Hizo toda su carrera política en Junín y siempre vivió allí, en el lugar donde nació, salvo cuando estuvo en San Luis y Córdoba, estudiando. El radicalismo provincial lo fue a buscar varias veces para ser jefe de campaña y en esa función tuvo una efectividad del 100%. Ahora Mario Abed, este hombre que antes de fin de año cumplirá 56 años, será desde este lunes a la tarde el nuevo vicegobernador de Mendoza.
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Se llama Mario Enrique Abed y nació el 27 de diciembre de 1963. Cuando su madre Emma lo parió, la partera le anunció que su segundo machito pesaba contundentes cinco kilos y medio, bastante más que Miguel, el primogénito, que había nacido un año y medio antes y que también era grande pero mucho menos robusto. Ahora mide 1,90 y su peso ideal es de 120 kilos aunque, por momentos, ha rozado los 150. Pese a lo grandote es habilidoso en el básquet y en el fútbol. Es hincha de San Lorenzo de Almagro.
Por su tamaño, sus compañeros de deporte y militancia supieron buscarlo para refugiarse detrás de él en algún entrevero.
Su mamá Emma murió cuando él tenía 12 años y su padre Miguel Esteban esperó 6 años para formar una nueva pareja. Su hermano mayor, Miguel Alfredo, cubrió el espacio vacío y Marito (como le dicen los amigos) se lo agradece cada vez que puede.
Don Miguel Abed se volvió a casar. Elsa, que también era viuda, trajo con ella a otro “hermano”, Carlos Eloy, a quien el vicegobernador califica como “mi hermano del corazón”.
Siempre en escuelas de Junín, fue excelente alumno en la primaria y bueno en la secundaria.
Después quiso cumplir el mandato de su padre, que quería que tuviera un título universitario. El primer intento fue en San Luis, pero fracasó. Suele confesar que “estuve un año y ni siquiera pisé la facultad”, pero regresó a Junín y se lo confesó a su padre.
Se salvó de la colimba por número bajo: 004. Un tiempo después decidió probar otra vez seguir estudiando, ahora en Córdoba. Con la experiencia anterior, su padre resolvió que debería estudiar y trabajar. “Hice mil cosas”, suele contar.
Se recibió de técnico dental, pero el título fue solo para darle el gusto a don Miguel ya que en la universidad nació su verdadera vocación: la política.
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Dijo alguna vez, recordando aquellos años, en una entrevista con este periodista: “Me deslumbró Alfonsín. Yo iba también a los actos de Ítalo Luder. Ahí me comía todos los choripanes que podía y después me iba a militar para el radicalismo”.
De vuelta en Junín consiguió un trabajo en EMSE, la empresa distribuidora de energía eléctrica provincial, y siguió militando.
Fue candidato a intendente con apenas 28 años y perdió contra Dante Pellegrini y el menemismo. En el 99 entró como concejal y antes había sido secretario de organización en Luz y Fuerza. Y en el 2003 ganó la intendencia, cargo que conservaba hasta la actualidad, después de ganar con gran amplitud las elecciones siguientes.
Entre tanto, se casó con Cristina Mondello y tuvo a su única hija, Estefanía. Abed suele confesar que la política muchas veces lo ha obligado a “dejarles un portarretrato, para que no me olviden”. Y Estefanía y su yerno, Juan Pablo Barroso, le dieron a Nicolás, su primer nieto.
Siempre estuvo cerca de Julio Cobos, con el que entabló una relación de amistad más allá de la política. Esto le ha generado, en algunos momentos puntuales, tener algunos chispazos con sectores internos del radicalismo, incluso con Alfredo Cornejo.
La oratoria no es su virtud, aunque la ha mejorado notablemente a medida que fueron pasando los años, pero le sobra carisma. Todos coinciden en que su principal capital es no haber dejado nunca de tener contacto con sus vecinos. Siempre ha concurrido a festejos públicos y hasta privados y se trenza en largas charlas con quienes lo buscan.
Con esa misma capacidad para relacionarse, como jefe de campaña ha recorrido varias veces la provincia y es muy difícil que Abed no caiga bien entre la gente.
Es exigente con su equipo de trabajo pero, a la vez, jamás deja en banda a quien le ha sido fiel.
De mente abierta, siempre ha buscando personas con ideas innovadoras y las ha apoyado. Fue un buen administrador como jefe del Ejecutivo, pero suele decir que la tarea legislativa también es algo que le agrada.
Muchos dicen que, tarde o temprano, será gobernador.




