?

-Supongo que sí porque aunque quisiera no puedo dejar de ser mendocino. Nací acá, vivo acá y moriré acá, espero. Siento pasión por Mendoza, de allí mi compromiso y pasión en cada cosa que hago en la faz pública. ¿Cómo son los mendocinos no típicos? Como ve sigo teniendo el gen periodístico, no puedo dejar de preguntar.