Por Leonardo Otamendi
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Este martes Jorge Barroso fue condenado a 26 años de prisión por el crimen de Micaela Tatti, de 12 años, asesinada de un disparo en el barrio La Gloria en marzo de 2012. Para llegar a esta sentencia fueron necesarias pruebas y testimonios, siendo claves dos de ellos: de los testigos protegidos de identidad reservada. Una mujer asumió esta figura y a partir de ese momento su vida se convirtió en un calvario.
Según contó la mujer, se enteró quien había asesinado a la niña por boca del mismo autor. Ella y su esposo querían comprar una moto en 2012. Un electricista que trabajaba en su casa escuchó y les dijo que su padre quería vender la suya. Entonces, le pidieron que querían ver el rodado.
Al día siguiente se presentó el hombre con la moto. Era Jorge Barroso. Les pidió por la Yamaha de color rojo $2.500. Claro, les pareció muy barata y preguntaron por el motivo del bajo precio. La respuesta dejó helado al matrimonio.
Barroso les contó que necesitaba urgente el dinero porque se quería ir de la provincia con su familia debido a que había matado a una niña. “Muy suelto de cuerpo nos contó que tenía que dar vuelta al tío (de Micaela) pero el muy puto, así lo llamó, agarró a la nena y la puso adelante. Y bueno… ‘la reventé’ dijo este delincuente”, recordó la mujer.
Al enterarse de semejante revelación comenzó a buscar el modo de hacerle llegar lo que sabía a la Justicia pero también mantener el anonimato. Así logró dar con el Programa de Testigo Protegido. La mudaron de vivienda, finalmente le pagaron la recompensa pero su vida ya no es la misma.
“No es por la plata porque yo gano bien y tengo dos pensiones desde que enviudé, pero necesito seguridad. Me enviaron a un departamento lleno de cucarachas, donde ya todos saben que soy testigo en el caso Tatti, porque allí viven otros testigos y algunos son del barrio La Gloria. Han ido a mi casa y me han sacado fotos de la entrada, han amenazado a mi hija de muerte y lo hemos denunciado. Tengo miedo por mis hijos y por mi”, reflexionó.
La mujer quiere dejar el programa pero ya su vida no es la misma. Necesita salir de ahí e irse a vivir a otro lugar. Según ella, necesita un “primer empujón. Que me ayuden a alquilar una casa en el Este o en el Sur, durante unos meses y listo, yo sigo solo, siempre trabajé… pero arrancar así de la nada, no puedo”.
Además, explicó que tiene un policía en su casa las 24 horas. “Pero este efectivo tiene tres meses como policía; pobre, es divino, muy bueno, pero el Ministerio de Seguridad no me ha brindado las garantías suficientes”, criticó la testigo.
Ella se presentó a los medios para presionar a las autoridades judiciales y de Gobierno. No escondió este fin. Aunque tenía otro motivo para hacer público su reclamo: “Nos dijeron que cuando terminara el juicio nos iban a dar vuelta a todos. Creo que esta noche nos puede pasar algo y por eso quiero dejar este testimonio. Ojalá que no suceda nada malo y el Programa de Testigo Protegido mejore”, finalizó.
