Candidatos oficialistas en la playa y los opositores en campaña

El juego del verano, al menos el que se jugará la primera mitad de enero, está claro. Mientras los candidatos oficialistas eligieron descansar y dejar la campaña para después, los opositores y los aliados (pero no amigos) se pusieron a trabajar.

Parece ser más fácil sostener el poder, que conquistarlo. Y también está claro que la gran batalla se dará en las redes.

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Omar De Marchi, con un video en las redes, se lanzó este jueves como candidato a la gobernación por el PRO. Ni conferencia de prensa ni nada, video difundido a través de Twitter y a otra cosa, mariposa. Suficiente como para tantear reacciones, apoyos, enojos, insultos, aplausos.

Y la verdad es que el resto de los aspirantes, se fueron al mazo o, mejor dicho, a la playa.

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Rodolfo Suarez, el favorito de Alfredo Cornejo y de las encuestadoras, ya estaba en Chile cuando UNO le consultó sobre la acometida del lujanino. “Estoy en Chile, descanso familiar”, respondió, y se disculpó por no contestar diciendo que “estoy llegando y bajando las cosas”, mientras (seguramente) corría en ojotas hacia la playa.

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Mientras tanto el ministro de Economía, Martín Kerchner, se estaba yendo. “El ministro está oficialmente de licencia, igual que este humilde jefe de Prensa”, respondió el siempre solícito Facundo Sosa, y agregó: “Así que va a hacer imposible, hasta el 10 de enero, hacer algo con Martín”. Después de intercambiar los deseos de brillantes destinos para el año próximo, la búsqueda de opiniones se dirigió hacia las líneas peronistas.

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Claro, la rubia Anabel Fernández Sagasti fue la elegida. Y Anabel estaba, pero su actividad en el último día hábil fue una maratón de reuniones. Nadie lo dijo pero es fácil de suponer que fueron para buscar apoyos, avales, impulsos y otros vientos de popa que la ayuden a atracar en un mano a mano con Suarez.

“Estoy en reunión”, whatsapeó la kirchnerista. Su jefe de prensa, Mauro Sturman, también trató de gestionar alguna respuesta, pero debió disculparse con un par de “no me contesta”.

Así las cosas, De Marchi salió ileso. Pero quizás no sea tan bueno. La indiferencia es el peor resultado en la política.

Casi lo mismo que en el amor.