Los médicos Carlos Gassibe y Gustavo Arzuza deberán cumplir efectivamente su condena de 4 años y 6 meses por la muerte del paciente Roberto del Barco, ocurrida en julio de 2013. Fueron condenados en 2017, pero ahora la Suprema Corte lo confirmó y ordenó el cumplimiento de la pena.
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Gustavo Arzuza estaba con prisión domiciliaria mientras enfrentaba otro juicio por la muerte de Isabel Gattari, una semana después de una cirugía en diciembre 2016, por lesiones a otra mujer y por estafas a OSEP.
Mientras tanto, su fiel compañero Carlos Gassibe estaba en libertad, debido a que la condena de 4 años y medio impuesta en 2017 no estaba firme, y su defensor Martín Ríos apeló hasta la última instancia para revertir este fallo.
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Finalmente, en abril de este año la Suprema Corte confirmó la condena, pero el abogado Ríos apeló y llevó la causa a la Corte de la Nación. A pesar de esta demora, la Justicia mendocina indicó que mientras tanto los galenos deben cumplir su pena.
Gassibe, de 61 años, tiene artritis reumatoide y problemas renales, se descompensó cuando los policías de la Unidad Investigativa de Godoy Cruz llegaron a su casa para llevarlo directo al penal.
Como consecuencia, tuvo que ser internado en el Hospital Central, y su abogado ahora pelea para conseguir una prisión domiciliaria, alegando su deteriorado estado de salud que se complicaría tras las rejas.
La relación de los galenos
No quedan dudas que entre Arzuza y Gassibe había una gran complicidad y amistad.
Arzuza vivía en el edificio de arriba de donde estaba la clínica. Una mañana Gassibe llegó para hacerle curaciones en su pene, debido a que se había hecho una cirugía la cual no había salido bien, y sufría severas complicaciones, como gangrena.
Pero lo encontró en tan mal estado y lo trasladó al Hospital Lagomaggiore, donde ingresó minutos antes de sufrir un paro cardíaco que lo dejó 15 días en terapia intensiva.
Caso Roberto del Barco
El paciente de 45 años y Gustavo Arzuza se conocían debido a que sus hijas iban al mismo colegio.
Según relató la viuda Adriana Alcará, en reuniones que tenían los padres del colegio, Arzuza le decía a Del Barco que estaba gordo y le recomendaba “sacarse la panza” para tener otra calidad de vida. “Estas gordo y si te operás te vas a sentir mejor. Es como sacar una muela, no te va a pasar nada”.
Y de esa manera lo convenció para que el 15 de julio de 2013 se hiciera una liposucción en la Clínica Excéllar, ubicada en calle Pedro Molina al 500, de Capital, cuyo dueño era su colega Carlos Gassibe.
Del Barco murió cuando le pusieron la anestesia, administrada por ellos mismos, sin la presencia de algún anestesista.
Durante el juicio en 2017 se supo que la clínica no estaba habilitada para este tipo de prácticas, que no tenían la aparatología para monitorear a un paciente sometido a una cirugía de este tipo y que no había ningún anestesista.
