La víctima, un estudiante de 25 años, tomó el coche a la salida de un pub de Arístides Villanueva. Según su declaración, el chofer le compró una gaseosa de cola, luego lo tomó del cuello y obligó a realizarle una práctica ultrajante. Después lo llev

Un joven denunció que un taxista lo abusó durante un viaje en Capital

Por UNO

Por Leonardo Otamendi

La denuncia por abuso sexual agravado de un joven en una sede judicial de la capital mendocina tiene muchos huecos, sobre todo para la identificación del agresor. La víctima no recuerda el aditamento del coche del taxista que lo abusó ni tampoco el lugar donde ocurrió la humillante situación.

El denunciante tiene 25 años y es estudiante universitario. En la madrugada de este viernes fue al pub Por Acá, ubicado en calle Arístides Villanueva. Salió alrededor de las 5 y tomó un taxi en la puerta del local, según relató ante la Justicia.

Le pidió al conductor que lo llevase a su casa, en la calle San Martín, de Capital. El taxista encendió el reloj tarifador e inició el viaje. Todo parecía normal.

A los pocos metros de andar, el taxista, de unos 35 años, le dijo al pasajero que pase al asiento delantero y éste aceptó. Detuvo el auto y el estudiante se sentó al lado de chofer.

Siempre siguiendo el relato del joven, el trabajador del volante se detuvo en una estación de servicio, entró al minimarket y salió con una Coca~Cola. La gaseosa no era para él, era para su pasajero.

El estudiante aceptó el refresco, pues había estado en un pub y posiblemente tenía sed. Por lo tanto, comenzó a beber, directamente de la botella.

El viaje continuó e inesperadamente el conductor detuvo el vehículo. Y le dijo al joven: “Ahora me tenés que hacer esto sí o sí”. Fueron estas las palabras, según consta en el expediente judicial; no hubo ninguna referencia explícita.

El pasajero no sabía qué le quería decir el taxista, hasta que observó que éste se había bajado el pantalón. Fue en ese momento en que el conductor tomó del cuello al joven y lo obligó a agacharse.

En su denuncia contó que mientras el agresor estaba sentado en el asiento le sostenía con mucha fuerza por la nunca y no pudo salirse. Recién lo logró una vez que el chofer finalizó.

El joven no salió corriendo ni su atacante lo hizo descender el rodado. Por el contrario, lo acercó hasta su casa. Lo trasladó hasta calle 9 de Julio, frente a la Plaza España y allí lo abandonó.

Al dejar la víctima el taxi, llamó a una amiga y juntos fueron hacia la sede judicial que funciona en la Comisaría Tercera para hacer la denuncia. Pero en este lugar le indicaron que debía ir hasta la Oficina Fiscal Nº 2, en el barrio Cano, porque el delito podría haber sucedido en jurisdicción de esa dependencia.

No obstante, aunque aquí le tomaron la denuncia, el estudiante sólo pudo precisar dónde abordó el coche de alquiler. No recuerda el aditamento del taxi, no sabe en qué estación de servicio se detuvo a comprar el atacante la gaseosa y tampoco podría identificar en qué lugar fue abusado. Sólo pudo decir que el ultraje ocurrió en un lugar en el que había una construcción.

Al respecto, los pesquisas pocos datos tienen para buscar al chofer que, según el joven, es un abusador.