“Temo no estar viva para ver algo de justicia por mi hija”
Javier Martínmartin.javier@diariouno.net.ar
Doce años de tener atravesada la espina del dolor de perder a una hija en un crimen brutal doblegan a cualquiera. Pero Nuri Ribotta (68) no es una más: su lucha para que la balanza de la Justicia se incline hacia su lado es titánica.Actualmente su acción se centra en lograr que la Corte provincial defina el futuro de la causa con la resolución de los dos recursos de casación que desde el año pasado están radicados en el máximo organismo de Justicia mendocino. Ya fueron admitidos en lo formal.
Lamentablemente el tiempo pasa no sólo para la causa, sino para ella misma también. Teme que si la Justicia sigue tardando, ella no esté viva para seguir levantando esa bandera y pidiendo que se hagan de nuevo los juicios por el crimen de su hija Paula Toledo, en San Rafael.El juicio por el crimen tuvo dos episodios. El primero dejó libres (en el 2006) a tres de los cuatro acusados por el beneficio de la duda y al otro directamente no lo acusaron y fue absuelto. En el segundo (en 2011) el único acusado (que no estaba en el primer juicio) también fue absuelto, y entonces la impotencia se apoderó de la madre.Todo eso luego fue anulado por un fallo de la Corte mendocina y desde el año pasado dos recursos (admitidos en lo formal) están a la espera de una resolución. La defensa aguarda que se ordene hacer de nuevo los juicios o que directamente condene. “Tenemos esperanza en la Corte”, señaló el abogado Arturo Juri, representante de Nuri Ribotta.En quien lo legal queda a un lado ante la fuerza del dolor y la justicia de su reclamo es en Nuri, que dice: “Veo que pasa el tiempo y nada. Hablar de Paula para mí es muy emocionante porque era una chica muy dulce, cariñosa”.Sin que le pregunten cuenta cómo era Poli, lo que le gustaba y sus costumbres. “El arte era lo que ella amaba, decía que se iba a poner un atelier. Ella cuando no tenía un lápiz en la mano era sólo cuando comía, era fanática de Los Redondos, tenía pasión por el Indio Solari y dormía con una foto suya al lado de la cama”.Con la emoción que quiebra la voz, esta madre luchadora cuenta que “me levanto y me acuesto con la imagen de ella, ya tengo muchos años encima y me pesan. Tengo 68 años, poco me queda para los 70 y no creo que llegue, tengo varias enfermedades, algunas son autoinmunes debido a todo lo que he pasado. Temo que esto se siga demorando y ya no estar viva para ver algo de justicia por mi hija”.El deseo que la mueve, aclara la incansable luchadora, no es la venganza, sólo es la justicia y que el crimen, uno de los más resonantes de este siglo en San Rafael, tenga a los culpables en un nuevo juicio.“A veces la gente dice que uno tiene rencor, no es así, es justicia para ver que quienes le hicieron tanto daño, no sé por qué, paguen. Fue una muerte brutal, le desfiguraron el rostro”, rememoró.Mientras en octubre se cumplirán doce años de este asesinato brutal, los dibujos que hacía Poli permanecen con los ojos abiertos. Aún no los pueden cerrar.Un crimen atroz Paula fue violada y asesinada el 31 de octubre de 2003 en el barrio El Sosneado, donde vivía.Su cuerpo apareció en un descampado a la mañana siguiente.Tenía cortes, quemaduras e incluso le habían introducido objetos en su cuerpo.