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El joven, de 20 años , da clases de confimación en la Sagrada Familia. Para su madre, Dios intervino para salvarlo en el accidente en el que murieron cinco de sus amigos. "Se salvó porque una chica iba sentada encima

Yael, el sobreviviente del choque de Guaymallén, "sabe que todos sus amigos murieron y siente culpa"

Alejandro Gameroagamero@diariouno.net.ar

Hace poco tiempo, Yael quería irse a vivir solo. Su madre, Sonia, le cuestionaba la idea y él retrucaba: “Mamá, yo quiero vivir la vida”.

Sin duda el deseo le ha sido concedido. Único y milagroso sobreviviente de la tragedia vial de Guaymallén en la que murieron otros cinco amigos (tres chicas y dos varones), Yael Argañaraz, 20 años, salió ayer de terapia intensiva y pasó a sala común. Sin fracturas, despierto y consciente, su estado anticipa una rápida recuperación física. Su supervivencia es algo que nadie se explica y que para su madre, Sonia Salomón, está mucho más allá de los caprichos del azar. –¿Por qué cree que está vivo?–Es un milagro. Mi hijo da confirmación desde hace cuatro años en la Sagrada Familia. Él quería irse a vivir solo y yo le decía: ‘¿Cómo vas a hacer, si sólo trabajas para Dios y no te paga?’, porque vivía para la parroquia. Y Dios le pagó, lo cubrió con su manto. Si ve el auto, el único lugar que quedó armado es el de mi hijo. Se salvó porque una chica iba sentada encima de él e hizo el mismo efecto que un airbag. Jonathan (Biasi), que iba al lado, no tuvo la misma suerte. –¿Cómo está ahora, sabe lo que pasó, habla de eso?–Está consciente, recuerda muchas cosas, no da detalles y sabe que sus cinco amigos fallecieron. –¿Ya se lo dijeron?–No, eso es lo sorprendente, nadie le ha dicho nada. No sé si cuando ha estado inconsciente ha escuchado algo en terapia pero lo sabe. –¿Pero cómo lo sabe?–Él me dice todo el tiempo, ‘o todos o ninguno’; me dice, ‘las chicas no toman agua, yo tampoco voy a tomar agua’; me manifiesta que tendría que estar muerto porque sus amigos lo están. –¿Se siente mal por estar vivo?–Sí, siente culpa aunque no iba conduciendo el auto y necesita ayuda psicológica urgente porque lo físico tarde o temprano se arregla. –¿Supo de dónde venían? –Estuvo en Wish (disco de San Martín y Barraquero de Ciudad) aunque yo creía que estaba en un cumpleaños a cuatro cuadras de casa. Se fue al boliche con Maxi Guerra (el conductor fallecido).

–¿Eran muy amigos?–Sí, pero a mí me preocupaba porque Maxi manejaba rápido. –¿Usted le reprochaba eso?–Yo tenía una disputa constante con Yael porque le decía, el Maxi sale escarbando (con el auto) de la puerta de casa y él me respondía, ‘no mamá, no sabés lo bien que maneja’. Y bueno, venían a fondo, y el pedal a fondo es un arma en la sien. –¿Vio a los padres de los chicos fallecidos?–Sí, los vi. –¿Y cómo fue ese encuentro cuando usted tiene a su hijo y ellos no?–Fue terrible –solloza– pero ellos se comportaron divino, me fueron a ver y a darme su apoyo. La mamá de Jonathan acaba de enterrar a su hijo y vino a verme al hospital. –¿Y qué les dijo? –Los miré a los ojos y los abracé. Sé lo que sienten. Yo perdí hace 20 años una bebé que tenía 6 meses y no hay palabra que calme, sólo el tiempo, la fe y poner esa frustración en el cariño a otras personas.

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