Crimen en Pilar

María Marta García Belsunce: la seguridad del Carmel vigilaba a Nicolás Pachelo

Un empleado que trabajaba en la empresa de vigilancia del Country Carmel, de Pilar, donde fue asesinada en 2002 María Marta García Belsunce, afirmó que había un seguimiento a Nicolás Pachelo y su mujer
Por UNO

La empresa de vigilancia del country Carmel de Pilar, donde en octubre del 2002 de produjo el crimen de María Marta García Belsunce, había asignado las semanas previas al crimen a un vigilador para realizar un seguimiento especial sobre los movimientos del vecino Nicolás Pachelo y de su entonces esposa, a quienes apodaban "Romeo y Julieta", ante las sospechas que recaían sobre él por robos en el predio.

El dato sobre el seguimiento al que denominaban "sombra", fue revelado este miércoles por el testigo Carlos Alberto Villalba, un hombre que actualmente es albañil pero que en el 2002 trabajaba como vigilador privado y cumplió funciones en el Carmel durante 20 días del mes de octubre de ese año, pero que no estuvo presente el día del crimen de María Marta.

"A Pachelo lo conozco como Romeo", dijo Villalba ante el Tribunal Oral Criminal (TOC) 4 de San Isidro, tras asegurar que si bien estaba asignado a la seguridad en el country "Campo Chico", en octubre del 2002 lo cambiaron al Carmel y le asignaron "el puesto 4, entre las 6 y las 18".

"Mi trabajo era vigilar a Romeo y a Julieta, que eran Pachelo y su señora" (Inés Dávalos), dijo Villalba, un hombre con problemas de visión en ambos ojos que aclaró que en el momento del hecho apenas "podía ver un bulto" y era imposible distinguir a las personas.

"Yo tenia que modular cuando se movían en el auto, pero como tengo problema en la vista, veía un bulto que era el auto rojo y modulaba que se movía. Solo sobre Pachelo y su mujer se hacia la vigilancia", explicó el entonces vigilador, quien aclaró que nunca le dijeron por qué motivo tenía que cumplir esa función.

Según el hombre, "una vez que Pachelo y su esposa se retiraban de la casa del country, me podía ir a mi casilla en el puesto 4".

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María Marta García Belsunce fue asesinada en octubre de 2002 en su casa del country Carmel, en Pilar, y el principal imputado es Nicolás Pachelo

María Marta García Belsunce fue asesinada en octubre de 2002 en su casa del country Carmel, en Pilar, y el principal imputado es Nicolás Pachelo

De acuerdo a la investigación, el seguimiento a Pachelo había sido solicitado por las autoridades del Carmel a la empresa de seguridad del barrio como consecuencia de las denuncias por los robos de palos de golf en distintas casas.

Sin embargo, el 27 de octubre de ese año, justo el día del crimen de María Marta, el vigilador no estuvo cumpliendo su rol de "sombra" de Pachelo, porque le pidieron que fuera a otro country, aunque no recordó en el juicio quién fue la persona que le ordenó la modificación de su lugar de trabajo.

El principal encubridor

Un vecino del country Carmel de Pilar, criticó la investigación del primer fiscal del caso, Diego Molina Pico, al asegurar que tenía "una vocación por rehuir de todo lo que involucrara a Nicolás Pachelo" y que fue "el principal encubridor", y afirmó que al ahora imputado "los vecinos le tenían pánico".

Se trata de Alejandro Aráoz Castex, quien vivió en el Carmel entre 1991 y el 2003 y conformaba la Comisión de Seguridad del barrio cuando ocurrió el crimen de María Marta, el 27 de octubre del 2002.

En su declaración ante el Tribunal Oral en lo Criminal 4 (TOC) de San Isidro, el testigo criticó duramente la pesquisa llevada adelante por Molina Pico, de quien dijo que tuvo "premeditación" para evitar investigar a Pachelo y al que acusó de no haber querido tomarle declaración testimonial a los tres menores de edad que se cruzaron con el vecino imputado momentos antes del crimen de María Marta.

"El impacto del relato de los hijos de estos vecinos creí que era para que lo supiera Molina Pico. Lo llamé un sábado, primero nos dijo que no, le dijimos que era una circunstancia importante para que supiera, que la fiscalía no podía dejar de saber ese dato. A regañadientes aceptó y nos citó en el departamento dónde vivía. Le relatamos con precisión y nos llamó la atención que lo tomó como una mala noticia", dijo el testigo.

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Diego Molina Pico fue el primer fiscal que tuvo la causa, y fue criticado por un vecino del Carmel por el mal manejo de la investigación de la muerte de María Marta

Diego Molina Pico fue el primer fiscal que tuvo la causa, y fue criticado por un vecino del Carmel por el mal manejo de la investigación de la muerte de María Marta

Aráoz Castex agregó que Molina Pico les respondió: "No veo que esto sea tan trascendente y no sé si los voy a llamar a declarar porque son menores de edad”.

"Pachelo fue la persona que estuvo más cerca del lugar del asesinato y del momento del hecho", agregó el testigo, quien también brindó detalles sobre el supuesto robo del cofre en la casa de María Marta con una chequera, cuya denuncia "el fiscal no quiso incluir en el expediente".

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"Ahí confirmé una vez mas que había una vocación por rehuir todo lo que involucrara a Nicolás Pachelo", dijo el hombre, actualmente abogado, quien explicó que durante esa época en el barrio existieron "robos, amenazas y extorsión" que apuntaban a Pachelo.

"La constancia más efectiva de que Pachelo y los vigiladores cometían los robos fue cuando se llevaron tres bolsas de palos de golf y que luego fueron encontrados en el drive de Costanera Norte", afirmó Aráoz Castex, tras lo cual agregó: “Todos estábamos atemorizados”.

En un tramo de su declaración, el testigo insistió en que mantuvo "una fuerte discusión a los gritos con Molina Pico, porque no quiso sumar a la causa información que se recopiló sobre Pachelo".

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"Puedo entender el error inicial de Molina Pico, pero todos los demás son actos premeditados para evitar investigar lo que no quería. No tiene perdón de Dios. Fue una investigación inconducente, guiada por una persona dispuesta a entorpecerla y encubrirla. Y lo logró, pasaron 20 años y lo logró", sentenció.

Finalmente, Aráoz Castex apuntó contra Pachelo, al asegurar que "los vecinos le tenían pánico, y después del crimen, era redoblado ese pánico. No se sabía qué podía hacerle a los socios".