Johana Chacón desapareció hace siete años, el 4 de septiembre de 2012, cuando regresó del colegio a la finca en la que vivía en la localidad Tres de Mayo, de Lavalle, donde su cuñado, Mariano Luque la asesinó e hizo desaparecer su cuerpo, y por lo que finalmente fue condenado.

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“El dolor no pasa, siempre está. Es terrible si te ponés a pensar todo lo que le pasó a Johana desde que nació, y con un final como el que tuvo”, sostuvo Silvia Minoli, directora de la escuela a la que iba adolescente, y quien hizo visible su búsqueda y pedido de justicia.

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Creo que se hizo todo lo posible, no así la Justicia, pero sí desde la comunidad que rodeaba a Johana. Se hizo todo lo posible por saber la verdad y después tuvimos la posibilidad de caer en manos de abogados comprometidos como Fernando Peñaloza, Viviana Beigel, Pablo Salinas y con un fiscal que la verdad me saco el sombrero, Alejandro Iturbide”, expresó la docente ya retirada.

En diciembre del 2018, Mariano Luque, el principal sospechoso que siempre tuvo este hecho, fue finalmente condenado a 24 años por la desaparición y muerte de Joahana.

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Antes, había sido también condenado por la desaparición y asesinato de Soledad Olivera, una mujer de la comunidad de Tres de Mayo a quien no se la vio más luego de un encuentro que tuvo con Luque en 2010.

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“La condena de Mariano Luque no nos devuelve a Johana, pero sí nos da la paz de saber que no va a pasar lo mismo con otra chica como ya lo había hecho con Soledad Olivera y pasó inadvertido. Lo hizo con Johana y nos costaron 6 años para llegar a la verdad, y a que lo condenaran”, dijo Silvia a Diario UNO.

Enseñanza

Luego de este tremendo hecho, Johana dejó un gran aprendizaje: “Nos queda pensar que en las escuelas se va a trabajar con los niños, niñas, adolescentes y también los adultos de las escuelas nocturnas, para que esto se advierta tempranamente y que se trabaje con las familias, con toda la población escolar para que esto no suceda más”.

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“Creo que Johana nos ayudó a tomar consciencia de todo lo que nos falta y que tenemos que conseguir”, aseguró Minoli y dijo que “tiene que tener mucha más presencia el Estado, los y las docentes hacen, en muchos casos, todo lo que pueden. En otros no tanto, porque el sistema está hecho de tal forma que pesen más los contenidos que por ahí la problemática social”.

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Para Silvia la enseñanza de contenidos y la realidad social de cada alumno deben ir de la mano: “Un chico no puede aprender si tiene hambre, un chico no puede aprender si es abusado. Todo esto tendría que llevarnos para una mayor contención que estaría dado por un gabinete psicopedagógico que no sea para 20 escuelas, sino para un número más reducido de escuelas”.

“El dolor va a estar siempre de por qué Johana no nos contó. Indudablemente estaba bajo amenaza y eso es lo que hay que tratar de preservar en los niños y en las niñas, que no sientan en temor, tenemos que tener herramientas para que no sientan temor y ahí viene la capacitación imprescindible de los docentes en temas de género, de violencia”.

Cambio de vida

Quizá Silvia Minoli jamás pensó que alguna vez en su vida iba a ser la voz de la lucha por una joven desaparecida, y esto tuvo consecuencias en su vida. “Yo tuve una aneurisma cerebral, se reventó una arteria en mi cabeza, y si bien hay otros factores que pudieron haber incidido, yo creo que mi cabeza estalló porque no podía más”.

“Yo estaba como obsesionada con este tema y creo que eso y tanta voluntad, llevó a que me atendieran, se abrieran puertas, se investigara más profundamente, se comprometiera mucha gente, mucha gente estuvo al lado mío. Organizaciones, particulares, amigos y amigas de la vida que hicieron todo el esfuerzo y también dejaron cosas de su vida por esta causa”, contó.

Más allá de la condena a Luque, Silvia expresó: “No siento paz. Siento que, tratando de consolarme, hice todo lo que pude. Tal vez lo pude haber hecho mejor, pero nadie me enseñó, fui aprendiendo en el camino y me parece que todos aprendimos con esta historia porque, desde el Gobierno Escolar probablemente, si hay alguna situación similar actúen de mejor forma de la que actuaron los que estaban en ese momento con nosotros”.

Crimen de Johana

Después de seis años de encontrar y saber qué fue lo que pasó con Johana esa tarde del 4 de septiembre de 2012, fue finalmente su hermana Beatriz quien confesó el asesinato de la adolescente.

Luego de tantos años de haber estado sometida ella también a las amenazas de Mariano Luque, y su padrastro Luis Curallanca, ya que vivía en la finca de ellos, Beatriz haber visto con sus propios ojos cuando su ex pareja ahorcó a su hermana.

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Ella estaba con un embarazo de riesgo de gemelos, por lo que estaba en cama. Johana llegó del colegio, y le pidió a su Beatriz que la ayudara con la tarea, y se quedó en la cocina, que estaba a muy pocos metros de la habitación.

En ese momento entró Mariano, y con una soga la ahorcó hasta que Johana no tuvo más reacción. Luego, Luque cargó su cuerpo en una carretilla y la llevó hasta el fondo de la finca, donde habría quemado su cuerpo para hacerlo desaparecer.

Las hipótesis de por qué hizo esto rondaron en que abusaba sexualmente de Joahana, o que la niña sabía algo sobre la desaparición de Soledad olivera, lo que comprometía por completo a Luque.

De cualquiera de las dos maneras, los investigadores no tuvieron nunca dudas que Johana estaba sometida a amenazas para que no contara “lo que no debía”.

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