Enrique Pfaabepfaab@diariouno.net.ar
Lo dijo el juez Salvador Arnal, quien en 1991 redactó la condena a Pedro Fernández a reclusión perpetua por un asesinato y violaciones de chicos. Se mostró en desacuerdo con la rebaja de pena.
“Los psicópatas no se recuperan”
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La pena de Fernández fue conmutada por el gobernador Arturo Lafalla el 21 de mayo de 1999, por decreto 822, rebajó la sentencia y la pasó de reclusión a prisión, lo que le permitió en junio de 2010 solicitar salidas transitorias, que el juez de ejecución penal le concedió desde junio de ese año.
El pronóstico no era bueno
“No estoy de acuerdo con la conmutación”, dijo el juez Arnal al ser consultado de las atribuciones que tiene el gobernador, y en el caso particular de Fernández sostuvo que el reo “no tenía buen pronóstico” y que “es un psicópata y éstos no se recuperan”.“El Ejecutivo ni consulta”
El camarista ya pidió el expediente para poder revisarlo íntegramente y ver si se ha cumplido con todos los requerimientos como para que Fernández estuviera en fase de confianza. “El lunes (por mañana) lo miraré detenidamente”, aseguró. “Cuando el Poder Ejecutivo toma esta decisiones ni siquiera las consulta con el tribunal que analizó la causa y dictó sentencia y muchas veces no tiene un conocimiento profundo de los hechos por los que se dictó la condena y la personalidad del reo”, sostuvo.En tanto agregó que las conmutaciones e indultos “eran atribuciones que antes los gobernadores y presidentes utilizaban con mucha frecuencia. La presión social de estos tiempos ha hecho que los gobernantes sean mucho más cuidadosos”.
Arnal recordó que apenas aplicada la condena, Fernández fue trasladado al penal de máxima seguridad de Neuquén y luego regresó a la provincia.
Después, un pedido realizado por el reo al gobernador Lafalla prosperó impensadamente y le dio la esperanza de la libertad.
El juez entrevistado es conocido por su equilibrio al merituar las penas a dar y no es extremadamente duro cuando las aplica. Sin embargo en el caso Fernández consideró que sus crímenes y su personalidad no merecían otro castigo que la de reclusión perpetua.
Para obtener algún beneficio el recluso debe solicitarlo por escrito y este debe ser analizado por un organismo técnico criminológico.
Allí se debe analizar el delito por el que fue condenado, el comportamiento que ha tenido el reo y su perfil psiquiátrico pensando en cómo se comportaría en caso de volver a la vida social aunque sea de manera paulatina. Los gobernantes, muchas veces prescindiendo de los resultados de estos estudios, utilizaban “El perdón del príncipe”, como lo llaman algunos hombres de derecho, especialmente en las fiestas pascuales y en Navidad. Esta es una práctica que han ejercido desde los reyes hasta la actualidad