Dubitativa. Como enojada. Sin transmitir toda la seguridad con que la habíamos visto en otras ocasiones. Casi modosita.
En una columna anterior dijimos que así la habíamos visto a la izquierdista Noelia Barbeito en El Debate, que se vio por El Siete. Ese malestar tuvo algún tipo de explicación la noche del domingo 29 de setiembre cuando la candidata a gobernadora de la izquierda mendocina sólo logró el 3,5% de los votos. Ella se veía venir el bajón.
En estos tiempos en que las mujeres han tomado el centro de la escena con sus reclamos contra la violencia machista y por una igualdad real y concreta de derechos, llama la atención que una referente de esa lucha haya tenido tan pobre elección.
Objetivo: la Legislatura
Noelia había basado su campaña en el concepto de que la izquierda tenía que lograr fortaleza en la Legislatura. Pero ocurrió todo lo contrario: no sólo no aumentaron su presencia sino que perdieron dos de las escasas bancas con que contaban.
Fue una de las peores performances desde que el dirigente Nicolás Del Caño y la propia Noelia, entre otros dirigentes, reinstalaran la marca del FIT en Mendoza y lograran porcentajes en torno al 8% y al 10% de los votos.
Es casi imposible que la izquierda marxista obtenga alguna vez cargos ejecutivos, pero es muy bueno para el sistema democrático y republicano la tarea de control que un concejal o un legislador provincial de este sector pueda realizar.
Una chance perdida
Al provenir de estructuras partidarias chicas, sin grandes compromisos que los limiten, los representantes de la izquierda tienen más posibilidades de ejercer una libertad y una osadía que son muy necesarias a la hora de denunciar chanchullos y corruptelas que afectan al sistema.
Uno de los problemas serios de la izquierda tradicional, que padecen todos los cultos, es la enfermedad del dogma.
Y Noelia Barbeito no ha logrado salir de ese corset, máxime en esta ocasión en la que al ir por la gobernación, y saber de antemano que no tenía ninguna chance, podría haber jugado a desatarse un poco más la camisa de fuerza ideológica.
Ante ese panorama, no le hubiera venido nada mal, por ejemplo, el atrevimiento de imaginar una Mendoza adaptada a una nueva idea de izquierda, más abierta a los temas que van imponiendo la propia sociedad y los nuevos liderazgos que nos muestra el mundo. En cambio sólo escuchamos eslóganes apolillados.
La China que no es Suárez
En un mundo donde hasta un gigante comunista como la China se ha vuelto capitalista en lo económico para poder sacar de la pobreza y pasar a la clase media a "ese inmenso convento sin dios" que es dicha sociedad milenaria, lo de Noelia Barbeito suena aburrido, con telas de araña.
El resto de la revoluciones se han transformado en engendros religiosos, como el de Irán; o en dictaduras enmohecidas, como en Cuba; o en socialismos populistas vergonzosos, como el de Nicolás Maduro en Venezuela.
El facilismo y el maniqueísmo de Noelia deprimen las neuronas. Los empresarios son desalmados hasta la exageración. El Estado debe ocuparse de todo. Los servicios deben ser gratis. Y así sucesivamente. Un extremo cuento de hadas ideologizado que, como lo ha demostrado el mundo real, está destinado a implosionar una y otra vez.
